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Conversaciones de paz y realineamientos políticos

  Alejo Vargas Velásquez
  Profesor titular Universidad Nacional,
Coordinador Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa
   
 

El Gobierno del presidente Santos ha intentado que la agenda de las conversaciones de La Habana con las FARC no determinara la agenda política nacional; pero como era previsible, está sucediendo eso justamente, primero, por la centralidad que para un país en conflicto interno armado hace medio siglo tiene la búsqueda de su superación y segundo, por la polarización que ha estimulado el sector de derecha política próximo al ex presidente Uribe –minoritario pero muy poderoso- oponiendo salidas guerreristas a eventuales acuerdos concertados. Y un primer impacto en ese sentido de produce en términos de un progresivo realineamiento político de las distintas fuerzas y movimientos políticos.

Haciendo la salvedad que de ahora al momento electoral, todavía falta mucho tiempo y pueden darse muchos cambios, sin embargo podemos hacer una primera radiografía acerca de cómo están posicionadas las fuerzas políticas.

En el ala derecha se encuentra el sector arribista, que liderado por el ex presidente y algunos de sus antiguos colaboradores, tiene una posición clara de corte guerrerista y por lo tanto contraria al proceso de conversaciones con la guerrilla de las FARC, sin embargo por momentos tratan de matizar sus posiciones –buscando ganar sectores de la opinión no tan radicales como ellos, pero con poca información sobre el tema- diciendo que no son enemigos de la paz, pero conciben una supuesta solución concertada del enfrentamiento armado como un ‘sometimiento a la justicia  o claudicación de los guerrilleros’. Este sector, aunque por el momento es minoritario, es muy activo y especialmente ‘ruidoso’ en expresar sus críticas y tiene un gran eco en los medios masivos de comunicación.

Este sector, electoralmente pareciera estar sobrevalorado –especialmente por los medios de comunicación-, en la medida en que en el pasado su líder tuvo amplias votaciones –con apoyo de maquinarias partidistas, por supuesto- se le atribuyen resultados para Congreso que parecen ser más sueños que realidades.  Recuerden que los votos y los ascendientes políticos no son fáciles de transferir a otros. En las presidenciales sí parece que las posibilidades de éxito de este sector son inexistentes.

Apoyando claramente el proceso de conversaciones se encuentra en el centro político, la mayoría de la coalición de la ‘Unidad Nacional’ que soporta políticamente al gobierno del Presidente Santos, aunque en casi todos los partidos, pero especialmente en el Conservador y en el Partido de la U, hay algunos congresistas –que tienen sus afectos más cercanos al uribismo- que critican las conversaciones, pero estos partidos se mantendrán con un apoyo ‘tibio’ como se ha venido dando hasta ahora. En las próximas elecciones de Congreso es probable que cada uno de los partidos de la coalición jugara a tener el mayor resultado, pero difícilmente vayan con listas unificadas. Sin embargo, en las elecciones presidenciales, con una u otra golondrina que migre hacia el uribismo, el bloque mayoritario apoyara una eventual re-elección del Presidente Santos, por las mismas razones que apoyaron en el pasado la re-elección de Uribe: la participación en el gobierno –léase, puestos e incidencia en el gasto público.

Uno de los déficits que tiene el proceso de conversaciones de La Habana es que los críticos y adversarios del mismo lo hacen con ruido y abiertamente –aunque sean minoritarios-, mientras que los partidarios tienden a tener apoyos tímidos y vergonzantes; los miembros de la coalición de gobierno porque consideran que apoyando mucho al proceso de conversaciones terminen subiéndole el perfil a las FARC y en varios sectores de las izquierdas pareciera suceder lo mismo, consideran que darle fuerza y apoyo al proceso es en últimas fortalecer al gobierno y eso para las izquierdas tradicionales, que no conciben la posibilidad de alianzas amplias como algo normal de la táctica política, es visto como una herejía.

En el amplio campo de la izquierda –aunque siguen habiendo dirigentes que se consideran los dueños de la razón social ‘izquierda’- y donde están movimientos políticos emergentes como Marcha Patriótica y Congreso de los Pueblos, Progresistas o Pido la Palabra, al lado de la oposición institucional del Polo Democrático Alternativo, en general hay un apoyo tibio en la mayoría de ellos al proceso de conversaciones entre el Gobierno y las FARC, pero siguen estando atravesados por una serie de tensiones que son derivadas del pasado y del presente y que repercutirán en el futuro; entre ellas están la tendencia hegemonistas de algunas tradiciones de la izquierda que tienden a expresarse en términos de mayor preocupación por controlar los aparatos partidistas para luego invocar el ‘centralismo democrático’ e imponer orientaciones o directrices; también la incapacidad de pensar coaliciones amplias con sectores del centro político y por supuesto la idea de que es mejor ser ‘cabeza de ratón que cola de león’ y en esa medida mantenerse en condiciones de oposiciones eternas.

Todo esto juega, tanto en el apoyo abierto y claro al proceso de conversaciones como en la posibilidad de que se puedan construir convergencias, coincidencias o frentes amplios en función del próximo debate electoral, teniendo claro que se trata inicialmente de eso de alianzas electorales que en el mediano plazo podrían llevar a mayores identidades políticas.

Edición N° 00337 – Semana del 1º al 7 de Febrero de 2013
 
 
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