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Natacha Reyes y “los 60 sin rock” en Ecuador

  Miguel Angel Herrera Zgaib
  Profesor Asociado, Director Grupo Presidencialismo y Participación
   
 

Apuntes para la historia de los grupos y clases subalternas

Ya había hecho comentarios hace unos meses sobre este libro de 359 páginas, escrito por la hija del líder del PCML (E), Milton Reyes, asesinado, y cuya muerte hasta el día de hoy espera su esclarecimiento. Una tarea que está a cargo de la presidencia de Rafael Correa, y los poderes públicas, o quien lo suceda este año.

La autora, Natacha Reyes Salazar, dedicó el escrito autobiográfico y de semblanza del padre desaparecido “A Rafael Correa, por la promesa”. Y debajo incluyó la siguiente dedicatoria: “A Patricio Rivas, Andrés Pascal, Marco Aurelio García, Rafael Follonier, esos otros jóvenes de los 60 que aún luchan por un mundo justo, y a los que vienen detrás”.

Llueven claveles rojos en Quito

Así empieza Natacha su confesión y conversación con los recuerdos insepultos de su padre: “Ya no era abril, ni llovía a cántaros cuando fui por primera vez allí donde lo enterraron”.

La escena es la Universidad Central, en Quito, un lugar que visitamos durante la realización del II Seminario Internacional A. Gramsci, con una delegación de jóvenes de la Nacho, quienes viajaron por tierra, en una extenuante jornada de un día.

Allí en el patio central de la Facultad de Jurisprudencia, ciencias políticas y sociales está levantada una estatua, de cuerpo entero que honra la memoria de Milton Puentes, con un modesto jardín a su alrededor.

Entonces pregunté al maestro Francisco Hidalgo, antes de iniciar una plática sobre Antonio Gramsci, quién había sido Milton. Y así empecé a familiarizarme con su lucha, y la historia de las luchas de los jóvenes, y los grupos y clases subalternas en Ecuador.

Una charla al margen del Congreso de Alacip

A mitad del año 2012, cuando estuvimos de nuevo por Quito, con otra delegación de estudiantes y profesores asociados o partícipes del quehacer intelectual e investigativo del Grupo Presidencialismo y participación, tuve ocasión de volver con el amigo y compañero en el proyecto de los Seminarios Gramsci, Francisco Hidalgo.

Él me comentó de la aparición meses atrás del escrito de Natacha. Tuvimos una grata conversación con él, y colega cubano Jorge Acanda, a quien conocimos tiempo atrás, en Puebla. Recorrimos a zancadas, la historia en presente y pasado.

Un paréntesis literario

Al día siguiente fui a “Libri Mundi”, a preguntar por la publicación de Natacha. No lo tenían a la mano. Después hice lo mismo en un primor de librería, llena de exquisiteces; un local pegado a una empinada ladera, al lado de la circunvalar. Ese día celebraban la vida de Carlos Fuentes, y compartían unos exquisitos canapés. Conversé con los libreros, y tampoco me dieron razón del escrito de Natacha David Alba Reyes.

Parecían eso sí, más doctos en la obra de Bolívar Echeverría, un gran intelectual ecuatoriano, trasterrado. Aproveché para comprar algunos de sus libros, entre ellos, “Valor de uso y utopía”. En parte, motivado porque en las sesiones del VI Congreso de Alacip hubo un panel que homenajeó a Bolívar fallecido recién. Con la participación de su propio hermano, y Jorge Acanda, entre otros. Ellos hablaron de su obra y su importancia literaria, intelectual y política.

De vuelta a la noria de la historia

En el mismo lugar, que visitamos años después, Natacha comenta la visita: “No fue la primera vez que íbamos juntas a ese patio universitario, donde, se supone, fue enterrado (Milton) luego de su cautiverio.

Aunque no estábamos en ningún cementerio, allí, sobre esa tierra que apretujaba al césped recién sembrado y entre aquellas piedras amontonadas como listas para usarse en una gran barricada, colocamos, al medio de las rocas del volcán Pichincha que servían de lápida, los claveles rojos”.

Y sigue el curso de la memoria volcada en escritura: “No hubo rezos. No hubo lágrimas. Ni silencio. Solo respiraciones cruzadas por el zumbido de las abejas que hacían piruetas sobre el fuerte olor a tilo que despedían las florecillas blancas del lugar”.

Testimonios de una desaparición

“Señor Reyes, de esto se arrepentirá. Se lo juro, pero se arrepentirá”. José María Velasco Ibarra, presidente del Ecuador.

Eran los tiempos del, varias veces presidente Velasco Ibarra, una presencia política inveterada, que hizo famosa una polémica en las ciencias sociales ecuatorianas, entre Agustín Cueva y Rafael Quintero, a raíz de la publicación del libro Proceso de dominación política en Ecuador (1972).

Milton fue un testigo de excepción en la realidad del populismo velasquista. Él había tenido una reunión con el presidente, a raíz de la protesta estudiantil y universitaria, y no había transigido con las evasivas del mandatario. Así lo relata Natacha: “Milton, en su calidad de reciente dirigente provincial de la FEUE, había encabezado las marchas de reclamo por la detención injusta de dos estudiantes y el nivel de tensión con el régimen era altísimo. Velasco Ibarra con su sobrino Jaime Acosta Velasco, entonces ministro de Defensa, no paraban de reprimir...”

Un encuentro fatal

El momento culminante de la confrontación verbal con el presidente Velasco ocurre después que Milton Puentes reclama presupuesto del estado para financiar las prácticas de los estudiantes al servicio público de los pobres en salud y educación para disminuir la inequidad y paliar sus carencias asistenciales.

La respuesta fue negativa, y la intervención presidencial terminó así: “Pero ustedes, juventud universitaria inteligente y razonable, no se dejarán llevar por el comunismo que arrastra al caos a las naciones y que ha nublado su pensamiento...”

Milton interrumpió a Velasco, y lo increpó: “Doctor Velasco, no llegamos aquí para pedirle permiso para pensar. Nosotros tenemos nuestros propios ideales... ¿Hay o no hay este año fiscal recursos para solventar los gastos en las universidades? Porque Ud. se comprometió con nuestro presidente de la FEUE, a que colocaría fondos suficientes...”

“No señor Reyes, no hay. Dijo el caudillo. Y si me interrumpe así, no habrá nunca...mientras yo esté en el poder y tenga díscolos, seres rebeldes como usted, haciéndome reclamos inexactos”.

La respuesta: “Entonces hasta aquí llegó la conversación...Compañeros, no tenemos nada que hacer en este lugar. Hemos perdido nuestro tiempo” (p. 22)

Sin embargo, la foto del día siguiente fue un montaje, al lado del presidente simulando una reunión amistosa, como si hubiera propiciado una transacción.

Vino la mañana del 9 de abril de 1970, y la última marcha estudiantil de la que participó Milton Reyes. Ese día vio por última vez a Matilde, su madre. Y no regresó más a la casa.

Carlos, el hermano abogado empezó a buscarle, y se organizó con compañeros de Milton para hacer las averiguaciones del caso, pero no estaba en ninguna parte. Él informó de su desaparición al diario El Comercio, e interpuso el recurso de Habeas Corpus ante Jaime del Castillo, alcalde de Quito. Y todo siguió lo mismo.

Después Matilde llamó a su nuera, quien vivía en Cuenca, para darle la dolorosa noticia: “Por favor, no cuentes aun a Natacha, pero el Miltín ha desaparecido sin dejar rastro. Ya estamos averiguando su paradero... (p. 31)”.

Edición N° 00337 – Semana del 1º al 7 de Febrero de 2013
 
 
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