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El alto costo de la guerra

  Alonso Ojeda Awad
  Ex Embajador de Colombia, Director Programa de Paz - Universidad Pedagógica Nacional
   
 

Colombia padece desde el fatídico 9 de abril de 1948, día del asesinato del carismático líder Jorge Eliécer Gaitán, un grave y sangriento conflicto político y armando que está cumpliendo 65 años y en el cual gracias a las gestiones que adelanta el presidente Juan Manuel Santos con dirigentes de las FARC – EP en la Habana – Cuba, parece que estuviese llegando a su fin.

Esta esperanzadora visión que compartimos desde la Universidad Pedagógica Nacional en particular y desde la universidad colombiana en general, estaría cerrando el ciclo violento en el manejo de nuestros conflictos que tantas vidas humanas, huérfanos y viudas ha dejado a lo largo y ancho de nuestro territorio.

Con razón el estudioso investigador colombiano Iván Mauricio Duran, dice que “Los conflictos armados destruyen capital humano y capital físico, generan incertidumbres para consolidar la inversión en los territorios y desvían el gasto del Gobierno hacia actividades menos productivas en detrimento de la inversión social”. (Tomado del periódico UnNorte de octubre 2012).

Efectivamente, en el largo período de la confrontación armada en Colombia, es inmenso el capital humano destruido, contabilizándose en muertes y heridos que se han ocasionado entre los diversos bandos en confrontación armada. Por un lado, las fuerzas armadas y de policía en defensa de la constitución y las leyes, por el otro, los sectores de la insurgencia aglutinados en las FARC EP, ELN y por los sectores organizados de delincuencia criminal, los grupos conocidos como paramilitares o BACRIM, según la última denominación.

A estas cifras hay que agregarle el inmenso daño, que en su conjunto, los sectores armados originan contra la población civil que por condiciones especiales y según lo ordena el Derecho Internacional Humanitario deberían estar fuera de la confrontación armada.

En lo referente al capital físico de la Nación, los costos son inconmensurables, representados en infraestructura vial, torres eléctricas, oleoductos, casas y edificios de propiedad pública, líneas férreas y menoscabo a la capacidad de exportación de materia prima en minerales.

Todo esto obliga a orientar la inversión de los recursos económicos al aumento del pie de fuerza, a la compra de sofisticados equipos de ataque por parte de la Fuerza Pública y en definitiva, a la concreción de un Estado, que desconociendo sus obligaciones constitucionales, termina gastando sus recursos en seguir armándose para la guerra y destinándolos para lograr el objetivo de derrotar militarmente a sus contradictores violentos.

El investigador José L. Ramos R., Ph.D en Economía y Sociología, Miembro del Grupo de Investigaciones de Análisis Económico, Director de Estudios Económicos del Caribe de la Universidad del Norte, manifiesta que: “Durante una guerra civil el Producto Interno Bruto (PIB) decrece a una tasa anual de 2.2%... y en países donde los conflictos se han prolongado hasta por 15 años, el PIB per cápita, tiende a decrecer en un 30 % aproximadamente”, como lo afirman Angélika Rettberg y Estephanie Álvarez.

En el estudio “Cuantificando los efectos económicos del conflicto”, publicado en la Revista Colombiana Internacional de la Universidad de los Andes, los investigadores argumentan que los gastos en seguridad y defensa se incrementan en mas del 2% del PIB anual en momentos del conflicto. (Tomado del periódico UnNorte de octubre 2012)

Pero las cosas son aun más dramáticas en este sentido.  Si nos acogemos a la investigación de Guerrero y Londoño realizada en 1999, donde concluyen que, “Colombia seria un 15% o 20 % mas rico de lo que es si no hubiese tenido un conflicto interno armado en los ultimo 20 años”.

Según el artículo del periódico UnNorte, el actual Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, en “Economic Growth in Colombian: A reversal of fortune”, dijo: “que el país perdió de 1980 a 2000 el sendero del crecimiento económico, debido en parte, a la intensificación del conflicto interno armado que alejó sin duda alguna la inversión extranjera, particularmente en sectores promisorios como la explotación minera y la industria de capital pesado”

En conclusión y tomando los datos que el economista José L. Ramos publica en UnNorte, podemos decir que los diferentes investigadores: Rettberg y Álvarez, calcularon en el 2008 que, entre 1990 y 1998, los costos representaron aproximadamente entre 1.5% y 4 % del PIB anual; Pinto, Vergara y Lahuerta hicieron lo propio para el período 1999 – 2003 y estimaron los costos en 7.4% del PIB, es decir, 16.5 billones; y Otero, en el 2007, los valoró en 9 puntos del Producto Interno Bruto para el 2005 – 2006.

Para finalizar, podemos decir que el alto costo de la guerra está por 9 puntos del Producto Interno Bruto, una cifra demasiando alta para un país como Colombia que está reclamando insistentemente las urgentes inversiones presupuestales en vivienda, salud, educación, desarrollo e infraestructura vial, portuaria, eléctrica, férrea y comunicaciones. Por eso es urgente parar la guerra y asumir, con decisión y valentía, la reconstrucción nacional.

Edición N° 00339 – Semana del 15 al 21 de Febrero de 2013
 
 
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