Semanario Virtual Caja de Herramientas
 
 

Dinero barato, revaluación e inequidad.
Los dilemas monetarios y cambiarios

  Jaime Alberto Rendón Acevedo
  Centro de Estudios en Desarrollo y Territorio, Universidad de La Salle
   
 

Ya se ha vuelto una constante esperar las reuniones de la Junta Directiva del Banco de la República para saber que se va a decidir frente a las tasas de interés y/o sobre el mercado cambiario. La prensa, incluso la especializada, comete graves errores mostrando poca claridad conceptual y desinformando a la comunidad sobre rebajas en las tasas de interés o sobre intervenciones, de por si millonarias, del Banco de la República en la compra de dólares en el mercado.  A la par con esto, no solo el Fondo Monetario Internacional nos visita y felicita por estar haciendo la tarea de manera adecuada, sino que la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD, por su sigla en inglés), entidad a la cual aspiramos pertenecer, plantea algunas recomendaciones que pasan por la educación y la lucha contra la desigualdad. ¿Qué hay con todo esto? Tratemos de analizarlo.

1. La Constitución de 1991 y la reglamentación dada a través de la Ley 31 de 1992, le asignó al Banco de la República autonomía, independencia y el objetivo de preservar el poder adquisitivo de la moneda. Esto que no ha estado exento de debates, se ha mantenido aún a pesar de la intervención de la Corte Constitucional al manifestarle al Banco que su responsabilidad frente a la inflación no lo exonera de compromisos macroeconómicos frente al crecimiento y al empleo. El Banco entonces es autónomo para definir e implementar distintos instrumentos de política monetaria, entre ellos, las tasas de interés, con el fin de lograr su cometido, esto es mantener la inflación bajo control, de acuerdo con las metas esperadas.

2. La normativa también es clara en condicionar las relaciones del Banco de la República solamente al sector financiero, es decir, es el Banco del Gobierno y sus actuaciones se realizan con este y con las entidades adscritas al sistema financiero. Para nada entran en su actividad las empresas o las familias.

3. El Banco define sus decisiones de política monetaria a través de las tasas de interés, es decir, le entrega o le quita liquidez al mercado utilizando tasas de interés más bajas o más altas, según sea el propósito. Estas tasas son llamadas de intervención, y estas son las que se modifican por decisiones de la Junta Directiva.

4. Siendo así, cuando se bajan las tasas de interés de intervención, como se ha venido haciendo, lo que se está bajando es el costo del dinero para las entidades financieras que recurren al Banco a que éste les facilite recursos y liquidez. Otra cosa es que esto puede ser un mensaje al mercado que solo será efectivo si los bancos (y en general las entidades del sistema financiero) le trasladan al público (empresas y familias) esos descuentos. De esta forma las tasas de intervención han bajado en el último año de 5% al 4%.

5. De otro lado, los bancos captan recursos del público y pagan por ello una tasa de captación, que en promedio corresponde a la tasa DTF. Esta tasa hoy es del 4.85% (un año atrás era del 5.21%), más alta que la tasa de intervención, esto quiere decir que cuando los bancos necesitan dinero, si lo toman del Banco de la República, la tasa que pagan por el dinero es del 4% y si van al mercado les cuesta al 4.85% en promedio.

En esta perspectiva es claro que al bajar las tasas de interés la Junta Directiva entran a beneficiar directamente la estructura de costos de los bancos, mejorando sus condiciones de rentabilidad.

6. Ahora, ¿qué pasa con las tasas de interés que realmente pagan las familias? Estas corresponden al interés corriente, a tarjetas de crédito, a sobregiro, entre otras modalidades de créditos que por lo general se acercan a la mayor tasa permitida que es llamada de usura. Existen otras modalidades más baratas, como lo son el crédito de vivienda, de vehículos de Leasing o los que se atan a las nóminas de los trabajares (libranza). Esta tasa de usura hoy se corresponde al  31.13% cuando un año atrás era del 29.88%. Ni que decir de la tasa de microcréditos que son realmente una vergüenza, Las familias que tienen “emprendimientos” y esperan financiarlos a través del sistema financiero (valga decir que el mercado extra bancario es aún más costoso), deben pagar en promedio el 53%.

7. Por esto cuando se habla de bajas tasas de interés se debería explicar que es el crédito de corto plazo para los Bancos. Ahora, estos mismos y las grandes empresas obviamente recurren para financiarse al mercado de acciones, de bonos o préstamos en el exterior o entre ellos mismos (tasas interbancarias) que de lejos son menos costosos financieramente.

La micro, pequeñas e incluso las medianas empresas solo les queda la alternativa del mercado financiero costoso, y cada vez más, so pena de recurrir a otros sistemas no santos, como el gota a gota, que ya es sinónimo de fracaso. Todo esto es en realidad una perversión del sistema que alienta la concentración y la inequidad, además que nada beneficia al crecimiento y mucho menos al desarrollo.

8. De otro lado está el cuento de la intervención en el mercado cambiario a través de la compra de dólares, mecanismo de mercado con el cual se espera incidir en la revaluación para tratar de revertir lo que ha venido pasando: una tragedia para la competitividad de las empresas exportadoras.

9. Pero, como siempre hay otra cara de la moneda. Los importadores, así como las industrias que tienen su base de producción a través de materia prima importada, están en el mejor de los mundos posibles. La revaluación les ha permitido tener excelentes condiciones en el mercado.

10. A la par con esto el Banco de la República se aprovecha de los mejores precios de los bienes importados para mantener la inflación (su obsesión y objetivo) estable, incluso a la baja. Así entonces, de manera lógica, al Banco no es que le interese mucho provocar procesos de devaluación, como si lo han hecho en Chile, México, Brasil, Venezuela o Perú. Este raciocinio es extraño, dado que para el Banco es más importante el control a la inflación (una apuesta netamente monetarista) que el empleo, la estabilidad del sector exportador y el propio crecimiento. Pero, es que la revaluación le permite cumplir con su mandato constitucional, así que no tiene, en principio, porque combatirla.

11. Las intervenciones no traerán el efecto que espera el Ministro de Hacienda (un dólar de $1950) sencillamente porque los dineros del exterior seguirán entrando al país buscando mayores rentabilidades frente al deprimido mercado norteamericano o de Europa. Es decir, estas regiones exportan sus crisis y nosotros, Colombia, no hacemos mayor cosa para contrarrestar los efectos de una mayor entrada de divisas.  Las salidas de Banco a comprar 42.7 millones de dólares al día (que es la meta para el mes de febrero), no han alcanzado a mover el mercado cambiario.

Así, mientras la OECD propone el grado 12 y el Ministerio de Educación Nacional se propone implementarlo, con rapidez y diligencia. El Banco de la República mantiene su prevalencia sobre objetivos monetarios, desestimando sus responsabilidades frente al empleo, el ingreso e incluso frente a la disponibilidad de recursos baratos para el financiamiento de la micro, pequeñas y medianas empresas. El crecimiento si bien es relevante en momentos de crisis externas, no es suficiente para las apremiantes necesidades de un país donde la pobreza y la debilidad estructural de sus empresas son la característica principal. La inequidad se mantiene, aun a pesar del crecimiento económico gracias a que las políticas públicas, las pretendidas políticas horizontales de igualdad para todos, terminan beneficiando al sistema financiero y a las grandes empresas, es decir, terminan por concentrar el ingreso generado.

Ante esto el Gobierno, la política fiscal interviene con una reforma tributaria que grava a la clase media y libera de “cargas parafiscales” a las empresas, en especial a las medianas y grandes que en su mayoría soportan el empleo formal del país. Alivian de tributos a las empresas transnacionales y le permiten a las empresas mineras deducirse del impuesto de renta hasta sus aportes a las regalías. Le queda la construcción, las obras públicas, así como la ejecución de los proyectos de las regalías, pero la ineficiencia Estatal es más fuerte que las buenas voluntades.

La política monetaria y la política fiscal han perdido el rumbo, se han olvidado que deben servir al bien-estar de la población, lo que el Gobierno llama “el progreso” y no a una pretendida estabilidad monetaria y macroeconómica, muy bien valorada por los organismos internacionales, pero sin mayor correspondencia con una población, con un tejido empresarial que naufraga en la desigualdad. Políticas de acceso y dinero barato para el 1% que son las grandes empresas, incluidos los bancos, mientras que el resto, el 99% se debate en sus necesidades de financiamiento y capital de trabajo. Y eso que la OECD ya se dio cuenta que nuestro mayor problema es la inequidad.

Edición N° 00339 – Semana del 15 al 21 de Febrero de 2013
 
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
   
 
 
comentarios suministrados por Disqus