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Otro crimen impune

  Héctor Alonso Moreno
  Profesor asociado – Universidad del Valle
   
 

La Asociación de Familiares y Víctimas del Municipio de Trujillo (Afavit) de nuevo rindió tributo con la sangre de una de sus más grandes líderes como lo fue Alba Mery Chilito, a lucha por la vida, la paz y la memoria de sus muertos. La valerosa dirigente de 68 años de edad fue cobardemente asesinada el pasado 7 de febrero en pleno centro del martirizado municipio. Población que ve recorrer desde los años ochenta la muerte criminal a manos del narcotráfico y el paramilitarismo y que hoy día, de nuevo, la ve transitar con total impunidad por todo el territorio del Valle del Cauca.

Alba Mery, a quien la muerte la rondaba de años atrás desde las tristes épocas cuando fueron asesinados cuatro de sus familiares, incluidos su  yerno y su hija, durante el genocidio conocido como la masacre de Trujillo en el marco de la cruda violencia de los años ochenta fue asesinada a plena luz del día. Esta valerosa dirigente, seguramente murió a manos de aquellos que de nuevo se disputan, mediante el crimen y el desalojo las tierras del Norte del Valle. Son aquellos mismos quienes de nuevo perduran en la ilegalidad en el Norte Vallecaucano y los que persisten aún de manera violenta en el negocio del narcotráfico, el paramilitarismo y las venganzas propias de la ética mafiosa. De tal manera que la presencia mafiosa de los Machos, Rastrojos y los invasores Urabeños, han convertido de nuevo al Valle del Cauca en el teatro de operaciones más sangriento de los últimos años en Colombia.

El  departamento alcanzó la dramática cifra de 1.819 asesinatos en el año 2012 de los cuales  la ciudad de Cali, aporta un poco mas de 600 y casi el 35% de los homicidios. Los anteriores fueron asesinatos producto de la confrontación mafiosa en procura de dominar el mercado macro y micro mafioso del Valle.

El municipio de Buenaventura, convertido en el Puerto de sangre donde desembarcó la violencia paramilitar, es también centro de la disputa del poder mafioso entre las bandas criminales llamadas: “La Empresa” y los “Urabeños”. Cada milímetro del territorio del Puerto marítimo es vigilado y cuidado celosamente por las mafias; quienes han cobrado la vida de más de 70 personas en lo que va corrido de presente año. Los Urabeños, según las autoridades, a sangre y fuego convirtieron el más prospero municipio del Pacifico Colombiano en el centro de las actividades del narcotráfico. Son ellos, quienes hoy día controlan las rutas del narcotráfico que salen del Puerto. Los Urabeños han asesinando y reclutando a casi el 70% de los miembros de la banda denominada “La Terraza”; ellos mismos han logrado consolidar su poderío criminal ante los impotentes ojos de las autoridades locales, regionales y nacionales.

En la ciudad de Cali la situación de violencia está muy marcada por las llamadas guerras entre pandillas. Según un informe del diario “El País”, existen 134 pandillas compuestas por un total de 2.134 jóvenes entre los 12 y 24 años. 17 de las 22 comunas de la ciudad tienen al menos una pandilla. Según el informe, 66 de estas pandillas sirven a las bandas criminales de los Rastrojos y los Urabeños y son las responsables de por lo menos el 13% de los homicidios que ocurren en la capital Vallecaucana.

A esta situación de violencia e inseguridad se agrega el hecho de la captura en el 2012 de 305 personas por extorsión en el Valle del Cauca, de los cuales el 43% corresponden a la ciudad de Cali.

El Norte del Valle es hoy, como en el pasado, el epicentro de grandes matanzas y confrontaciones criminales entre las bandas del paramilitarismo y el narcotráfico. El reciente asesinato de Lorena Henao, la llamada “Reina de la Coca”, demuestra como la confrontación por territorios, rutas, y apropiación de bienes inmuebles urbanos y rurales, así como por el dominio del mercado ilegal de narcóticos, sigue siendo el eje del recrudecimiento de la violencia.

El crimen organizado campea por el Valle del Cauca y en particular por la región Norte Vallecaucana, no sólo ajustando sus viejas y recientes cuentas entre mafiosos sino también acallando mediante la intimidación y el crimen las valerosas voces de las victimas de la violencia y de quienes como Alba Mery Chilito, sólo reclamaban justicia y castigo para los asesinos. Ronda también la muerte por el Valle del Cauca, asesinando a decenas de campesinos y colonos, indígenas y afro descendientes que se niegan a ser despojados y desalojados de sus tierras por las bandas criminales de todo tipo.

Paz en la tumba de Alba Mery y en la de los cientos de mártires del municipio de Trujillo a quienes la impunidad no pudo vencer y como quiera que el caso de la masacre fue llevado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, quien en 1995 condenó al Estado colombiano y lo obligó a pedir perdón a los familiares de las víctimas.

De las 12 conclusiones y 9 recomendaciones que hizo la Corte Interamericana de Derechos Humanos, muchas no se han cumplido como aquellas que exigían proteger la vida de los testigos y familiares de las víctimas de esta masacre; entre ellas la de la preciosa vida de Alba Mery Chilito que en paz descanse.

Paz en la tumba de los miles de vallecaucanos y colombianos que han sido asesinados  por defender su tierra, su honra y su trabajo. Llegará el día en que el sol iluminará de nuevo los cielos de la Patria.

Edición N° 00339 – Semana del 15 al 21 de Febrero de 2013
 
 
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