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A la paz le va bien en La Habana, pero mal en Colombia

  Hernán Suárez
  Asesor editorial hsuarez2007@yahoo.es
   
 

Si nos atenemos a los resultados de las recientes encuestas, a las negociaciones de paz le van bien en La Habana, pero le van muy mal en Colombia. Sus respuestas arrojan un desconsolador panorama sobre la opinión de los colombianos frente al proceso de paz.

A los protagonistas centrales de la negociación les va muy mal: mientras el presidente Santos registra una opinión desfavorable del 47%, contra una 43% favorable, las FARC ostentan un 94% de desaprobación y un 3% de respaldo, que si se les aplicara el margen de error los colocaría en el 0%. http://goo.gl/MDA0C

La pérdida de credibilidad en el proceso de negociación es evidente: a la pregunta ¿Cree usted que en esta oportunidad se llegará a un acuerdo que ponga fin al conflicto armado con las FARC, o no?, el 62% no cree, y el 36% si cree. En febrero de 2012 el 55% de los encuestados desaprobaba el manejo dado a la guerrilla, en febrero de este año, en plenas negociaciones, la cifra de desaprobación paso al 73%. http://goo.gl/MDA0C

El pesimismo reflejado en las encuestas, Gallup y Datexco, pone de manifiesto que la estrategia de movilización y participación en favor de la paz, tanto del Gobierno como de las FARC, ha fracasado o por lo menos arroja resultados adversos, al igual que sus estrategias de comunicación.

Los mensajes del gobierno, sus partes sobre la negociación, oscilan entre el escueto “todo bien, todo bien” y la amenaza recurrente de dar por terminadas las negociaciones, si a su leal saber  entender no se han producido resultados. “Acordamos que vamos a revisar periódicamente los avances. Si la cosa no se mueve, sencillamente no vamos a seguir. “Si fracasa el proceso no le costará nada al país”. http://goo.gl/2iOaM  http://goo.gl/4hDd0.

En respuesta a la carta de Timochenko, en la cual este clama al Gobierno para salvar las negociaciones, el presidente Santos ratificó su ambiguo mensaje: “vamos a ver si estas conversaciones producen resultados, sabemos exactamente qué queremos, sabemos exactamente donde están las líneas rojas, qué podemos ceder, qué no podemos ceder, ojalá se pueda dar ese resultados porque sería maravilloso para todo el mundo, pero si no se da hemos hecho las cosas de forma tal que al país no le cueste nada haber ensayado”. http://goo.gl/Gje3J

Estas lógicas de la guerra y la negociación pueden resultar comprensibles y razonables para los iniciados y para avezados politólogos, pero al grueso de la opinión, a los colombianos de a pie, le transmite un mensaje de incertidumbre y desconfianza. Las encuestas se han encargado de tomar la foto de esa realidad.

Para las FARC la negociación en medio del conflicto ha resultado letal para su deteriorada credibilidad política y para los esfuerzos de recuperar su menguada imagen. Los comunicados optimista que diariamente en las mañanas emiten desde La Habana, suscitan desconfianza e incredulidad en la tarde, tras conocerse los partes de guerra y las acciones militares que sus frentes desarrollan, incluido el secuestro. De allí que la opinión aumente su desconfianza en un eventual acuerdo de paz con las FARC.

La estrategia de confrontar y neutralizar la oposición al proceso de paz que encabeza el presidente Uribe y el Puro Centro Democrático ha carecido de imaginación y credibilidad. Seguimos en los mismos lugares comunes de los últimos años: “enemigos agazapado de la paz”, “la mano peluda”, “no se puede hacer politiquería con la paz”, y un largo etcétera. El resultado salta a la vista: el ex presidente Uribe mantiene un no despreciable 65% de imagen positiva y en las cábalas electorales no le va nada mal.

El escepticismo y pesimismo de las encuestas pasan también cuenta de cobro a las estrategias de movilización y participación ciudadana, tanto del gobierno como de las FARC. El saldo negativo es mayor para la estrategia del gobierno. El propósito de “ponerle corazón a la prosperidad y ponerle pueblo a la paz”, anunciado por la Alta Consejería para la Movilización y el Diálogo Social, no ha pasado de una entusiasta declaración de prensa. No se conoce públicamente cuál es la estrategia, ni convocatoria alguna sobre tan trascendental asunto. No hay ni siquiera publicidad. http://goo.gl/JiLDb

La izquierda democrática, casi que por descarte y por “principios”, respalda las negociaciones en obligado ritual declaratorio, pero carece también de una estrategia de movilización y acción política que congregue a los colombianos en torno a la paz. La Marcha Patriótica, sin duda la organización más cercana al proyecto político de las FARC, tampoco muestra una estrategia amplia e incluyente, salvo la manifestación convocada para el 9 de abril, acordada conjuntamente por la ex senadora Piedad Córdoba y Gustavo Petro, que incluye propósitos que van desde el apoyo a las negociaciones de paz, “la democracia y la defensa de lo público”, hasta el rechazo a la revocatoria del alcalde de la ciudad. http://goo.gl/d10sE

La prudencia y confidencialidad de las negociaciones amenaza en convertirse en desdén y desinterés por sus avances y resultados. Luego de cuatro meses de iniciada las negociaciones no hay un pronunciamiento conjunto de las partes sobre los avances puntuales logrados, ni una convocatoria conjunta en busca del respaldo y la movilización ciudadana. Cada una de las partes, a su aire, a su manera se empeña en izar lo más alto posible bandera de la paz, conscientes de su rentabilidad y conveniencia política.

La estrategia de negociar en medio del conflicto, no firmar nada hasta que todo este acordado, la negociación distante y cerrada, la débil participación de sectores sociales en las deliberaciones, no ha logrado el esperado respaldo entusiasta de los colombianos. El marco para la paz, al igual que las estrategias de movilización y comunicación de las partes, reclama un ajuste, una revisión, un viraje, un salto adelante, que logre devolver la credibilidad entre la opinión pública.

La negociación requiere mostrar avances concretos en materia del problema agrario y las garantías políticas para las FARC, sin duda el corazón de la negociación, avances ciertos y duraderos que permitan explorar la conveniencia de un cese bilateral del fuego que pongan a salvo la credibilidad del proceso de paz, lo blinde contra riesgos y consolide los avances alcanzados. Una suerte de compromiso a mitad de camino entre la negativa tajante del Gobierno a aceptar un cese al fuego y el maximalismo de las FARC en materia agraria y garantías políticas.

Parodiando a Gramsci, frente al pesimismo de las encuestas este necesario acrecentar el optimismo de la voluntad de los negociadores de La Habana, lo cual, en concreto, significa cumplir el compromiso de concretar acuerdos sobre el problema agrario y las garantías políticas para las FARC antes de la Semana Santa y examinar la posibilidad de pactar un cese bilateral del fuego que devuelva la confianza y el optimismo, consolide lo pactado y facilite la firma de un acuerdo total y definitivo con las FARC, que ponga fin de manera definitiva al conflicto. Frente al pesimismo de la inteligencia, es lo mínimo que podemos pedir quienes aún creemos en el optimismo de la voluntad y en la paz.

Edición N° 00341 – Semana del 1º al 7 de Marzo de 2013
 
 
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