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Del paro a la Constituyente cafetera

  Oscar Arango Gaviria
  Profesor - Universidad Tecnológica de Pereira,
Coordinador proyectos regional - Red Alma Mater
   
 

Por primera vez en la historia colombiana, el país vivió un paro de la economía cafetera como el que se inició el 25 de febrero y culminó el 8 de marzo de 2013.

Antes de analizar diferentes dimensiones, características, desarrollo e impacto de este movimiento, conviene recordar que se trató de una protesta del campesinado cafetero que está compuesto, esencialmente, por 538 mil productores de menos de 5 hectáreas (96% del total de productores), que producen el 70% del café en 671 mil que representan el 72% del área total y que están distribuidos en 631 municipios.

Se calcula que la producción cafetera contribuye de manera directa al sustento de no menos de 2.2 millones de personas y que de manera indirecta este cultivo genera encadenamientos económicos de los cuales viven cerca de 2 millones de personas adicionales.

Además, según Planeación Nacional, el café representa, en promedio, el 80% del PIB en un poco más de 350 municipios (es decir, un poco más de la mitad de los que cultivan el grano).

Adicionalmente, el cultivo del café es, de lejos, el que mayor empleo genera en el sector agropecuario. Uno de cada tres empleos directos está asociado a la producción cafetera.

De esta forma, cualquier interpretación del paro y sus resultados debe reconocer la importancia que para la economía, la sociedad, la política y la institucionalidad colombiana tiene el café.

Colombia. Información cafetera. 2012

 

 

 

 

 

 

 

 

Dimensión

Total

Pequeños*

Medianos**

Grandes***

Área (miles has)

932

671

112

149

Productores

561.262

538.147

16.816

6.299

Producción (Miill. sacos 60 kg)

7.774

5.404

928

6.292

Fuente: Federación Nacional de Cafeteros

 

 

 

*: Menores de 5 has.; **: entre 5.1 y 20 has.; ***: mayores de 20 has.

 

Reivindicaciones

El 10 de octubre de 2012 los dirigentes cafeteros, al margen de la Federación Nacional de Cafeteros -FNCC, elaboraron una agenda de reivindicaciones que se constituyó luego en la carta de navegación política del paro.

En dicha agenda incluyeron: precio de sustentación no inferior a $750 mil/carga de 125 kilos; alivios crediticios; oposición a las importaciones cafeteras;  reducción de precios de abonos e insecticidas; revisión problemas de la institucionalidad cafetera;  control a la revaluación; atención para los programas de roya y broca; no al alza de la contribución cafetera; política de fomento para la producción cafetera, y no a la minería en zona cafetera.

Por su cobertura (once departamentos, del sur al norte del país); dimensiones (unos 70 mil campesinos participando directamente en los sitios de concentración y al menos 250 municipios con cese de actividades comerciales, educativas, de transporte y de atención en las oficinas públicas) y complejidad política (con apoyos que involucraron partidos que hacen parte de la coalición de gobierno y partidos de oposición), el paro cafetero trascendió, con mucho, las protestas y manifestaciones de inconformidad que los caficultores colombianos habían realizado luego del rompimiento del pacto de cuotas en 1989.

Algunos antecedentes y causas

En 1995 también hubo un paro cafetero en Colombia, pero estuvo lejos de tener las características, beligerancia y proyección del que acaba de culminar.

Prácticamente durante todo el año 2012 hubo ‘actividades de calentamiento’: mítines, movilizaciones, tomas de edificios públicos, debates y jornadas de reflexión.

El antecedente más inmediato se produjo en 2012 en Pereira, tras una reunión de caficultores de varios departamentos. Allí­ se recordó que en 1993 Colombia exportó más de 17 millones de sacos; en 2012, menos de 8 millones de sacos e importó casi todo el café para el consumo interno, y se advirtieron las graves consecuencias de la caí­da del precio del café. Todo ello sumado a la caí­da del dólar en relación con el peso, lo que redujo utilidades de exportaciones y generó pérdidas millonarias al gremio cafetero. También se resaltó que el índice de productividad (número de sacos por hectárea) es relativamente bajo en Colombia (alrededor de 8) si se compara con Costa Rica (14) o Brasil (25), lo cual trae serios problemas de rentabilidad.

En junio de 2012 en Riosucio –Caldas se decide conformar el Movimiento Nacional por la Defensa y la Dignidad Cafetera1 con una plataforma que sirvió de aglutinadora en el paro y que incluyó: precio de sustentación remunerativo; promoción de la siembra de café para evitar su importación; no al aumento del impuesto por contribución cafetera; control a los precios y a la calidad de los insumos; informe del presupuesto y los activos de la Federación de Cafeteros: fortalecimiento de la asistencia técnica de la producción; subsidios para el control de las plagas; atención a las deudas de los caficultores; rechazo al TLC, especialmente con EE.UU., y no a la explotación de la gran minería en territorio cafetero.

En agosto de 2012 se celebró una marcha en la ciudad de Manizales. Se calcula que participaron unos 20 mil manifestantes en un acto que fue interpretado como el respaldo necesario a iniciativas de protesta de mayor envergadura.

En noviembre de 2012, en el marco del Congreso Nacional Cafetero, las relaciones entre la Federación y la dirigencia de Dignidad Cafetera se hicieron más críticas y el año se cierra con un ambiente de inconformidad creciente.

En Chinchiná, a comienzos de febrero de 2013, el presidente Santos presentó un paquete de medidas para calmar el descontento. Ofreció seguir comprando dólares para detener su caída, una adición de $150 mil millones al programa de Apoyo al Ingreso del Caficultor -AIC, flexibilización y reestructuración de créditos, acceso a insumos a través de Finagro, y anunció la creación de una Comisión Asesora para la Estrategia Cafetera. Garantizó un subsidio de $60 mil cuando la carga baje de $650.000. La rechifla que el mandatario recibió ese día, confirmó que ya el paro anunciado para el 25 de febrero no tenía reversa.

De esta forma, por parte de los dirigentes el paro se explicó por varias razones. Acordar políticas y estrategias para superar el empobrecimiento progresivo y generalizado de las familias caficultoras se adujo como una razón de fondo para la realización del paro.

De manera particular, se invocaron motivos que se relacionan con el bajo precio del café y el alto endeudamiento de los productores. En diciembre de 2011 la carga tenía un precio de $1.100.000 y una semana antes del paro  estaba en $490.000 cuando producir la misma carga costaba no menos de $650 mil. En diciembre de 2012 la cartera nacional de los caficultores con el Banco Agrario se estimaba en $970 mil millones y gran parte de esta cartera estaba en situación de difícil recaudo.

Se estimaba (El Espectador 03/03/13) que no menos de $1.5 billones habían perdido los caficultores debido a la revaluación entre 2011 y 2012.

Aparecieron otros análisis argumentando a favor del paro. Eduardo Sarmiento escribió: “luego de 50 años de severa regulación del sector e intervención en el mercado, el país le apostó al libre mercado dentro de un marco de permisividad a los dirigentes cafeteros y enfermedad holandesa y terminó en el mismo descalabro del resto de la agricultura y la industria…” (El Espectador 030313).

Alfredo Molano (El Espectador 03/03/13) argumentó: “los cafeteros no pueden seguir produciendo a pérdida. No es fácil explicar que el gobierno sea tan generoso con los inversionistas extranjeros a punta de gabelas tributarias y al mismo tiempo tan tacaño con los caficultores… El precio político que el gobierno va a pagar por no pagar lo que debe a los cafeteros va a ser muy alto. La Federación terminará dividida”.

Desde el punto de vista político, hubo incluso razones no esperadas. Por ejemplo, en julio de 2012 el Ministro de Agricultura declaró: “hay un malestar profundo por la situación que se vive en la caficultura y por eso hay que ponerle el pecho… ” (La República. Agronegocios).

Mini bitácora del paro

El domingo 24 de febrero, un día antes del paro, 4 ministros y el gerente de la FNCC no consiguieron que los dirigentes del movimiento fueran a Bogotá a negociar. La suerte estaba echada.

Buscando evitar el paro, el mismo 25 de febrero  (día de inicio) a las 6:45 de la mañana, en una alocución televisiva sin precedentes, el Presidente de la República se dirige al país y, además de recordar las ayudas que su gobierno le ha ofrecido a los caficultores, anuncia la conformación de una Comisión independiente que culmine tareas en una Constituyente Cafetera. Los dirigentes del movimiento reconocieron esfuerzos presupuestales del Gobierno nacional, pero juzgaron que no eran suficientes para enfrentar la profundidad de la crisis.

La parálisis de la actividad cafetera se inició en un momento en el que paralelamente estaban en cese de actividades los productores de cacao, los trabajadores de El Cerrejón y de la Universidad Nacional. Al finalizar la primera semana se decretó una huelga de camioneros y se presentaron marchas por el derecho a la salud en diferentes ciudades.

Durante los dos primero días el Gobierno se negó a dialogar  hasta tanto no se levantara el paro. El tercer día cambió el requisito y abrió la puerta para una primera reunión, siempre y cuando se levantara el bloqueo de vías.

El jueves 28 de febrero, el gerente de la FNCC, el Comité Directivo Nacional y los presidentes de los comités departamentales convocaron para el lunes 4 de marzo un Congreso Cafetero2 extraordinario a donde se invitaría a los dirigentes del movimiento.

Esta iniciativa, sin antecedentes en la historia de la Federación dadas las razones de la convocatoria, despertó varios interrogantes: ¿cuál sería entonces la instancia decisoria para negociar el paro? ¿Qué habría sucedido si hubiera existido acuerdo con los dirigentes del paro con el Gobierno y el Congreso Cafetero no lo hubiera validado? ¿Este Congreso habría sido sólo una instancia de legitimación de dichos acuerdos? ¿Se buscaba de esa manera rescatar parcialmente el rol institucional de la FNCC que estaba siendo blanco de fuertes críticas? Además, todo indicaba que los dirigentes del paro no aceptarían la invitación de la Federación pues ya habían decidido que su único interlocutor era el Gobierno. Finalmente la convocatoria de este Congreso fue descartada por la Federación y los contactos entre los dirigentes del paro y el Gobierno se mantuvieron sin la participación de aquella.

El Ministro del Interior, convertido inicialmente en vocero gubernamental, convoca una mesa de concertación (ministros, dirigentes del paro, gobernadores, congresistas, FNCC) que efectivamente se instala el jueves 28 de febrero y divide su operación en dos mesas: una sobre el desbloqueo de las vías y una segunda para ocuparse de las reivindicaciones económicas. Esta mesa arrojó precarios resultados.

El 1 de febrero el presidente Santos toma dos decisiones. Suspender los diálogos hasta tanto se desbloqueen las vías y convocar al Comité Nacional de la Federación de Cafeteros para el 2 de febrero. Este Comité decide incrementar el apoyo al ingreso al caficultor pasando de $60 mil/carga de 125 kilos a $115 mil/carga cuando los productores sean menores de 20 has y a $95 mil/carga cuando sean mayores3. En esa misma intervención, el Presidente indicó que en dos años de su administración le ha aportado a los cafeteros al menos $1 billón. Además, anunció que en 2013 no se cobrarán las deudas de los cafeteros y que los créditos se reprogramarán entre 2014 y 2016. Aunque el Gobierno esperaba que así se levantaría el paro, en ninguno de los departamentos los manifestantes retornaron a sus fincas y se mantuvo el bloqueo de las vías en puntos estratégicos de la geografía cafetera nacional.

Ese mismo día, en una decisión sorpresiva el obispo de Pereira invita a los párrocos de su jurisdicción a acompañar los caficultores en paro, visitándolos en los sitios de concentración. Esta noticia prácticamente pasó desapercibida en los medios nacionales.

La primera semana del paro concluyó con lo que un editorialista (La Tarde 03/03/13) denominó Un país en turbulencia. En efecto, los camioneros, habían decidido paralizar actividades a partir del 2 de marzo. Si bien no fue una decisión orientada a ofrecer respaldo a los cafeteros, fue un hecho que contribuyó a generar un contexto político nacional más agitado y de mayor confrontación con el gobierno, pues también estaban en paro los trabajadores de El Cerrejón (llevaban un mes), de la Universidad Nacional (una semana) y los cacaoteros en Santander (pararon el mismo que día que los cafeteros).

Argumentando porqué se había aplazado el Congreso Cafetero, el gerente de la Federación explicó que era preferible, en la coyuntura, visitar las regiones para entender mejor sus problemáticas y concertar soluciones. Le pareció que no era una buena idea concentrar la dirigencia en Bogotá y era preferible ir a explicarle a los caficultores los alcances de lo acordado entre el Gobierno y la FNCC. Simultáneamente, el ministro Juan Camilo Restrepo expresó ante los medios de comunicación su sorpresa por no haber sido informado del aplazamiento de dicho Congreso, confirmando así la existencia de puntos de fisuras entre el Gerente y el Ministro4.

El 4 de marzo el vicepresidente Angelino Garzón expresó, en una declaración que indispuso a la dirigencia de la Federación, que si él hubiera sido cafetero habría estado en el paro. Al tiempo, el ministro del Interior, Fernando Carrillo, informó que por orden del presidente Santos, 4 de sus ministros viajarían a los departamentos más afectados por el paro cafetero para buscar soluciones. Efectivamente estuvieron en Nariño, Cauca, Huila y Antioquia. Se buscaba, de esta manera hacer frente a las reclamaciones de atención médica y de abastecimiento alimentario. Pero seguramente aprovecharon para verificar, en campo, las reales fortalezas, apoyos ciudadanos y debilidades que tuviera en el movimiento.

El 5 de enero, el Gobierno Nacional logra un acuerdo con los camioneros y los cacaoteros que estaban en paro y contribuían a generar un contexto nacional de grandes desafíos políticos para el Gobierno. Con la iniciativa del gobernador de Risaralda, Carlos Alberto Botero, el Presidente Santos instruye a cinco de sus ministros (Agricultura, Interior, Trabajo, Salud y Hacienda) para que se desplacen a Pereira y desde el 6 de marzo reinicien las negociaciones con los dirigentes del paro.

Esta decisión obedeció, probablemente, al reconocimiento gubernamental de un movimiento que en 9 días de paro había logrado mantener su capacidad de dirección nacional y ninguno de los departamentos en paro había aceptado terminar su protesta por las decisiones gubernamentales adoptadas en materia de precio y crédito.

El 6 de marzo, aún con 21 vías bloqueadas5, con la moderación del Vicepresidente Angelino Garzón se reúne la mesa de negociación con 28 voceros del paro. La premisa fue “no levantarse de la mesa, hasta no tener un acuerdo que permita levantarlo”.

El gobierno ofreció incrementar el AIC a $130 mil la carga y los caficultores reclamaron no menos de $180 mil. Entre las iniciativas llamó la atención la invitación del Mintrabajo para que los productores cafeteros formalicen la relación con sus trabajadores asalariados y vinculó las posibilidades de nuevo subsidio a obtener garantías para que a los recolectores se les reconozcan sus prestaciones sociales. En esta jornada de negociación no hubo acuerdo.

El 7 de marzo, habiendo concertado una agenda que se describe más adelante, los voceros deciden levantar la protesta.

Desarrollo y duración del paro

Al parecer los dirigentes no contemplaban en sus planes un paro de más de una semana. Incluso, algunos como Francisco Herrera de Risaralda llegaron a declarar: “Si llegamos al tercer día, la policía no tendrá que sacarnos a bolillazos y gases lacrimógenos; la falta de comida y de bebida nos hará levantar”.

No tiene antecedentes en la historia de las movilizaciones sociales en Colombia un paro cafetero nacional de 12 días de duración, máxime cuando las acciones emprendidas por los participantes los mantuvieron en las carreteras, en carpas, lejos de sus fincas y sus familias; dispuestos a bloquear las vías (hubo hasta 40 puntos de bloqueo en todo el país); y a pernoctar y alimentarse en difíciles condiciones.

A medida que el paro avanzó, manteniendo la estrategia de bloqueo de vías, apareció el desabastecimiento y la dirigencia del movimiento fue acusada de impedir el tránsito de ambulancias. Hubo un centenar de campesinos e indígenas detenidos y su no judicialización se transformó en otra reivindicación puntual.

Apoyos recibidos

En el escenario político propiamente dicho, el paro logró sumar respaldos de congresistas de varios partidos; algunos Concejos y Asambleas; varias Alcaldías y algunas Gobernaciones, aunque ninguna de ellas los expresara públicamente. En una decisión que causó sorpresa, el Polo Democrático y el Puro Centro Democrático, con el ex presidente Álvaro Uribe a la cabeza, respaldaron el paro6. Quizás para mejorar su rol negociador, el Vicepresidente Angelino Garzón no ocultó sus simpatías por el movimiento, según se describe mas adelante.

Mostrando la naturaleza suprapartidista de los apoyos y la participación en el movimiento, alguien hizo notar que casi todos los cafeteros que estuvieron en la protestas votaron en 2010 por el Presidente Santos.

En los departamentos donde existen comunidades indígenas productoras de café, sus Gobernadores y Cabildos orientaron a sus comunidades para participar activamente en las tareas del paro.

Como era de esperarse, el Sindicato de Trabajadores de la Industria del Café (Sintraindustricafé) y el Sindicato de la Federación (Sintrafec) estuvieron del lado del movimiento.

Tal como acaba de mencionarse, la iglesia católica, con el Obispo de Pereira y los párrocos de su jurisdicción, decidieron apoyar a los caficultores, recordando su condición de feligreses y el empobrecimiento que padecen.

Sin duda, la logística y la financiación de esta movilización de miles de pequeños y medianos productores durante casi dos semanas implicó el haber conseguido el apoyo de caficultores de mayor capacidad económica y el respaldo de comerciantes,  transportadores y de familias que hicieron toda clase de donaciones (principalmente en alimentos y bebidas). Los comerciantes y transportadores de los municipios cafeteros asocian la viabilidad de su actividad económica al futuro del café.

En la segunda semana del paro se desarrollaron mítines y movilizaciones de estudiantes y profesores universitarios en respaldo a la protesta cafetera.

Aunque con intereses divergentes, la huelga cafetera también consiguió apoyos de la Asociación de exportadores privados. Por ejemplo, la firma francesa Louis Dreyfus fue acusada de tener una estrategia exportadora dirigida a aprovechar el paro para valorizar sus inventarios aprovechándose de la escasez transitoria del grano colombiano para elevar la prima en el mercado7.

En la historia de las movilizaciones sociales en Colombia no se tiene noticia de otra que, como en este caso, haya logrado concitar respaldos sociales, económicos y políticos para las aspiraciones de los campesinos e indígenas culitvadores del grano.

Pre balance

Aún no existe suficiente información ni distancia en el tiempo que permita realizar con claridad  un balance del paro. No obstante, por ahora se pueden resaltar algunos procesos que tienen relación directa con la protesta. A fuerza del paro, el país volvió a ocuparse de la sociedad y la economía cafetera.

Al momento de instalar la mesa de negociación, el Vicepresidente Angelino Garzón declaró en Pereira el 6 de marzo: “esta reunión es producto del paro: este es un triunfo de ustedes, compañeros” (La Tarde, 07/03/13). Y quizás tenía razón, las negociaciones formales habían sido suspendidas porque subsistía el bloqueo de las vías y el Gobierno sólo reconocía como interlocutor a la Federación de Cafeteros.

Logros de corto plazo

Parte importante del debate sobre la legitimidad del movimiento se podría explicar porque los cafeteros participantes del paro, casi todos cedulados, no lograron conseguir el respaldo de la mayoría de los Comités (municipales y departamentales) de Cafeteros. En este sentido, uno de los argumentos del gobierno se orientó, en un principio, a señalar que la institucionalidad cafetera no acompañó el movimiento. De allí su insistencia hasta el 6 de marzo en solo dialogar con la dirigencia de la Federación. A partir de entonces, forzado por la realidad del movimiento, el Gobierno decidió hacer a un lado la Federación y sentarse a negociar directamente con los voceros del paro.

En los tres primeros días de paro los ministros en sus declaraciones se mantuvieron inamovibles en sus argumentos: no es viable financieramente el precio de sustentación; las importaciones cafeteras no se pueden detener; el Banco Agrario ha realizado un gran esfuerzo y el gobierno ha aportado una suma grande en subsidios al precio; ya no hay más espacio financiero en el Minhacienda para atender las solicitudes, fueron las expresiones gubernamentales del momento.

A partir del cuarto día, este discurso empezó a flexibilizarse. El gobierno, en cabeza del Minhacienda, ofreció en la primera sesión de la mesa de concertación un reajuste del Apoyo al Ingreso al Caficultor -AIC pasando de $60 mil a $90 mil la carga de café. Los dirigentes del paro se mantuvieron en un precio de sustentación de $750 mil la carga.

El 2 de marzo el presidente Santos anunció que el AIC pasaría de $60 mil a $115 mil en caso de caficultores menores de 20 has. y a $95 mil para los que tienen más de 20 has. Este apoyo irá hasta fin de 2013 y se estima un valor de $180 mil millones, recursos que saldrían de un punto del Cree (llamado impuesto de renta para la equidad) aprobado en la reforma tributaria de 2012.

 El 6 de marzo la oferta del Gobierno sube su oferta a $130 mil la carga, mientras que los dirigentes del paro se sitúan en una solicitud de $175 mil la carga, abandonando así la exigencia de un precio de sustentación.

El Gobierno también anunció que los cafeteros con créditos en el Banco Agrario8 podrán reprogramar sus deudas no tendrán que pagar ni capital ni intereses en 2013 y se extienden plazos a 4 años9.  Esta medida cobija a 220 mil caficultores pero la prioridad sería para 142 mil pequeños caficultores que tienen deudas por $640 mil millones. Además, se anunció un nuevo crédito de sostenimiento de hasta $1 millón por hectárea.

A pocos días del paro, el Ministro de Hacienda había decidido ampliar la compra de dólares y conseguir que el precio de la divisa superara la barrera de los $1.800 por dólar, cuando meses antes había estado por debajo de los $1.750. En los debates al respecto se recordó que por cada peso que el dólar suba, aumenta el precio de la carga de café en $2 mil, pero todo indica que las medidas oficiales para luchar contra la revaluación son insuficientes.

Finalmente, el 7 de marzo, el Gobierno y los  voceros del movimiento aceptan que, de manera transitoria, mientras el precio del café esté entre $475 mil (piso) y $700 mil (techo) la carga, se entregará a los productores un apoyo de $145 mil por carga  que en adelante se denominará Protección del ingreso del Caficultor -PIC10. De esta forma, a la fecha, se conseguirá un precio mínimo de $665 mil la carga.

Los temas que se relacionan con el alivio a los créditos; la rebaja a los precios de los fertilizantes y atención a las pensiones de vejez de los cafeteros y formalización laboral con pago de las prestaciones de los asalariados, temporales o permanentes, de las fincas; la minería en zona cafetera o la prohibición a la importación de café se continuarán discutiendo con el gobierno en mesas técnicas. Aunque el tema es de resorte de la Fiscalía, a última hora el Gobierno aceptó que se levantara la judicialización que pesaba sobre algunos participantes del movimiento.

Pero más allá de las reivindicaciones económicas específicas, con el paro se abrió paso la posibilidad de producir transformaciones significativas en la política y la institucionalidad cafetera.

Algunas lecciones

Al momento de evaluar las lecciones de este movimiento, debe recordarse que para negociar el paro de los cacaoteros bastó la intervención del Minagricultura; para que se levantara el paro de los camioneros fue suficiente la presencia de la Ministra de Transporte. En cambio, para negociar la parálisis de la economía cafetera se requirió una intervención a fondo del Estado. En la mesa de negociación en Pereira estuvieron presentes el Vicepresidente, el Consejero para el Diálogo Social y de Paz, cinco ministros, el gerente del Banco Agrario, cinco gobernadores y un importante grupo de congresistas.

La revista Semana (03/03/13) puso de presente que una de las paradojas del paro consistió en que nunca en la historia un gobierno había tenido tanta trayectoria como este. El Presidente, el Minagricultura, el Consejero Gabriel Silva, la Contralora y el Subdirector de Planeación –para citar algunos, tuvieron vinculación directa con la Federación.  Mauricio Cárdenas, Minhacienda, es el hijo de Jorge Cárdenas, quien fue gerente de la Federación por 20 años.

El paro dibujó importantes rasgos de la nueva geografía política colombiana y demostró la existencia de complejas dinámicas. Por ejemplo, mientras el Huila y Antioquia contribuyen cada uno con el 16% de la producción cafetera nacional, el 3 de marzo se informó que el primer departamento tuvo 26 mil caficultores protestando en las vías y Antioquia únicamente sumó 45011.

Contra las previsiones oficiales, con el correr de los días el movimiento, en vez de debilitarse se fortaleció. Esto explica que el Gobierno hubiera decidido utilizar toda su capacidad y, aunque en el primer acercamiento para negociar envió 4 ministros, para la segunda y definitiva negociación, además de asignar responsabilidades políticas a 5 ministros, designó como coordinador de la mesa al Vicepresidente Angelino Garzón y sumó a Luis Eduardo Garzón como mediador12.

Esta última fue una vía de importancia estratégica si se recuerda que los dos Garzones provienen de organizaciones de izquierda, fueron presidentes de la CUT y, mientras el primero fue Gobernador del Valle, el segundo fue alcalde de Bogotá, y ambos fueron elegidos en virtud de coaliciones independientes. De esta forma, con ellos en representación del Gobierno, se potenciaba considerablemente, como en efecto sucedió, la confianza, la credibilidad y la capacidad negociadora.

El rol de los gobernadores y de los parlamentarios de los departamentos cafeteros también debe ser destacado. No se trataba de la vocería de un partido político en especial, sino de un grupo que asumió la responsabilidad de contribuir a la negociación del paro. No se conocen antecedentes de este tipo de intervenciones y, seguramente, de allí quedan todavía lecciones por aprender.

Más allá de invocar la necesidad de despejar las vías, garantizar la salud y el abastecimiento de los municipios; mas allá de insistir en que no debe acudirse a las vías de hecho, fueron excepcionales los columnistas que se opusieron al paro. Tampoco se conocieron declaraciones públicas de dirigentes o de partidos en contra del movimiento y su pliego.

El paro muy seguramente producirá realineamientos políticos en las elecciones cafeteras que están previstas para 2014, pero que podrían adelantarse para que la organización se sintonice con la nueva realidad. La pregunta por ahora es si los dirigentes de la protesta en todos los municipios conseguirán el respaldo necesario para hacerse elegir en los respectivos comités y, desde lo local, avanzar en una mejor correlación de fuerzas al interior de la Federación13. Una vez terminada su función para estar al frente de una coyuntura con reivindicaciones puntuales, llega el momento de demostrar su capacidad y talento para ponerse al frente de una reorganización de la institucionalidad cafetera con estrategias de largo aliento y sin exclusiones, pues los caficultores que por diferentes razones no participaron del movimiento también deben participar activamente de las deliberaciones y de las nuevas decisiones.

Como subproducto fundamental de este paro apareció la iniciativa presidencial de una Constituyente Cafetera cuya composición, ruta y contenidos están por definir. En efecto, reconociendo las dificultades en la institucionalidad de los cafeteros, el Presidente dio vía libre a la creación de una comisión de expertos y, por esta vía, de una Constituyente Cafetera cuyos alcances apenas sí empiezan a dibujarse, pero que debe estudiar opciones para hacer rentable y sostenible la caficultura colombina en los próximos 20 años. El debate debe ocuparse de temas profundos, entre ellos cómo participar en el mercado mundial, cómo aprovechar los TLC, cómo mejorar la productividad, y si es conveniente cultivar la variedad robusta en la Orinoquia, sin deteriorar la imagen ganada en todo el mundo por los productores de granos suaves de excelente calidad, sobre los cuales los compradores reconocen una prima.

Sin duda, un tema central de esta Constituyente estará relacionado con el estudio de la  institucionalidad de la Federación de Cafeteros (sus estatutos, su estructura, sus formas de elección, su apertura a nuevos actores) y la adopción de estrategias para su refundación. Sobre la línea divisoria que separa las opiniones frente a esta Federación conviene recordar el planteamiento del senador Jorge Robledo, a quien los medios reconocieron como  uno de los dirigentes del paro: “no se encontrará una palabra mía en contra de tener instituciones fuertes. Otra cosa es que critique su mala dirección, pero no con el propósito de liquidarlas”14.

Desde otra orilla, en opinión de Armando Montenegro (El Espectador 03/03/03) el paro demostró “la irrelevancia de la Federación de Cafeteros. La movilización social, el bloqueo de carreteras y la vocería de los cultivadores se manifestaron multitudinariamente por fuera de los canales tradicionales de representación y negociación de las instituciones cafeteras”.

También hay quienes, como Alfredo Molano, presagian que la Federación terminará dividida. Ojalá quienes así piensan no tengan razón y el proceso que se inicia con la Constituyente Cafetera culmine con acuerdos que permitan, por el contrario, fortalecer la unidad gremial de los caficultores colombianos.

Si la iniciativa presidencial está realmente dirigida a refundar la institucionalidad del gremio, será necesario vigilar para que el camino no se trate de una mini, sino de una Constituyente con mayúscula. Esto significa que se debe tratar de un escenario con gran representatividad gremial y regional, y con una agenda capaz de proyectar la caficultura colombiana hacia escenarios globales que exigen gran competitividad y hacia un norte donde la prioridad sea el bienestar de los caficultores y sus familias.

Es de esperar que una vez se decanten los principales aprendizajes del paro, el país se ocupe a profundidad de concertar una política pública dirigida a consolidar la cadena productiva del café; ofrecer mayor respaldo a la economía de los cafés especiales y su respectiva asociatividad, y atender debidamente la ruta dirigida a conseguir un real valor agregado sobre la base de aplicar innovación y desarrollos tecnológicos en todos los eslabones de la cadena.

Este paro que acaba de dividir la historia de las luchas agrarias y de la caficultura colombiana, no debe ser interpretado como el inicio de la liquidación de la Federación, sino como el comienzo de su transformación profunda. A este propósito debe contribuir, sin falta, el trabajo de la Constituyente Cafetera.

Edición N° 00342 – Semana del 8 al 14 de Marzo de 2013

1 Que tuvo una primera expresión política en los años 90 con Unidad Cafetera.

2 Conformado por 90 miembros en representación de todos los departamentos cafeteros.

3 El gobierno también reclama a su favor que con la reforma tributaria de 2012 se obtuvo una disminución de aranceles para insumos y maquinaria agropecuaria, y que en el TLC con los EE.UU la exportación de cafés solubles y procesados bajó del 15% al 5% su arancel.

4 Debe recordarse que Juan Camilo Restrepo estuvo en la baraja de candidatos para ocupar la gerencia de la Federación en 2010, cuando se terminó nombrando a Luis Genaro Muñoz con el apoyo del gobierno de Álvaro Uribe.

5 En una intervención pública, el 7 de marzo el presidente Santos argumentó que fue aceptable negociar a pesar de tener vías bloqueadas, porque la decisión de proceder a despejar por la fuerza hubiera incendiado el país.

6Para Francisco Santos: “el paro obedece a la desidia gubernamental… no es más que un grito desesperado de auxilio de un sector que le ha dado mucho a Colombia” (La Tarde, 24/02/13).

7 La República 04/03/13. Algunos compararon el apoyo del uribismo al paro cafetero nacional con el respaldo que el ospinismo le ofreció al paro cívico nacional de 1977 contra el ‘mandato claro’ de Alfonso López.

8 La cartera del Banco Agrario en 2012 sumó $8,2 billones y la cartera del sector cafetero estuvo por el orden de los $970.000 millones, es decir, el 12% de la cartera total de este banco.

9 La prioridad sería para 142 mil pequeños caficultores que tienen deudas por $640 mil millones.

10 Este PIC se entregará a los cafeteros sin importar su tamaño y si están o no cedulados.

11 http://www.elnuevodia.com.co/nuevodia/mundo/colombia/173882-persisten-algunos-bloqueos-de-vias-tras-paro-cafetero

12 Esta decisión presidencial causó incomodidad entre quienes consideraron que de esa manera se estaba deteriorando la capacidad institucional de los ministros.

13 En las últimas elecciones intervinieron 300 mil cafeteros; hubo 14 mil candidatos y se consiguió el 65% de participación.

14 En El Espectador 03/03/13

 
 
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