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Congresistas en La Habana:
síntoma que las conversaciones avanzan

  Alejo Vargas Velásquez
  Profesor titular – Universidad Nacional,
Coordinador Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa
   
 

El viaje de los congresistas colombianos a La Habana para reunirse con la delegación de las FARC-EP, con autorización del presidente Santos, es un buen síntoma de que las conversaciones andan bien y están avanzando al ritmo que se esperaba. La idea es que en la medida en que las conversaciones avancen se abren a la participación de diversos sectores de la sociedad. Buena noticia para los colombianos.

Más allá de si los congresistas que fueron eran los que deberían haber ido o si faltó alguien relevante –ese es un tema siempre de controversia-, lo cierto es que hubo congresistas de diversos partidos, el Presidente del Congreso que pertenece al Partido de la U, del Partido Conservador, del Liberal y del Verde, así como del Polo Democrático Alternativo. Es decir, fue una delegación multipartidista y en esa medida representativa de la diversidad de nuestro Congreso.

De La Habana siguen llegando buenas noticias y así lo confirmaron en días pasados tanto el jefe de la delegación del Gobierno, Humberto de la Calle, como el jefe de la delegación de las FARC, Iván Márquez. Ya están trabajando sobre la redacción de acuerdos en relación con el punto de desarrollo agrario integral con enfoque territorial y eso significa avances fundamentales. ¿Cuál es el contenido de esos acuerdos? Los conoceremos en su momento; por ahora, lo importante es saber que están avanzando en lo fundamental: puntos de convergencia y acuerdos para el documento final.  Ese va a ser un punto de gran interés – en casos de curiosidad- de ciertos sectores de la opinión, pero allí hay que recordar que una de las reglas del Acuerdo General de estas conversaciones es “nada está acordado hasta que todo no esté acordado”.

Es muy probable que en la Mesa de Conversaciones estén ad portas de pasar al punto de participación política y ello sería un buen indicador del ritmo al que están avanzando las mismas y el espíritu de construcción de acuerdos que las anima.

Ahora bien, la visita de los congresistas no sólo es síntoma de los buenos vientos que soplan en La Habana, sino que era muy importante que los congresistas intercambiaran con los delegados de las FARC sobre temas como el de la participación política y discutieran cómo ven ellos una eventual reforma política que les diera garantías de poder participar en elecciones –no olvidemos que uno de los objetivos centrales de la negociación de un conflicto interno armado es transformar actores ilegales con intencionalidades políticas en actores sociales y políticos que actúan dentro del sistema-, pero adicionalmente el tema de las víctimas –tan sensible a la sociedad y a los colombianos que han sido afectados de una u otra manera por el conflicto- y la terminación del conflicto armado.

No hay duda que la presencia de los congresistas en La Habana fue importante, además de lo señalado porque pudieron formarse una opinión acerca de la actitud y el ambiente en que transcurren las conversaciones y constatar que el mismo es positivo y que en general los colombianos podemos seguir teniendo razonablemente una actitud de apoyo a las conversaciones y de esperanza de que las mismas pueden concluir en el tiempo esperado.

Sobre ese tema del tiempo también fue importante la discusión con los congresistas, porque no hay duda que existe un tiempo político –asociado a los debates electorales- que marca el ritmo de las conversaciones. Sí, lo ideal sería que las elecciones no cambiaran nada de lo que pueda pasar en las conversaciones, pero la realidad política es que cada Gobierno adelanta su propia política frente a ese tema y que nadie garantizaría que otro Gobierno siguiera con las conversaciones o con los acuerdos pactados entre las partes. Por eso la necesidad de que haya acuerdos en el presente año es una realidad política frente a la cual no se pueden argüir temas asociados al deber ser.

Sin duda que no era fácil, después de casi medio siglo de conflicto armado interno con niveles de degradación como los alcanzados en Colombia y que ha generado gran escepticismo en nuestra sociedad sobre la posibilidad de un cierre concertado del mismo, que se pudiera comenzar a generar un clima favorable en la Mesa. Pero, progresivamente esto se ha venido logrando y si existe realismo para seguir abordando los temas de la agenda acordada y celeridad en buscar consensos –cosa que se está dando-, lo que parecía imposible se puede ir volviendo realidad. Pero, claro hay muchas dificultades todavía y muchos temas complejos que deben superarse para consolidar unas conversaciones exitosas.

Como dijo en su momento Otto Morales Benítez durante el proceso de Belisario Betancur, hay muchos enemigos, no “agazapados”; sino enemigos abiertos, que de manera hábil no dicen claramente que estén en contra del proceso, pues no quieren correr el costo de ser tachados de guerreristas ante la opinión mayoritaria que quiere la búsqueda de la terminación del conflicto armado. Lo criticable para ellos es que el proceso de conversaciones no sea una rendición, una capitulación de los grupos insurgentes, y entonces se colocan como defensores de las víctimas y de la justicia. Y por supuesto que todos respetamos y defendemos a las víctimas –de la guerrilla, de los paramilitares y del Estado- y buscamos su reparación –simbólica y material-, la búsqueda de la verdad, pero eso no puede ser obstáculo para la obtención del bien supremo de la paz. Igualmente se busca justicia, pero sobre todo se debe buscar Verdad, especialmente la verdad histórica: saber por qué sucedieron las cosas, quiénes fueron los responsables de todos los lados, y de esa manera buscar la no repetición.

En la medida en que avanza positivamente esta Mesa de Conversaciones con las FARC, es necesario que se hagan todos los esfuerzos para que se logre abrir otra Mesa de Conversaciones entre el Gobierno y el ELN, de tal manera que los avances involucren a las dos guerrillas y se supere la arraigada tradición de seguir haciendo acuerdos ‘a destajo’ con los distintos actores de violencia.

El buen momento de las conversaciones en La Habana, ratificado por la comisión de congresistas, hace imperativo que todos los colombianos apoyemos las conversaciones entre el Gobierno y las FARC. Por ello, debemos apoyar la movilización del 9 de abril en apoyo a estas conversaciones de terminación del conflicto armado interno, para que la voz ampliamente mayoritaria de los colombianos amigos de la terminación del conflicto armado se haga oír en el país y en la comunidad internacional –que ha apoyado claramente este esfuerzo del gobierno y de la insurgencia- y que los adversarios sigan rumiando sus frustraciones y sus odios.

Por supuesto también a estos sectores de críticos de las conversaciones los debemos invitar a que reflexionen y se sumen a este esfuerzo nacional; luego seguimos debatiendo las diferencias en los demás temas.

Hay una oportunidad histórica de cerrar este conflicto interno armado y no la podemos desperdiciar.

Edición N° 00342 – Semana del 8 al 14 de Marzo de 2013
 
 
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