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La industria a la baja. Esto no es una novedad

  Jaime Alberto Rendón Acevedo
  Centro de Estudios en Desarrollo y Territorio, Universidad de La Salle
   
 

Parece increíble que el país esté sorprendido porque la industria manufacturera no creció en el año 2012. En los últimos 22 años (los años de la apertura) el crecimiento promedio de la industria manufacturera ha sido del 2.08%, cuando la economía lo ha estado haciendo al 3.55% promedio anual, presentando con ello, obviamente un rezago paulatino, como puede observarse en el gráfico 1, y ocasionando una cada vez menor participación de la industria en la estructura económica colombiana, pasando del 17.7% en 1991 al 12.8% en el año 2012.

Cuadro 1. Crecimiento y participación del PIB industrial


Fuente: Elaboración y cálculos propios con base en datos del Dane

Pero más paradójico aun es que Luis Carlos Villegas, presidente de la ANDI, ponga el énfasis de sus declaraciones en la disminución de tasas de interés del Banco de la República, en la revaluación, y en la agenda de competitividad.

El país no ha querido entender que la explicación de este fenómeno de desindustrialización, está en la falta de una política industrial. Y las medidas aisladas, las prioridades monetarias o los énfasis insulsos de una política de competitividad, que no ha conducido a estadios mayores de productividad y desarrollo exportador, no son la solución, por el contrario son la causa de la situación que atraviesa la industria manufacturera.

La desindustrialización está dada no sólo por la pérdida de importancia en la estructura económica (el sector ha cedido en importancia frente a otros sectores como el financiero o los servicios), sino por la pérdida de valor en algunos sectores históricamente relevantes, como lo son la industria del cuero y del calzado (especialmente en Bogotá), la industria de la madera y productos de la madera y el corcho, Refinerías de petróleo, Otros derivados del petróleo y carbón, Fabricación de productos de caucho, Fabricación de vidrio y productos de vidrio, Fabricación de maquinaria, aparatos, accesorios y suministros eléctricos e incluso el grupo catalogado como otras industrias manufactureras, han presentado una pérdida en el valor de la producción. A la pérdida de participación y de producción, es necesario agregar la disminución en contribución al empleo del país, cuando en el año 2001 aportó el 13,04% de los empleos en el país, en enero de 2013 aportó el 12,48% (Véase gráfico 2)

Gráfica 2. Colombia. Crecimiento anual de la producción real y la ocupación total del sector manufacturero 2005 - 2012


Fuente: Dane, 2013

El declinar a la política industrial, el optar por la neutralidad de la política como opción de crecimiento económico y en particular de la industria, el concebir que es el mercado y las exportaciones los que seleccionan las ventajas competitivas dinámicas sobre las cuales se mejora la inserción de la economía colombiana a los mercados globales, le ha representado al país involucrarse en los caminos más ortodoxos de la teoría dominante, con la exigencia y el beneplácito de los EEUU, de los organismos multilaterales y las empresas transnacionales. Pero con ello ha renunciado a la industrialización como soporte a su crecimiento y desarrollo, a poder ubicar, seleccionar y priorizar los sectores productivos que le permitirán alentar a empresas, a los empresarios, a generar los proyectos industriales que podrían permitir generar valor, crecer, distribuir riqueza y posibilitar el mejor estar de las sociedades, de crear puestos de trabajo decente que dinamicen, además el consumo y aporten a la seguridad social.

Y esto no ha sido solo con la industria, también se podría plantear que al sector agropecuario le ha venido pasando igual, la falta de políticas concretas necesariamente conduce a que se tenga que salir a cubrir con subsidios crisis sectoriales como la de los cafeteros. Está muy bien que se contribuya a que 550.000 familias puedan solventar los problemas que tienen dadas las condiciones de los precios internacionales; pero habrá que buscar soluciones de fondo, estructurales, que van más allá de los subsidios o de realizar mejoras en la productividad (como lo plantea el ministro Cárdenas que habla como si no conociera el tema) en un sector donde la tecnología ha servido para resistir a las plagas, pero por más que avance la ciencia, la producción cafetera se realiza de la misma manera que hace 100 años lo hacían los abuelos, se obtiene dos cosechas al año y para acabar de ajustar se produce en colinas y siendo intensivos en mano de obra.

Haberle dejado la industria al mercado, solo se ha posibilitado que la gran empresa, especialmente las empresas transnacionales tomen posesión sobre los mercados internos (parece una sin razón, al país le importan los mercados externos y a los inversionistas internacionales el mercado interno), basados en un modelo de desarrollo que prevalece al gran capital, en un país donde el 99% de las empresas son micro, pequeñas y medianas (mipymes), siendo los microestablecimientos, de acuerdo con cifras del Dane, el 96.2%.

El aporte de la Mipymes al país es significativo, se estima que estas contribuyen con el 39% de la producción del país y cerca del 63% del empleo. El aporte en las exportaciones totales colombianas alcanza a ser del 20%. De acuerdo con Confecámaras, el nivel de informalidad empresarial (dado por la falta de registro mercantil) asciende a 57.1%. Pero para este sector no hay políticas concretas, a pesar de que hay normativas al respecto, los accesos a subsidios y recursos son difíciles dado el nivel de informalidad y cuando se piensa en reformas como la tributaria, la igualdad entra en detrimento de los más pequeños.

La característica de la producción en las “industrias fuertes” para la exportación (alto valor agregado) o destinadas a controlar el consumo del mercado interno, es precisamente que están en manos de empresas transnacionales, con alta productividad e incluso con una capacidad instalada superior a los requerimientos, que incluso las ha llevado a reducir plantas en el territorio nacional, por lo cual no se debe esperar que ellas se conviertan en apalancadoras del crecimiento y desarrollo del país.

Pero la debilidad del tejido industrial y la cada vez mayor dependencia  a los mercados externos (en Colombia la producción industrial se sigue produciendo con un gran componente de materias primas importadas y obviamente con maquinaria y tecnología foráneas) la hacen más vulnerable a los cambios en el entorno, al manejo cambiario y a decisiones unilaterales de otros países.

Esto debería conducir a la reformulación de la política cambiaria, al manejo administrativo de la entrada de capitales e incluso del valor del dólar; del acceso a crédito interno “barato” y al replanteamiento de  los acuerdos comerciales, en la búsqueda de eliminación de asimetrías, entre industrias y mercados. Así como profundizar los compromisos con el mercado natural (Centro y Sur América) que son los destinos que han servido en realidad para apalancar el crecimiento de las exportaciones en los últimos años.

Una estrategia de crecimiento y desarrollo basada en los mercados externos, con una estructura empresarial débil, necesariamente mantendrá al país en unas condiciones precarias. Encontrar caminos que conduzcan a un fortalecimiento real del sector manufacturero, apoyando procesos de sustitución de importaciones, definir con claridad y decisión los sectores a fortalecer y apoyar que permitan ampliar las dinámicas empresariales, junto a una política clara de promoción a la asociatividad y a la cooperación empresarial en busca del aprovechamiento de economías externas y de escala serán sin duda estrategias que no dan espera.

La apremiante necesidad de fortalecer el mercado interno y junto a él mejorar las condiciones de precariedad del trabajo y por lo tanto de los ingresos, deberían ser los complementos a la estrategia exportadora de la que se espera, ingenuamente, que por sí sola, lo que no ha sucedido jamás en ninguna economía, produzca el milagro del desarrollo.

Sin embargo, aunque todo esto puede ser posible, y para ello se requerirán cambios de mayor decisión y compromiso con la estructura productiva del país, se seguirá sobre el sendero de la desindustrialización, así que nadie se sorprenda. El camino se trazó hace más de dos décadas y se marcha con disciplina económica, tal y como siempre lo ha hecho Colombia, por los caminos equivocados que suele trazar el libre mercado.

Edición N° 00342 – Semana del 8 al 14 de Marzo de 2013
 
 
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