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Refrendación de los acuerdos de paz

  Héctor Alonso Moreno
  Profesor asociado – Universidad del Valle
   
 

En la historia de los conflictos armados en el mundo casi siempre el tema de la refrendación o el denominado escenario de legitimación de los acuerdos, ha sido un punto que se logra por consenso al final de las conversaciones entre las partes. La experiencia ha demostrado que a este punto se llega producto de las relaciones de confianza que se van construyendo en el transcurso de las negociaciones y no como parte de una negociación puntual sobre el tema.

Es decir, el cómo presentar los acuerdos finales a la consideración de la opinión publica y política del país es mas producto de una idea de consolidar lo pactado. Si se quiere, es más una estrategia para ampliar el respaldo de los acuerdos y lograr mayores consensos frente a lo acordado en meses de negociaciones. No es pues fruto de una negociación en la mesa, en la cual, sin duda alguna, una parte debería hacer concesiones a la otra frente a las pretensiones políticas y programáticas de la contraparte.

De ahí que el pretender por parte de la guerrilla y el Gobierno polemizar públicamente acerca de cual será el mejor mecanismo para llegar a la refrendación de los acuerdos, o si se quiere, de la mejor forma en que democráticamente deberán ser refrendados por los colombianos esos acuerdos, es discutir alrededor de un remolino, y enfrascasen en una polémica política, de la cual, en este momento de las conversaciones no seria posible salir con facilidad.

Reitero que el tema de la refrendación hay que construirlo en un escenario político de consensos y de gana-gana. No puede pretenderse definir mecanismos de legitimación en plena negociación programática; negociaciones que seguramente al final, llevaran implícito unas necesarias reformas al ordenamiento constitucional colombiano; y mucho menos se pueden definir caminos de legitimación sin medir todavía los avances concretos de los acuerdos. Hay que mirar hacia el horizonte para poder construir el mejor escenario de refrendación en los cuales se garantice que los acuerdos sean validados en función de los intereses de ambos sectores en la negociación, y en particular, en favor de los intereses del pueblo colombiano. Lograr un consenso acerca de cual es el mejor camino seria lo ideal; lo cual, necesariamente implicará acudir a un mecanismo ya consagrado de carácter constitucional.

Es preciso advertir que la Constitución Política de 1991 estableció en su artículo 374 tres formas mediante las cuales se podrá reformar la constitución política en el marco del Estado Social de Derecho: por medio del Congreso, de una Asamblea Nacional Constituyente o del Pueblo mediante un referendo constitucional aprobatorio. Los anteriores mecanismos de reforma a la constitucional política son los únicos medios legales que se contemplan en el ordenamiento democrático de nuestro país; son entonces los únicos mecanismos que existen para refrendar los acuerdos de la Habana entre la insurgencia armada y el gobierno nacional. Ningún otro medio es valido desde el punto de vista constitucional, pero tampoco; ningún medio claramente definido y establecido por la constitución para su reforma puede ser dejado aún lado, o no ser tenido en cuenta para tal propósito.

De ahí, que preferir una Asamblea Nacional Constituyente como es el deseo de la guerrilla, o un referendo aprobatorio como es la propuesta del Gobierno Nacional expresada por el presidente Santos, son ambos caminos perfectamente legales a la luz de la Constitución Política colombiana. Lo que es autoritario y esta lejos del espíritu de la constitución de 1991, es el hecho de manifestar que no es posible refrendar los acuerdos desconociendo que una Asamblea Nacional Constituyente es un mecanismo consagrado en la Constitución. El planteamiento que le hemos escuchado al gobierno en los últimos días de no contemplar una constituyente, es por demás, autoritario e inconstitucional. Creo que al Gobierno Nacional no le queda bien decir, el cómo NO se deben legitimar los acuerdos, pues no es políticamente aconsejable ni democráticamente posible  desconocer y descalificar mecanismos que la propia constitución precisa como posibles vías para reformar el texto superior. (Congreso, Constituyente y Referendo).

Es necesario que las partes comprometidas en las negociaciones en La Habana-Cuba, avancen en concretar los acuerdos y luego muy seguramente producto de las conversaciones cotidianas entre ambos actores (Gobierno y guerrillas) se irán dando cuenta que son tan importantes los temas acordados que se llevarán a la refrendación de los colombianos; que el mecanismo constitucional que se escoja poco importará. El Gobierno Nacional y los insurgentes deben acordar y coincidir, que independiente de un mecanismo cualquiera de legitimación, lo importante será  salir a defender juntos ante la nación y la comunidad internacional los acuerdos suscritos por las partes.

Creo que la posibilidad de concretar finalmente los acuerdos que pongan fin a más de cincuenta años de violencia y de desangre nacional es más importante que la discusión acerca de cual deberá ser el mecanismo adecuado: El fin justifica los medios.

Los acuerdos entre las partes deberán ser de tal magnitud, fortaleza y sensatez política, económica y social, que el sólo anuncio al país de los pactos acordados  en la mesa de negociaciones, servirá para que ellos ( los acuerdos) se defiendan por si solos, y susciten de forma inmediata el apoyo y la solidaridad de todos los colombianos, quienes masivamente deberemos concurrir a legitimar lo pactado por cualquier mecanismo constitucional que se escoja; bien sea, por medio de una Asamblea Constituyente, o por medio de un referendo, o aún, si es del caso, por disposición del propio congreso nacional. Lo esencial, al fin de cuentas, es poner fin al conflicto político armado colombiano y que todos al unísono defendamos lo acordado en La Habana.

Edición N° 00343 – Semana del 15 al 21 de Marzo de 2013
 
 
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