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Un sueño con futuro incierto

  Rubén Sánchez David
  Politólogo – Profesor Universidad del Rosario
   
 

Desde la muerte de Hugo Chávez se ha suscitado un debate internacional sobre sus repercusiones en el hemisferio americano y la persona llamada a tomar el relevo de su proyecto político en la región. En efecto, la gran influencia que el mandatario ejerció en su país y en América Latina hace inevitable que los análisis derivados de su desaparición se orienten a tratar de escudriñar las consecuencias de su ausencia. Como lo dijera José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA, “Chávez ha dejado un vacío muy grande” y no parece asomarse en el horizonte un heredero que de cabal seguimiento a los deseos del desaparecido presidente por lo que probablemente el proyecto no tenga sucesor.

Terminado el duelo ha comenzado la carrera hacia el Palacio de Miraflores; ésta alcanzará su clímax el día de las elecciones, el próximo 14 de abril cuando se conozca el nombre del ganador si bien la derrota de la oposición al régimen parece previsible. Nicolás Maduro, el ungido presidente encargado y candidato a sucederse a sí mismo no tendrá rival pero deberá enfrentar condiciones muy difíciles para mantener el modelo instaurado por su mentor.

El presupuesto de base de cualquier análisis sobre la herencia política de Chávez es que habrá chavismo sin Chávez. La pregunta es por cuánto tiempo. Pocos dudan de la vocación social del desaparecido dirigente y de sus sucesores pero muchos son los que ponen en tela de juicio la sostenibilidad del proyecto y de ello depende si el chavismo sin Chávez podrá organizar un gobierno estable y duradero.

Nicolás Maduro será el sucesor de Chávez en Venezuela y su primera tarea será poner orden en una economía traqueteante que necesita ser reanimada; de lo contrario, el sueño bolivariano no sobrevivirá. Ahora bien, de la consolidación del chavismo sin Chávez depende no solamente la supervivencia del régimen sino también su influencia en el continente, circunstancia que está atada al éxito o al fracaso de la economía venezolana cuyo estado está en entredicho.

El peso de Chávez tuvo dos grandes fuentes: su discurso político, claramente antiimperialista y la enorme capacidad financiera proveniente de los ingresos petroleros de Venezuela que le permitieron acudir al rescate de gobiernos o candidatos que prometían impulsar el sueño bolivariano. Chávez encarnó la oposición al Consenso de Washington, contribuyó a hundir el proyecto de Asociación de Libre Comercio de las Américas (ALCA) presentado por George Bush J. con ocasión de la Cumbre Hemisférica de Mar del Plata en 2005, estableció una fuerte alianza con Cuba y Nicaragua y fue el gran inspirador de la creación del ALBA.

El gran beneficiario de la política exterior de Chávez fue Cuba, país que cubre 60 por ciento de sus necesidades energéticas con el petróleo que recibe de Venezuela a precio subsidiado, al igual que Nicaragua. En consecuencia, razones existen para pensar que la alianza se mantendrá, pero como lo manifestara el ex guerrillero salvadoreño, Joaquín Villalobos, “No es lo mismo el binomio Fidel/Chávez que el de Raúl Castro/Nicolás Maduro”. De hecho, Raúl Castro no tiene ni la edad ni la legitimidad electoral para reivindicar el liderazgo que se requiere.  En cuanto a Daniel Ortega, no tiene recursos para imponer sus puntos de vista toda vez que gobierna uno de los países más pobres de la región y no goza de buen cartel.

Muerto el caudillo venezolano, se abre una ventana de oportunidad para que otros dirigentes de la región asuman el liderazgo del proyecto de integración tal como lo soñó Chávez pero todo está listo para que América Latina entre en una nueva era.

En primer lugar, ha cambiado la geopolítica del continente lo cual se expresa en la creación de varias organizaciones supranacionales en América Latina, alejadas del patronazgo de los Estados Unidos y de la OEA pero sin ánimo confrontacional como la Comunidad Suramericana de Naciones, UNASUR, la CELAC y la Alianza Pacífico, resultado de una nueva conciencia regional.

En segundo lugar, se podría buscar el heredero en Bolivia o en Ecuador cuyos dirigentes han reproducido algunos vectores de la revolución chavista; sin embargo, aunque históricamente tienen derechos a llenar el vacío dejado por Chávez, carecen de base demográfica y económica para asumir el reto. Cabría pensar en la presidenta de Argentina pero pocos piensan que esté llamada a hacer creíble la continuidad del bloque. Caso distinto el de Brasil. Lula y Dilma Rousseff han preferido adoptar el rol de mediadores naturales entre Occidente y el radicalismo latinoamericano y aunque nunca confrontaron las políticas de Chávez, su sola presencia en el grupo dejaba al descubierto las contradicciones del socialismo del Siglo XXI.

En síntesis, la geopolítica en la que se movía hábilmente Hugo Chávez está en la almoneda. Venezuela, con un enorme déficit fiscal, deuda e inflación tiene menos capacidad de ayuda y, al parecer, se avecinan cambios. La pregunta que surge entonces es si el chavismo se consolidará como una especie de priismo o peronismo  venezolano o si su existencia estuvo ligada a la presencia de un gran líder sin herederos.

Edición N° 00343 – Semana del 15 al 21 de Marzo de 2013
 
 
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