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Otra mirada a la gestión administrativa del alcalde Gustavo Petro

  Alberto Anaya Arrieta
  Economista y teólogo
   
 

La mayoría de enfoques, escriben o hablan del amor, con una visión sexual o romántica, según sea la cultura o ideología. Por otro lado, y específicamente en la cultura occidental, es la concurrencia y unión de sentimientos y emociones. Para otros, en cambio, el amor es todo lo anterior y muchos más. El amor es construir vida e historia colectiva en alegría, paz y no violencia, es servir y amar al prójimo, es amarse a sí mismo también. Ahora, en el caso particular, en el contexto de la política distrital Bogotá Humana, la anterior afirmación encuentra acogida, porque el amor es concebido como una política de entendimiento, razón y proceso de racionalidad humana. Es decir, que podemos aprender a amar en cualquier momento de la vida, si estamos dispuestos a dedicarle el tiempo, la energía y la práctica necesaria; es compartir nuestras emociones, sentimientos y experiencias con los demás, para hacer de Bogotá una ciudad con bajos índices de desigualdad y discriminación social, y en consecuencia con menos violencia y más participación comunitaria; es decir, que la ciudad sea un punto de encuentro de todos los ciudadanos.

Estos factores, los deberíamos entender de la siguiente manera: Primero, dialogar, es generar procesos y habilidades de entendimiento mutuo; segundo, es tener la capacidad de pensar, de construir o de apropiarnos de conceptos, ideas…; y tercero, teniendo en cuenta que la realidad es dialéctica, es decir, siempre está cambiando y es acumulativa, debemos impulsar procesos que fortalezcan constantemente nuestros pensamientos, sin perder de vista el horizonte que nos hemos trazado.

En este sentido, el programa de gobierno del alcalde Gustavo Petro, marcó un nuevo camino y muchas de sus propuestas han sido referente nacional. La política del amor como entendimiento, razón y proceso de la racionalidad humana, imprimió el fundamento que ha permeado toda la política y gestión de su administración. Un modelo y una propuesta distinta a las políticas públicas que hemos conocido durante dos centurias. Esto hace distinta la gobernanza del Alcalde Petro.

En consecuencia, el Plan de Desarrollo Bogotá Humana 2012-2016, está blindado por el espíritu de la política de entendimiento, razón y racionalidad humana, porque como dice el alcalde Petro, “no se puede discutir una carta de navegación como es el desarrollo de la capital sin mecanismos de entendimiento”, esto significa, una política pública que define y actúa claramente en favor del individuo y la colectividad; que  propone, funciona y se fortalece en el servicio a los demás, que transforma la realidad social, solucionando las necesidades básicas de sus ciudadanos; que es propositiva, dinámica y planeada; una política pública humanitaria, incluyente, ecológica, justa y con calidad de vida. Es decir, una ciudad moderna y sostenible.

No en vano, los vientos progresistas y humanitarios que vienen galopando en franca lid, desde Administraciones Distritales anteriores, han vuelto sus ojos hacia la persona y la sociedad, dando los primeros pasos en dirección a una política humanitaria, social y equitativa. Es un proceso que lentamente está dejando de ser un discurso, para convertirse en una realidad, porque en últimas, el propósito de la gobernanza es centrar todos sus esfuerzos y recursos físicos y humanos en la atención y servicio del ciudadano y de la comunidad, generando las condiciones necesarias para que la persona goce de una verdadera atención integral. Esta realidad, que poco a poco va tomando forma, ha sido el resultado de la participación comprometida y consecuente, por parte del constituyente primario, que finalmente es quien define y decide una política social distinta, o continúa apostándole a la retórica histórica de los que piensan y actúan creyendo que la política es el arte propicio para organizar mafias, para saquear los recursos y para depredar las administraciones públicas.

Es en este contexto, humano y progresista, que viene trabajando la administración del alcalde Gustavo Petro, desde la aprobación del Plan de Desarrollo Bogotá Humana. Una gestión administrativa, que basada en el amor, vela por el interés del Distrito Capital y su población. Por consiguiente, hacer realidad este Plan de Desarrollo, es construir vida y redireccionar la política pública hacia los intereses de todos y no hacia unos pocos, como tradicionalmente ha sido. En el marco de esta iniciativa gubernamental, el Plan de Desarrollo actual, es una ideología, un modelo y una propuesta de gestión pública, cuyo objeto es implementar, desarrollar y fortalecer una ciudad que supere la segregación y la discriminación social, un territorio que enfrente el cambio climático y se ordene alrededor del agua,  y por último, una Bogotá en defensa y fortalecimiento de lo público. Es dentro de esta perspectiva que la Administración Distrital, en cabeza de los secretarios de despachos y entidades adscritas al distrito, está diseñando y desarrollando estos tres ejes del Plan.

Pero la cosa pública distrital no es tarea fácil. El Alcalde Petro recibió una administración en crisis y saqueada por servidores públicos que nada tenían que ver con una política humanitaria, incluyente y justa. Recibió una ciudad, en estado de coma, producto del manejo de las mafias que históricamente nos han gobernado. Por esta razón, en quince meses, o cuatro años de gestión pública, es imposible enderezar el camino que ‘diligentemente’ ha trazado la corrupción para sus fines lucrativos, ambiciosos y egoístas. Pero esto no lo ‘entienden’ los líderes y voceros de los partidos y movimientos que tradicionalmente han heredado y gobernado a Bogotá, como tampoco lo ‘entienden’ los poderosos medios masivos de comunicación, que irresponsablemente vienen despotricando de la actual administración.

Ahora, tampoco pretendo desconocer los desaciertos e improvisaciones del actual gobierno distrital. Pero como he escrito en anteriores ocasiones, cuando se trabaja consecuente y transparentemente en bien de la ciudad y de su gente, se acierta y se cometen errores; pero la entereza y sabiduría del reconocimiento de las equivocaciones, es actuar en conciencia con las dinámicas y procesos de la realidad, por ende, hace que públicamente también se enderecen los procesos y la ciudadanía esté enterada de las correcciones.

Todo el país político está muy pendiente de este proceso organizado por los Progresistas en Bogotá. Lo que se haga o se deje de hacer, es un referente para los movimientos y grupos regionales interesados en la vida y el bienestar de las personas; así mismo, es un referente para las autoridades locales y regionales. Este proceso humano y liberal, teológica y filosóficamente hablando, es sólo un grano de arena, en la consolidación de una Bogotá Humana, inspirada en la política del entendimiento, la razón y el proceso de racionalidad humana; es decir, una política de amor hacia los más débiles y necesitados, en esta ocasión hacia los marginados, desposeídos y excluidos.

Edición N° 00344 – Semana del 22 de Marzo al 5 de Abril de 2013
 
 
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