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En la Paz cabemos todas y todos ¿En la salud también?

  Mauricio Torres – Tovar
  Médico – Salubrista
   
 

A la memoria del profesor Edgar Mendoza Villalobos

Una vez desemboque por la calle 22, me tope con una enorme masa de gente que ya colmaba toda la carrera 7. La sensación inmediata que tuve fue de deslumbramiento, no imaginé encontrarme con esa enorme y vital marea de gente.

Vi gente de todos los colores, tamaños, vestidos y géneros. Al desembocar en la calle 22 en su esquina suroccidental había un grupo de indígenas paeces, con sus lindas y coloridas vestimentas, hablando en su idioma originario. Ya sobre la carrera séptima había una columna de un Colegio Distrital y otra de un sindicato marchando. Más adelante me tope con rostros campesinos a los que les pregunte de dónde venían y unos me respondieron que de Arauca, otros que de Guainía y otros más que del Meta.

Cuando avance encontré rostros de gente de las costas nuestras, con sus pieles oscuras y acentos característicos. Y vi muchas mujeres, niños y niñas. Una columna de los campesinos del Sumapaz con su pancarta de SINTRAPAZ, otra del partido Mira, una más del movimiento LGTBI y otra más de jóvenes raperos.

Tres jóvenes marchaban como trillizos siameses con el torno desnudo y en la espalda de cada uno estaba una letra para completar la palabra P  A  Z. También un grupo de muchachas con sus torsos desnudos pintados, en un ritual inacabable de leer nombres de personas desaparecidas.

La marcha era un carnaval con comparsas, pantomimas, saltimbanquis, mujeres mayores danzando, grandes muñecos bailando, batucadas. Imaginé que este era el carnaval que Bogotá nunca ha tenido y que merece, e imaginé que esto es la paz precisamente, un goce colectivo con expresiones lúdicas, artísticas, sociales y políticas múltiples que no se anulan, si no se complementan y potencian.

La paz sin las mujeres no es posible, decía uno de los logos de las camisetas. Otro decía yo creo en la paz, otro paz con justicia social y otro más en defensa de lo público en defensa de las víctimas. Además de las cientos de miles de camisetas con el logo de Marcha Patriótica. En estas camisetas se evidenciaba la diversidad de concepciones, intereses y apuestas que se tienen por la paz en Colombia.

Esta multitudinaria marcha por la paz evidencia que es un tema socialmente sensible, que logra convocar de manera amplia la voluntad de las muy diversas expresiones sociales, políticas y culturales de nuestra sociedad.

A pesar de los diversos intereses de quienes convocaron esta marcha, a pesar de las diversas maneras en que se entiende que es la paz, lo cierto es que hoy la sociedad colombiana en su mayoría desea una cesación del conflicto armado que involucre tanto a la insurgencia como a las estructuras paramilitares y a las fuerzas militares del Estado, que desemboque en una paz, bien sea a secas o bien sea con justicia social.

Al ver todo esto que relato, me surgió de nuevo la pregunta de porqué el tema de la salud no logra una sensibilización y movilización social como ésta, a pesar de estar hace ya bastante tiempo en una condición de tanta precariedad generalizada en la prestación de los servicios de salud y en las condiciones de salud.

Y como lo dicen experiencias en otros países, tal vez quienes luchamos y nos movilizamos por el derecho a la salud en el país requerimos entender que de no vincular el tema de la salud con un tema de mayor sensibilidad social, la discusión va a seguir reducida a espacios limitados, muy especialmente de orden gubernamental y parlamentario.

Tal vez en Colombia, recogiendo el ejemplo del movimiento sanitario brasilero que vinculó su acción política de lucha por el derecho a la salud con la lucha amplia de la sociedad por la democratización, se requiere vincular la lucha por el derecho a la salud con la lucha por la paz.

Si esto es así, el tema de la garantía del derecho a la salud debe ser entendido en clave de paz, que significa que de no garantizarse condiciones para el conjunto de la población que le permita resolver sus problemas de salud cuando lo requiere y contar con condiciones que generen bienestar, vida digna, seguirán existiendo razones sociales que mantienen el conflicto en el país.

Los sectores proclives al derecho a la salud se la vienen jugando por crear un nuevo modelo de salud, por lo cual han presentado el proyecto de ley ordinario 233 en contraposición al proyecto de ley 209 del Gobierno Nacional. Esta iniciativa, que tiene un sustento adecuado e iniciativas que se pueden hacer realidad para desaparecer la intermediación financiera, poner el acento en los problemas de salud y no en los problemas financieros del sistema, desarrollar una estrategia de promoción, prevención y atención en salud de base poblacional y territorial y recuperar el control del sistema de salud por parte del sector público, sólo será viable con expresiones de movilización contundentes como las de este pasado 9 de abril y con acciones políticas que ubiquen el tema de la salud con fuerza tanto en la agenda de negociación de paz como en la agenda de debate público nacional.

Lograr estos niveles de movilización pasa por ganar enorme sensibilidad social hacia el tema sanitario. La idea de que sin garantía del derecho a la salud no es posible la paz, debe convertirse de manera generalizada en un corrillo diario de pasillo.

Edición N° 00346 – Semana del 12 al 18 de Abril de 2013
 
 
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