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Homofobia ahora, medalla luego

  Shangay Lily
  Feminista, escritor, actor y activista
   
 

El matrimonio homosexual ha sido aprobado en Francia, convirtiéndolo en el decimocuarto país que aprueba la unión de personas del mismo sexo con derecho a adopción. Es un triunfo de la libertad, pero a los cinco segundos la derecha francesa hace "un PP" y anuncia un recurso en el Tribunal Constitucional galo.

No habiendo bastado el circo manufacturado que la Iglesia y sus lacayos han montado y exportado a la cuna de la Ilustración, ahora también van a intentar mantener vivo ese lucrativo negocio del odio, a pesar de las innegables evidencias de que la sociedad hace mucho que ha aceptado la igualdad y no cree en la discriminación.

¿Y entonces, de dónde ha salido esa patulea homófoba y retrógrada que pululaba por París babeando odio e incluso ha llegado a agredir salvajemente a gays?, me preguntan muchos amigos. Su sorpresa viene de que Francia, un país vendido como laico ejemplar, que siempre ha parecido tan avanzado, cobije estas hordas reaccionarias. ¿Realmente la sociedad francesa está dividida? Eso es lo que la Iglesia ha querido hacer creer con su entramado de falsas organizaciones como denunció Le Monde, desenmascarando la trama de "cáscaras vacías" que la Iglesia Católica (y unas cuantas más, para odiar sí están de acuerdo) habían montado. La Iglesia, como los especuladores, sólo sobrevive en un ambiente crispado, polarizado y simplista. Su enorme negocio necesita ese caldo de cultivo primario: dicotomías, buenos y malos, santos y pecadores, condenados y perdonados...

Lo que la gente no comprende es que para la Iglesia (la promotora de todas estas embestidas homófobas) lo importante no es el matrimonio homosexual, saben perfectamente que esa batalla no se va a poder ganar, al igual que los derechos civiles de los negros o el voto femenino es un avance imparable, lo importante para la Iglesia es utilizar estas batallas para promocionarse. Crear grupos polarizados que se refuercen ante un enemigo sencillo, claro e identificable. No es muy distinto a lo que hizo Hitler con los judíos. No hay mayor factor conglomerante que un enemigo. En dinámica de grupos es el único mecanismo que refuerza el ingroup, la pertenencia: tener a un enemigo al que odiar: el outgroup.

Al igual que Madonna cuando utiliza pequeñas polémicas para promocionar sus giras, la Iglesia está utilizando estas luchas por los derechos humanos para promocionarse. Lo importante no es si consiguen detener el avance de la sociedad, saben que no van a poder, lo importante es que su papel como reaccionarios, adalides de la tradición, el inmovilismo (un sentimiento muy cómodo para ciertos sectores desbordados ante los cambios) y la reacción. Por eso han enviado todas sus fuerzas a Francia a intentar conseguir una visibilidad, una promoción, que, al igual que en el caso de las giras de Madonna, les permite que mucha gente sepa que están ahí y, sobre todo, algunos de ellos hagan jugosas donaciones. Es un negocio, el negocio del odio. Y en Francia hay mucho dinero que sacar.

Este permanente estado de acoso que la Iglesia mantiene frente a los homosexuales queda patente en Bélgica. A pesar de que fue el segundo país del mundo en aprobar el matrimonio homosexual, la cúpula católica insiste en insultar, humillar e intentar interferir en la normalización de los homosexuales. Esta continua interferencia en la política llevó a las activistas de FEMEN a arrojar agua bendita al jefe de la Iglesia católica belga. Las activistas mostraban su rechazo contra las manifestaciones del arzobispo André-Joseph Léonard contra la homosexualidad, que han causado polémica en varias ocasiones. Sus constantes intentos de tildar de enfermos, aberraciones o delincuentes a los homosexuales ya le han valido varios tartazos en el pasado. Pero la Iglesia no se resigna y sigue difundiendo el odio hacia la comunidad LGTB rayana en lo ilegal.

Por otro lado, anoche en Colombia se libraba la misma batalla. Se votó en el Senado la iniciativa que permitiría el matrimonio entre parejas del mismo sexo, pero el Senado colombiano no aprobó la iniciativa. La votación quedó 51 votos en contra y 17 a favor. La presencia de la Iglesia consiguió frustrar un avance que no podrán detener mucho más.

Del caso colombiano sólo quiero compartir la defensa que del matrimonio igualitario hizo la congresista Ángela Robledo. Una mujer lúcida, digna, valiente y generosa. Su intervención se resume en sus palabras iniciales: "Creo que negar el matrimonio igualitario, para mí, si es un acto de violencia". Creo que su defensa se debería estudiar en los colegios y universidades, pocas veces he visto una claridad igual:

Por supuesto, a su intervención antecedieron y siguieron aluviones de cristofascistas apelando a la ignorancia, el odio y la Biblia. Porque en Colombia la religión (Católica y los temibles evangelistas) tiene secuestrado al estado. La Iglesia defiende su negocio en América Latina. Por supuesto, sus mejores matones son la derecha, pero, por desgracia, hasta la izquierda está tomada por una religión ignorante, manipuladora y simplista. Ha sido la herramienta para mantener al pueblo pobre y resignado. Pero ese odio como negocio es una prerrogativa de la derechona. En Latinoamérica y aquí. Hacen todo lo posible por detener el progreso, hacer retroceder los derechos de la mujer y los homosexuales; recortar las libertades y devolver al pueblo al pasado.

Lo han hecho siempre. Ya sabemos la lucha contra los derechos de la mujer, contra los derechos de los negros, contra los derechos de los indígenas, contra los derechos del obrero, contra los derechos de avanzar como una sociedad equitativa. Ellos defienden la brecha entre ricos y pobres, heterosexuales y homosexuales, hombres y mujeres, blancos y negros, asiáticos, indios... La brecha que quieren mantener hasta que ya se inevitable.

Dentro de unos años, todos estos de la derecha y la Iglesia que han impedido y destruido cada avance se pondrán la medalla de la homosexualidad y reinventarán mil historias de cómo fueron ellos los que realmente lucharon por la libertad de la comunidad LGTB. Borrarán, en sus mil medios de comunicación y propaganda, la ofensiva salvaje, irracional, inhumana que están librando por detener la evolución de los derechos humanos. Lo que han hecho siempre, vamos. Lo que hicieron con la liberación de la mujer, los derechos civiles y la pobreza. De repente ellos tendrán una compasión incomparable hacia los "pobres" homosexuales que demostrarán, como hacen con los excluidos o las mujeres, manteniendo el estigma y la discriminación por un lado y una hipócrita asistencia limosnera por el otro. La asistencia limosnera justa que nunca consiga apagar el fuego de odio en el que lentamente los vayan cociendo. Lo de siempre, vamos.

El negocio del odio.

Edición N° 00348 – Semana del 26 de Abril al 02 de Mayo de 2013
 
 
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