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Y ahí estaban ellas...

  Héctor Alonso Moreno
  Profesor asociado - Universidad del Valle
   
 

Cuando el hoy vicepresidente Angelino Garzón era gobernador del Departamento del Valle del Cauca se desarrolló un participativo proyecto para la inversión pública a través del programa de audiencias sociales. En el marco de dicha política social visitamos en aquella ocasión todos los municipios del Valle del Cauca y varios corregimientos de las más apartadas zonas. Recuerdo a Barragán y Santa Lucia; corregimientos ubicados en las cumbres de la cordillera central en donde estaba, en aquel entonces, un campamento de Pablo Catatumbo, uno de los jefes de las FARC. Esto no fue óbice para que el gobernador Angelino, con mayor razón, realizara en estas inhóspitas cúspides Vallecaucanas una de sus múltiples audiencias sociales.

En una ocasión Angelino dio la orientación de preparar una audiencia en Puerto Merizalde; una apartada región del litoral Pacífico Vallecaucano a orillas del rio Naya  caracterizada por tener una iglesia más grande que su propio caserío. Recuerdo que llevamos casi a la totalidad del gabinete departamental, al cual, previamente, les habíamos solicitado tener destinado techos presupuéstales para invertir en esa lejana región de la periferia del municipio de Buenaventura.

Un grupo del gobierno encabezado por Angelino y su esposa Monset arribó a Puerto Merizalde -por seguridad- en un  helicóptero de la fuerza aérea horas después de que ya habíamos llegado en lanchas rápidas de la Armada Nacional quienes teníamos la responsabilidad de hacer los preparativos para el desarrollo de las audiencias, y concretar los primeros preacuerdos y líneas generales de inversión con las comunidades a fin de hacer más eficientes las discusiones en el marco del desarrollo de la audiencia social. Recuerdo, que como responsable que era del gobierno para las audiencias sociales me tocaba entre otras funciones; una muy elemental: acordar con las comunidades el orden del día de la audiencia y el protocolo de las intervenciones por sectores sociales. Lo primero que exigió la comunidad de Puerto Merizalde fue que después del himno nacional, ellos interpretarían su himno de la comunidad afro descendiente.

Acordado lo anterior, una simpática monja se me acercó y me manifestó en tono amable; pero firme, que los helicópteros habían destechado algunas casas al aterrizar en un lugar aledaño a la Iglesia, y que con tal motivo, deberíamos incluir en la audiencia los recursos para resarcir el daño causado, a renglón seguido; me manifestó que como al gobernador le gustaba mucho el tinto - así se lo había manifestado la jefe de protocolo- hacerlo no era posible debido a que no había luz en el municipio puesto que la planta se había dañado y ya era inservible, y que lo que deberíamos de hacer era incluir también una partida presupuestal para una nueva planta de luz para el pueblo.

Antes de que esta monja siguiera con sus reclamos y su pliego de peticiones busque un pretexto para culminar mi conversación con ella - la tome del hombro y le dije: Monja, vamos que conversando en la audiencia obtienes más cosas-, asegurándole que el tema de los techos y el tema de la planta de luz serían considerados en la audiencia y comprometiéndome de paso a buscar los recursos necesarios. Conociendo yo a Angelino, sabía que él estaría de acuerdo con ese acto de asignación de recursos del gobierno departamental para tales efectos. Así fue, Angelino no solo estuvo de acuerdo con esos reclamos, como era natural, sino que concertó con la comunidad importantes recursos para educación, salud, saneamientos básicos, medio ambiente, seguridad ciudadana, etc. Hoy día, Puerto Merizalde cuenta de nuevo con su planta de luz.

En el desarrollo de la audiencia fui testigo del liderazgo y el respeto de que gozan estas monjas entre las comunidades afro descendientes y los nativos indígenas del pacifico vallecaucano. Ellas, no son solo un apoyo espiritual para estas poblaciones, son también, agentes participativos que estimulan la transformación, el cambio, y el crecimiento integral de estas comunidades. Cantaron con ellos su himno en el que se destacaban estrofas de un gran sentido libertario, es un bello himno de resistencia y esperanza que llamo mucho la curiosidad del propio Angelino: era como La Internacional de los Afrodescendientes.

Las Lauritas, no sólo dan ejemplo de vida con sus votos de pobreza, castidad y obediencia, sino también son un ejemplo, de lucha y valor que estimula el trabajo en equipo y la solidaridad de las comunidades potenciando sus capacidades. Su entrega al trabajo de base es desinteresado y evangelizador; parte de su apuesta es hacer del sufrimiento de estas comunidades una esperanza de vida mediante la cooperación y el trabajo comunitario.

Ahí estaban ellas, metidas entre las gentes con sus botas pantaneras acompañando los justos reclamos de las comunidades. Solidaridad que les ha costado en ocasiones el infame señalamiento de ser auxiliadoras de la guerrilla. Ahí permanecen ellas, recorriendo a diario los ríos Sanjuán, Raposo, Naya y Anchicaya, y los diferentes y bellos esteros del Pacifico colombiano. Recorren también cordilleras y caminos de varios países acompañando a los indígenas y a los afro descendientes en su lucha para que en esta vida puedan alcanzar su propia liberación.

Al abordar el helicóptero de regreso y al despedirme de la monja, me dijo: Señor, Nosotras no somos monjas; nosotras somos hermanas: Las hermanas lauritas, hijas de la madre Laura. Que no se le olvide.

Felicitaciones Lauritas por la canonización de una nueva Santa de los indígenas y los afro descendientes: La Santa Laura Montoya.

Edición N° 00351 – Semana del 17 al 23 de Mayo de 2013
 
 
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