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Entrar a la OECD, parece que sólo fuera un tema de redes sociales

  Jaime Alberto Rendón Acevedo
  Centro de Estudios en Desarrollo y Territorio Universidad de La Salle
   
 

Desde hace algún tiempo, el Ministro de Hacienda de entonces, Juan Carlos Echeverry, postuló con grande emoción la posibilidad de que Colombia entrara al Club de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, una institución multilateral, que se formó en 1960 a partir de la Organización Europea para la Cooperación Económica, entidad que lideró la implementación del Plan Marshall. Con el correr del tiempo ya son 34 países miembros. Ha dejado de ser el Club de los ricos y se ha convertido en una mixtura tal que incluso sus propios miembros tienen ya poca certeza de su funcionabilidad.

Y esto es claro, mientras los países de la Unión Europea se dedicaron a realizar lo que habían aprendido desde el Plan Marshall, esto es a cooperar entre ellos para posibilitar unas mejores condiciones de desarrollo, el resto del mundo, al algunas excepciones, de la mano del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, realizaron una fuerte apuesta por el libre mercado y en general por la políticas más ortodoxas del liberalismo económico y que para América Latina se materializaron en el llamado Consenso de Washington. Políticas que llegaron a Europa pero que cobran todo el vigor a partir de la crisis de 2008.

La OECD ha ido creciendo y distintos países no ya de los llamados “ricos” la han venido integrando. Fuera de los países europeos, Estados Unidos o Japón; Polonia, Estonia, Israel, Chile y México, entre otros, han constituido un nuevo bloque que no tiene disposiciones especiales en materia de comercio o inversión pero si espera convertirse en el promotor de las buenas prácticas económicas, sociales y del desarrollo. Paradójicamente, por ejemplo en la Ronda de Doha, la llamada Ronda del Desarrollo, precisamente son los llamados países ricos los que no han permitido su culminación después de casi una década de discusiones en pro de un libre comercio que beneficie a todos, incluyendo a los más pobres. Y está, la OECD, propiamente no ha sido el escenario para facilitar acuerdos y cooperación mundial al desarrollo.

Entonces bien vale repetir la pregunta que el país se ha estado haciendo ¿para qué nos sirve pertenecer a la OECD? La respuesta corta es para muy poco, la larga viene a continuación. Colombia se ha caracterizado en el contexto mundial por su estabilidad macroeconómica, por su crecimiento sostenido, aunque reducido e insuficiente para atender los requerimientos que le exigen la desigualdad y la pobreza.  Su crecimiento en los últimos 13 años es del 4.11% mientras que en la OECD es del 2.55%, como se muestra el cuadro 1. Si se tomaran los últimos 5 años, que han sido de crisis en la mayoría de los países de la OECD, las comparaciones del crecimiento son del 0.4% contra el 4% de Colombia. Así que no se sabe cuáles son las buenas prácticas que debemos aprender de la OECD.

También habrá que decirlo, los países de la OECD propiamente no se han caracterizado por su estabilidad económica, la crisis por la que ha a travesado Japón en la última década toca visos de ser estructural; Igual ocurre con Europa y Estados Unidos, en crisis desde el año 2008, antes de mostrar recuperación, se han ido postrando en una situación donde el desempleo, la pobreza y la inequidad ya comienzan a ser parte de sus características fundamentales; sin que se prevean, por lo menos en el resto de esta década, mejoras sustanciales.

Cuadro 1. OECD crecimiento del PIB por países, 2000-2012

Promedio OECD 2000-2012: 2.55%
Promedio OECD 2008-2012: 0.42%

Fuente: Elaboración propia. Datos tomados del IMF. Evolución del PIB, medido en cambios porcentuales de precios constantes.

De otro lado, mientras los organismos internacionales, bajo el dominio de Estados Unidos y de la Unión Europea, se suman a la crisis, con problemas de corrupción y siendo objeto de grandes críticas por su ineficacia para atender los grandes problemas mundiales, las tribunas diseñas para el multilateralismo y la promoción del comercio se vienen desvaneciendo ante los fracasos demostrados del libre mercado, pero sobre todo ante las decisiones de las grandes potencias de enfrentar la crisis con medidas claramente proteccionistas.

Un aspecto interesante, sin duda va a ser la obligatoriedad de tener sistemas de medición económica y social, bajo parámetros internacionales auditados por la OECD. Y esto es importante precisamente para contrarrestar el manejo que en la última década ha tenido el DANE en tanto las cifras pasan por los filtros políticos antes de poder ser socializadas al país.

Colombia ha ganado, sin duda, un nuevo espacio internacional en la Administración Santos. Atrás ha quedado la forma “bravucona” de entenderse con los vecinos lo que ha posibilitado unas relaciones distintas con América Latina, prueba de ello es el papel del país en la Alianza del Pacífico o en Unasur.

La naturaleza de Chile, como país abiertamente multilateral, no puede replicarse mecánicamente como lo está haciendo Colombia. Esta condición parte, entre otras cosas, de la solidaridad internacional que el mundo tuvo con los refugiados chilenos en la dictadura así como del apoyo para su regreso y la reconstrucción de la democracia. Colombia no puede asumir la posición de querer estar en todos los escenarios mundiales como si fuera un problema de redes sociales, en donde es preferible estar a quedar invisibilizado. Estos organismos tienen una alta carga ideológica que el país tendrá que dimensionar y evaluar, tal y como el fiasco con la confusa propuesta de la cooperación con la OTAN.

El escenario de Unasur, (incluso ampliado a Centro América, por lo que la Alianza del Pacífico terminará siendo parte de aquella) a pasar de las posiciones disonantes que persisten en el país, deberá convertirse en el elemento natural que permita las negociaciones como región ante los escenarios mundiales, así como los universos de cooperación y desarrollo en materia de comercio, infraestructura, ciencia, tecnología y calidad de vida. Sin abandonar las buenas relaciones con el mundo, Colombia, América Latina, deberán aprender de Europa, de Asia e incluso del propio Estados Unidos, que se concentran en ellas mismas para enfrentar sus problemas económicos, sociales y políticos, sin esperar beneplácitos de los organismos multilaterales que de nada contribuyen a lo realmente importante: la libertad y el desarrollo para los pueblos.

Edición N° 00354 – Semana del 7 al 13 de Junio de 2013
 
 
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