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La precariedad social y estatal,
hacerle frente a mafias y crimen organizado

  Luis Eduardo Celis
  Integrante de la Fundación Paz y Reconciliación – @luchoceliscnai
   
 

En la sociedad colombiana, y lo sabemos desde hace cuarenta años, hay unas dinámicas de ilegalidad y ejercicios de poder local, regional y nacional, que ejercen coerción, recurren al crimen para agenciar o defender sus interés y permean hasta controlar instituciones de gobierno, de estado y civiles, con el propósito de lograr la viabilidad de sus agendas, captar rentas publicas, legalizar sus capitales provenientes de la acción ilegal, ampliar su capacidad de controlar poblaciones y territorios, entre otras finalidades, de su acción mafiosa.

Ahora que se discute y hay en marcha un proceso para superar la acción violenta de las guerrillas y todo parece indicar que va a ser exitosa –faltando por iniciar un proceso con el ELN- es bueno preguntarnos por el estado de la acción estatal y ciudadana contra las mafias, que por supuesto, son dinámicas de acción violenta de distinta naturaleza y con propósitos diferenciados, aunque haya opiniones y valoraciones que traten de asimilar que todos los procesos de violencia y acción ilegal, son semejantes, yendo en contravía de la evidencia histórica y factual, que nos muestra que la acción guerrillera se asentó en una critica al orden social, político y económico, y un esfuerzo por imponerse por la fuerza para transformarlo –en que dirección, con que racionalidad y calidad de sus propósitos, es otra discusión- en tanto que la acción mafiosa, de manera sistemática lo que ha hecho en cuarenta o más años de su existencia, es incrustarse en los ordenes existentes y dimensionarlos con sus capitales inmensos, no solo provenientes del narcotráfico, para crear una nueva clase social, si se me permite la expresión, que es la clase social de los que vía ilegalidad – y no solo narcotráfico- han logrado presencia en todos los ordenes de la vida social, de por lo menos trescientos municipios del país, constituyéndose en una fuerza social, de mil caras, que tienen en común su desconocimiento del estado social y de derecho, su negación de la democracia, como expresión de libertades ciudadanas y su convicción de que vía la fuerza y la violencia, se impone su agenda y se promueven y defienden sus interés.

Hablar de mafias y crimen organizado, no es hablar de una organización, sino debe remitirnos a ubicar que son muchas dinámicas de acción social que tienen en común, como ya lo hemos dicho, su vinculo con la acción ilegal,  no solo narcotráfico: podemos ubicar el robo de dineros públicos, en la categoría de mafias y el escándalo del “Carrusel de la contratación”, en Bogotá, es buen ejemplo de acción mafiosa y así podemos seguir por quienes controlan el poder local y regional, para intereses particulares y se alían con ilegales de todas las pelambres para acrecentar su poder, los que están en el contrabando para legalizar sus capitales, los que se afincan en este u otro negocio, llámese contrabando de gasolina, armas, precursores químicos hasta los que en el sector financiero, operan sofisticadas operaciones bursátiles para mover capitales en aras de intereses de mafia.

Aunque hemos librado como sociedad una acción contra las mafias, en la que el costo en vidas ha sido inmenso, estamos lejos de haber superado este fenómeno, que es nocivo por su afectación a el propósito de vivir en una sociedad de libertades, sin violencias y donde se respete la controversia y el debate civilizado, en contra de lo que va la acción mafiosa, que es todo lo contrario a una acción democrática.

Hay que volver a pensar que es la acción mafiosa y por qué ha crecido tanto en la vida Colombiana y para colocar un tema, que considero central, en el momento de comprender a que es lo que estamos enfrentados, los que consideramos como de interés nacional – así como lo ha sido el tema de superar la acción guerrillera-  la superación de la acción mafiosa, el punto de que la acción mafiosa ha tenido la capacidad de promover ordenes sociales inmensos, no estamos hablando de acción criminal, por fuera o al margen de la sociedad, sino profundamente imbricada con ella, esto nos coloca en el plano, de que no solo es luchar con la acción mafiosa sino con el fracaso de lograr que sociedades locales y regionales, con proyección nacional, estén del lado de quienes no respetan ni promueven la democracia, este punto, es para mi el principal, la acción para separar a las mafias de su capacidad de injerencia social.

En las últimas semanas hemos visto como dos funcionarios de la DIAN han sido asesinados, León Valencia y Ariel Ávila y el periodista Gonzalo Guillen, fueron alertados por el Gobierno de un plan para asesinarlos, estas son expresiones concretas de la acción mafiosa que actúa todos los días de manera silenciosa o   con la estridencia de la acción criminal y violenta para agenciar, promover y defender sus interés, en unos casos es evadir el control tributario en otro acallar las voces de quienes investigan e informan sobre su actuación mafiosa, para remitirnos a los casos mencionados, siendo múltiple y diverso su quehacer criminal, es cotidiano y sistemático, siendo imperativo, pensar y debatir en la sociedad que sabe de su poder disolvente y opositor a una sociedad democrática por construir, que el tema de superación de la mafia es una tarea pendiente y en esa perspectiva que falta mucha política, instituciones y cultura para lograrlo.

Edición N° 00354 – Semana del 7 al 13 de Junio de 2013
 
 
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