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Las Barras Bravas

  Héctor Alonso Moreno
  Profesor asociado – Universidad del Valle
   
 

El pasado sábado 22 de junio, producto de heridas a cuchillo, fue asesinado de nuevo un aficionado al fútbol. Óscar Eduardo Sandino, seguidor del equipo de fútbol “Millonarios” perdió la vida, al tiempo que otros jóvenes resultaron heridos y fueron remitidos al Hospital Universitario del Valle. Estos aficionados fueron bajados de manera violenta de un taxi por parte de jóvenes aficionados; o de delincuentes, que portaban camisetas del equipo Deportivo Cali.

De nuevo la violencia en el fútbol cobra una nueva víctima. La intolerancia que lleva a algunos jóvenes a agredir de muerte a sus adversarios futboleros es una clara muestra de la descomposición a la que han llegado las llamadas Barras Bravas de todos los equipos de fútbol a nivel nacional. La falta de una cultura de la afición juvenil para asumir su legítimo derecho de apoyar al equipo de sus entrañas y la ausencia de una cultura del manejo del conflicto civilizado por parte de los jóvenes, contribuyen también a que las fronteras entre el legítimo derecho a la afición y las acciones criminales de los vándalos se pierdan.

La expresión Barra Brava designa a aquellos grupos organizados dentro de una hinchada que se caracterizan por producir diversos incidentes violentos, dentro y fuera del estadio de futbol. Estos jóvenes reclaman una  pertenencia o adscripción a grupos determinados que comparten homólogamente ciertos valores, en ocasiones, cargados de tradiciones violentas.

Originalmente en América Latina fueron denominados como  barra fuerte, por el periódico argentino La Razón en 1958, a raíz de unos incidentes al final de un partido de futbol entre Vélez Sársfield y River Plate, en el cual fue asesinado el joven Mario Linker a manos de la policía. El término luego se extendió a otros continentes y en los años 70 surge expresado en el Reino Unido a través de los denominados hooligans o ultras.

Estas agrupaciones juveniles surgen de la construcción de una subcultura juvenil en los años ochenta del siglo pasado en Colombia alrededor de los grandes clásicos de futbol entre los equipos de las mismas ciudades, Cali vs América, Millonarios vs Santafé, Nacional vs Deportivo Independiente Medellín, etc.

Claro está que no son todos los jóvenes aficionados comunes y corrientes. Estos son jóvenes especiales; con grandes problemas económicos y psicoafectivos. Provenientes en su mayoría de hogares con un gran déficit de valores democráticos; algunos prófugos de la educación primaria y secundaria. Es decir, son jóvenes en su mayoría de los sectores más deprimidos de las ciudades y carentes de las oportunidades que el estado está obligado a brindar a todos aquellos que como ellos requieren de la ayuda de un gobierno que los invisibiliza.

Es urgente la intervención de las autoridades y del Estado frente a estos lamentables hechos no solo con medidas de tipo policivo sino también de tipo pedagógico. Sin duda alguna, los hechos son un acto criminal de la violencia callejera producto de la intolerancia; pero no por ello, debemos de dejar de relacionarlo con la actividad futbolística. El crimen de Óscar tiene un contexto: son unos delincuentes que con camisetas alusivas al deportivo Cali agreden de muerte a unos jóvenes quienes portan camisetas del Millonarios. Ese es el contexto que nos lleva a afirmar que el crimen tuvo motivaciones en la intolerancia de jóvenes aficionados al fútbol.

El gobierno nacional debe tomar medidas urgentes. Por ejemplo, es preciso que del impuesto al fútbol se destine un presupuesto para desarrollar programas con miras a un tratamiento psicoafectivo de estos jóvenes y para adelantar con ellos programa de reinserción a la familia, al sistema educativo y laboral. Por su puesto, es preciso también, que a quienes delinquen se les apliquen las medidas penales a que haya lugar.

Las alcaldías de las ciudades a la que pertenecen los más importantes clubes de futbol son  las llamadas a liderar programas de readaptación de estos jóvenes desadaptados. Los alcaldes deben tomar medidas sancionando las barras bravas de los equipos de la ciudad prohibiéndoles el ingreso a la tribuna y su permanencia en los alrededores de los Estadios por algunas fechas. E incluso, si los jóvenes rufianes desean ver el partido por la televisión, pues que las alcaldías instalen pantallas gigantes en lugares o espacios apropiados. Pero es urgente que la ciudadanía a nivel nacional sepa cuáles serán las medidas de fondo que tanto el gobierno nacional como los gobiernos locales tomaran frente a esta crónica e infame violencia juvenil que ya no soportamos más los ciudadanos, en particular los que habitamos en las grandes ciudades cerca de los escenarios deportivos.

En nombre de la ciudadanía caleña expresamos nuestras más sentidas condolencias a los familiares y amigos de Óscar Eduardo Sandino; y por supuesto a la afición del equipo Los Millonarios, y esperamos que el asesinato de este joven, quien además, era un consagrado trabajador por la paz y la convivencia pacífica entre las barras, sirva para llamar la atención una vez más acerca de la urgente necesidad de trabajar de una manera decidida por lograr también la paz en los estadios.

Edición N° 00357 – Semana del 28 de Junio al 4 de Julio de 2013
 
 
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