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El Partido de los Egresados: la otra parte de la izquierda

  Hernán Suárez
  Asesor editorial – hsuarez2007@yahoo.es
   
 

A la atomizada y desunida izquierda colombiana habría que añadir un nuevo partido, invisible, pero actuante, de tamaño impreciso y etéreo, herencia de las convulsionadas décadas de los 70 y los 80, cauda electoral cautiva de todos los partidos de izquierda, se trata del Partido de los Egresados de la Izquierda.

Este partido no tiene ni reclama personería jurídica alguna, tampoco mendicante exige rebajar el umbral electoral, no tiene líderes perpetuos o mesiánicos. No admite que lo reduzcan a una sigla como a otros. Está integrado por hombres y mujeres que en algún momento de su vida tuvieron una fugaz o duradera vinculación con una organización de izquierda, con sus ismos y sus extremismos ideológicos o prácticos. En dos palabras: militaron en una célula. A él pertenecen miles de colombianos entre los 40 y 60 años de edad, aunque la mayoría no lo acepte, ni lo sepa.

No militan en una célula como las del pasado, ni están sometidos a ningún centralismo democrático. No pertenecen a ningún partido, ni extremos ni de centro izquierda o reformistas, pero viven pendientes de la cosa política como si fueran militantes activos de un partido, de una idea, de una ilusión, de la estrofa “arriba los pobres del mundo”.

Estos luchadores de la redención social y sin disciplina partidaria alguna, a diario  examinan el “estado de la lucha de clases” a través de la radio y los periódicos, los fines de semana concentran su atención en los editorialistas domingueros, de cuando en vez leen Voz Proletaria (hoy reducida a Voz), Tribuna Roja o Desde Abajo, son asiduos lectores de Antonio Caballero y León Valencia. La Silla Vacía y Las 2 orillas son sus portales preferidos. Reciben con avidez el semanario Virtual Caja de Herramientas.

De manera individual y gran rigor, analizan la coyuntura política, lanzan sus críticas a todos y a todo, son antigobiernistas y antinorteamericanos por principio, examinan con rigor la táctica y la estrategia de los diversos partidos, toman cosas de aquí y otras de allá hasta que arman su mecano político auto-gratificante.

Tienen sus afectos y fobias por los grupos de izquierda, están al tanto de las peleas internas, de las divisiones y reagrupamientos. Creen en la educación pública pero educan a sus hijos en costosos colegios privados, incluidos colegios religiosos. Son partidarios del aborto aunque a su edad ya no lo requieren. Defienden teóricamente a la comunidad LGTBI. Militan en la angustiante levedad de ser de izquierda y “progres” en privado.

Cuando se les indaga por su filiación política, orgullosos se declaran de izquierda, a secas, sin adjetivos de centro o de extrema. El egresado es bien distinto del apostata y del converso, por quienes guarda una particular antipatía y desprecio.

Los egresados consideran apóstata a aquellos que se retiraron de toda militancia y no profesan ninguna credibilidad o entusiasmo por las ideas que en el pasado abrazaron. Retirados a la vida civil están dedicados a buscar la prosperidad y el bienestar para sí y para sus familias. El apostata abandona las ideas, se duele del tiempo perdido, del craso error de juventud, pero no participa en causa alguna en contra de la izquierda. Nada con la izquierda, nada contra la izquierda, es su máxima.

Los conversos son pocos pero causan gran daño e irritación en la izquierda. Por lo general los conversos de hoy fueron muy radicales en su militancia del pasado. Por ejemplo, algunos conversos militaron en el Partido Comunista Marxista Leninista de Colombia, PCC (M-L) y elaboraron sesudos documentos y pasquines en favor del “glorioso” Ejército Popular de Liberación EPL, hicieron de China el Vaticano de su fe comunista, consideraban que el régimen político colombiano era una “dictadura terrorista y sanguinaria”, promovieron la alianza obrero-campesina y justificaron la lucha armada como históricamente valida. Todo grupo de la otrora  izquierda tiene sus conversos de mostrar.

Estos mismos radicales de izquierda se han convertido hoy en ideólogos y guías políticos del Puro Centro Democrático, son los amanuenses ideológicos del expresidente Uribe, promueven la confianza inversionista de los grandes empresarios nacionales y el capital extranjero, consideran que no hay conflicto armado sino una acción terrorista y criminal de las Farc y el ELN. Todos los males de Colombia “se deben a la combinación de todas las formas de lucha”. Parodiando a Marx, los conversos condenan como subversivo y terrorista lo que ayer pregonaban como democrático y de izquierda.

Los militantes Egresados se tornan particularmente activos en época preelectoral. Son electoreros a su manera. Confeccionar listas a solas o en pequeñas tertulias, sugerir alianzas y candidatos a la presidencia, hacer cábalas, soñar con “ser gobierno y no simplemente oposición”, se convierte en un elixir vivificante.

Proclaman la unidad de la izquierda con la misma ardentía que defienden la Constitución del 91, su nuevo programa e ideario político. Cuando no se logra la unidad, que es casi siempre, señalan al sectarismo, al individualismo y a las ambiciones parlamentarias como los responsables. El voto del Egresado, para ejemplo de los demás ciudadanos, es un voto altamente calificado, muy pensado, muy estudiado, muy consciente, sin favores a cambio.

La izquierda tan urgida de derrotar el fantasma del umbral y salvar las pocas curules que tiene, debería prestar mayor atención a este partido sin forma, “invisible”, pero actuante y presente en toda Colombia, sin descuidar, por supuesto, las esquivas mayorías nacionales. Es un voto que deberían atraer, consentir, amarrar. Conviene recordar  que los Egresados de la Izquierda también fueron abstencionistas en su momento y que despechados pueden apelar nuevamente a esta radical forma de protesta contra los desvaríos de la izquierda. Y razones no les faltan.

Edición N° 00364 – Semana del 16 al 22 de Agosto de 2013
 
 
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