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El Presidente, los gobernadores y la paz

  Alonso Ojeda Awad
  Ex Embajador de Colombia
   
 

En la comunidad universitaria recibimos con el mayor interés la reunión que se realizó en la ciudad de Medellín entre el presidente Juan Manuel Santos, y los 32 gobernadores con una agenda fundamental de prepararse para construir el postconflicto y la paz.

Según los analistas fue una reunión donde se expresó, con toda la intensidad requerida, el apoyo de los gobernadores a los diálogos que en La Habana adelantan los representantes de las FARC y los delegados del Gobierno Nacional.

Fue también una reunión muy fraternal con la cúpula de la Rama Ejecutiva de los departamentos, pues el Presidente, en tono muy especial, les pidió a los mandatarios que le ayudaran a construir la paz que tanto requiere la sociedad colombiana y expresó: “Hemos avanzado mucho más que nunca antes en cualquier otro proceso con las FARC” y paso seguido se refirió al acuerdo agrario que ya se firmó con las FARC y que en la actualidad se está discutiendo el segundo punto de la agenda que tiene que ver con la participación política de los guerrilleros, en la nueva Colombia, que se vivirá después de la firma y la refrendación de los acuerdos.

Y fue mucho más allá el Presidente en su compromiso por la paz cuando en forma clara y taxativa dijo: “Muchos se rasgan las vestiduras ante la posibilidad de que quienes empuñaron un arma contra el Estado puedan alguna vez hacer política dentro del Estado… Pero, de eso se trata la paz, de cambiar las balas por los votos y de que quienes tomen esa decisión tengan garantías para participar en la democracia”.

Como dice el refranero popular “más claro no canta un gallo”. El presidente Santos valoró, en su verdadera dimensión, lo que significa para el futuro inmediato la reunión con los gobernadores y sin retóricas melifluas mandó, para toda la nación y el mundo, un mensaje muy claro, sin riesgos de confusión. Si las Farc firman los acuerdos de Paz, tendrán la patente constitucional para hacer política, en la verdadera dimensión de la palabra, a todo lo ancho y lo largo del territorio nacional, contando  con todas las protecciones que requieran para estar y superar este “período especial” y donde la integridad física y política de los ex guerrilleros no sufra ninguna mengua ni atentado.

Y en medio del calor humano que generaban las palabras comprometidas del Presidente,  él decidió pedirle a los gobernadores su ayuda para construir en sus departamentos de origen, la tolerancia que se requiere con las condiciones que deben ofrecerse a las guerrillas para que cambien las balas por los votos, recordando “que debe encontrarse el balance con la justicia y la reparación de las víctimas”.

Y continuó el Señor Presidente en su lúcida intervención llamando a defender la paz como “una urgencia”, cuando afirmó que habla en nombre de la mayoría de los colombianos y aseguró que el país no debe esperar “algunos años más” ni otros “miles de muertos y más víctimas para buscar la paz.” Porque “no queremos la guerra” y remató diciendo, “es por lo que le apostamos al éxito del proceso de paz”.

El buen estado de ánimo del Presidente contagió a todos los gobernadores y su magistral intervención fue interrumpida en varias ocasiones por el cerrado aplauso que le brindaban.

Fue muy significativo el hecho que esta importante reunión se realizara en Medellín, la capital antioqueña y que fuese precisamente allí donde el Presidente le dijera al país que había que prepararse para el postconlficto.

Y no faltaron sus frases para los que desde la orilla opuesta de la paz persisten en su tarea de colocarle palos a la rueda del proceso de paz y, consciente de estas dificultades, fue al grano diciendo: “El discurso fatalista de los que se oponen al proceso para seguir alimentando el miedo de los colombianos y viviendo a su costo”, no puede tener cabida en ninguno de los gobernadores.

En conclusión, fue un mensaje claro y nítido tanto para la sociedad colombiana como para Timochenko máximo comandante de las FARC. El reto está en que pronto se tendrán que firmar todos los acuerdos y las FARC como una nueva organización política, que abandona las armas, decide asumir el democrático compromiso a través de procesos políticos y electorales que sin duda le podrán abrir, en un futuro no lejano, las puertas del Palacio de Nariño. Qué paradoja, lo que no se vislumbró ni en forma lejana con las armas hoy puede ser una posibilidad real y concreta, como lo ha demostrado el presidente Pepe Mujica del Uruguay.

Edición N° 00365 – Semana del 23 al 29 de Agosto de 2013
 
 
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