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Los jóvenes y la violencia urbana

  Alonso Ojeda Awad
  Ex embajador de Colombia
   
 

Han causado mucha preocupación en la sociedad colombiana las múltiples manifestaciones de violencia que viene presentándose entre los hinchas de los diferentes equipos de fútbol en Colombia, y que en forma dolorosa se ha recrudecido en nuestras ciudades en los últimos días.

Y no es para menos porque produce dolor y consternación que en nuestros muchachos se haya incubado también el virus mortífero de la violencia, que carcome desde hace más de 50 años el alma adolorida de nuestra nacionalidad.

Queda difícil explicarse que factores oscuros inductores de la muerte y de la violencia se traman en jóvenes pertenecientes a lo que se conoce con el nombre de “barras bravas”. Lo que si está claro es que hay fallas en el modelo pedagógico y tenemos urgencia de revisarlo, con cuidado y dedicación, para detectar y corregir los mecanismos que convierten después de los partidos de fútbol generadores de grandes descargas adrenérgicas, a  los jóvenes, en potenciales delincuentes homicidas.

Desde el Programa Paz de la Universidad Pedagógica Nacional queremos brindar unas líneas de posible tratamiento al grave problema ético social que nos preocupa en la ciudad capital.

Hay que mejorar las condiciones socio-ambientales en que viven y se desarrollan nuestros jóvenes. Los altos niveles de congestión en los espacios públicos son un fuerte determinante biológico para la violencia.

Los jóvenes deben tener mayores y mejores espacios deportivos. El hacinamiento es un inductor a no comprender los conflictos y buscar darle solución con la violencia.

El Estado debe ofrecer alternativas de futuro a los jóvenes donde la posibilidad de soñar y construir sean premisas reales y sustentables.

Hay que instaurar con carácter urgente programas pedagógicos que permitan analizar con semilleros de jóvenes la presencia natural del conflicto en la puja de la competencia deportiva y la necesidad inaplazable de manejar este conflicto a través del diálogo y la razón y no permitir, por ninguna naturaleza, la presencia de la violencia en palabras ofensivas, gestos agresivos y actitudes desafiantes.

Hay que construir con estos semilleros de jóvenes, “círculos de encuentro y amistad” donde a través de la reflexión y el aporte de experiencias conjuntas sea posible elaborarnos en una práctica social de valores natos como la solidaridad, el respeto, el reconocimiento a nuestras diversidades culturales, geográficas y étnicas.

Es conveniente recoger la reflexión del fiscal de la nación Eduardo Montealegre, “quien le apuesta a la instauración de programas pedagógicos en busca de una salida, al tiempo que descartó el incremento de penas para los agresores. Trabajos pedagógicos que podrían ir de la mano con la apertura de más oportunidades sociales para la juventud”. El Espectador sept.26/13.

El alcalde Gustavo Petro, en el homenaje a Carlos Andrés Medellín en la estación Ricaurte de Transmilenio donde el hincha fue asesinado señaló que “el malestar juvenil tiene relación con una ausencia de oportunidades. La juventud no tiene espacio público para jugar porque los procesos productivos de la ciudad se lo han negado. Hay una dirigencia indolente que prefiere la especulación inmobiliaria. Gremios como Camacol o los programas que impulsa Minvivienda quieren construir casas sin espacio público y de imponerse sobre la ciudad mandando a los pobres a vivir al lado del rio Bogotá”. El Espectador sept.26/13.

Estas precisiones del Alcalde de Bogotá, son muy graves y la sociedad civil debe tomar atenta nota de esta situación para demandar de las autoridades nacionales una política social justa, equitativa e incluyente.

Edición N° 00370 – Semana del 27 de Septiembre al 4 de Octubre de 2013
 
 
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