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Había una vez un hermoso planeta azul… ¡donde las cianobacterias y las bacterias enganchosas dieron el origen a la vida!

  Sandra Campos
  Abogada – Politóloga
   
 

Sentada en un distante planeta de la tierra relato a mis nietos un cuento antes de que se queden dormidos. Curiosamente en esta época, los cuentos no comienzan como antaño: Había una vez… unas princesas encantadoras que vivían despistadas, unos dragones glotones que se comían a las princesas, unos príncipes sonámbulos, quienes se disputaban con los dragones por las princesas, los unos por su desayuno y los otros por demostrar su valentía, brujas amnésicas que terminaban colocando en el caldero lo que no tocaba, castillos encantados castillos encantados sin los riesgos catastróficos de las hipotecas y varitas mágicas que contaban toda suerte de historias legendarias… eso sí, cuando algo de lo que explicaban no les gustaba, lo cambiaban misteriosamente, sin que nadie lo llegara a notar.

En este tiempo, en que predispongo a mis nietos para el sueño, las historias comienzan: …Había una vez un hermoso planeta azul llamado Tierra, en el cual un día aparecieron las cianobacterias1 y las bacterias “enganchosas” - de las que más adelante explicaré un poco- que evolucionaron juntas, a pesar de que la literatura científica sólo hace referencia a las primeras. En el marco de este proceso evolutivo, en algún momento apareció el hombre y también las mujeres, aunque la historia tradicional básicamente haga alusión sólo a los primeros.

Dentro de este maravilloso devenir, en que al universo le tomó eones evolucionar, hace aproximadamente 4.000 millones de años apareció la vida en el planeta tierra. De acuerdo con los planteamientos científicos, llevamos alrededor de 7 millones de años evolucionando desde los primeros primates de los que se tienen noticias, los Toumaï, pasando por una buena cantidad de saltos cualitativos, hasta que finalmente apareció el archifamoso Homo Sapiens, poco más de 150.000 años antes que nosotros. ¡Y en sólo 5 décadas – desde que comenzó la explotación del petróleo - la especie humana ha conseguido desestabilizar el equilibrio climático de la tierra y poner en peligro la vida en la superficie del planeta. 2

Volviendo al tiempo presente, año 2013, en que todavía no soy abuela - ya me llegará el momento - parece que no nos hubiéramos dado cuenta de que únicamente tenemos una casa - La Tierra - y vivimos cada día de una manera que contribuye al desequilibrio del medio ambiente y pone en peligro la vida que en él se acuna.

Usted sabe ¿cuál es la cuota que tiene permitida cada ser humano para que el planeta y la vida se mantengan en equilibrio?

Hace poco crearon una forma de medir el impacto ambiental, la llamada “huella ecológica”, un indicador de sostenibilidad con una metodología muy particular ideada en los años noventa por William Rees, profesor de la Universidad de Toronto, Canadá.

La huella ecológica considera el consumo de recursos naturales, de energía, la generación de desechos y emisiones contaminantes, tanto de manera directa como indirecta. La medida intenta poner en evidencia y comparar las "necesidades" humanas con lo que el planeta es capaz de proveer manteniendo su capacidad de regenerarlo. Para eso se crea la medida llamada Hectárea Global3, como unidad para medir esta "cantidad de planeta" necesaria para regenerar lo consumido por una persona, grupo humano o país.

El límite de la huella ecológica sugerida para una persona en un mundo ecológicamente sostenible,  no debería superar la emisión de  1.8 toneladas de Co2 por año.  Ahora bien, piense usted que tan solo un ordenador de oficina en términos de producción y transporte genera 1.3 toneladas de Co2. O sea,  no más con el ordenador ya tenemos prácticamente agotado  un cupo anual.

El dióxido de carbono (Co2) es el principal gas de efecto invernadero resultante de las actividades humanas que causa el calentamiento global y el cambio climático. Para saber si se está haciendo suficiente en el momento de resolver estos problemas globales, hay un  indicador muy completo  que realiza las  actualizaciones mensuales de Co2 en la atmósfera desde el Observatorio Mauna Loa 4 y lo que nos indica es que  la concentración de  Co2 en la atmósfera no para de subir. En Julio de 2011 la concentración era  de  392,92, en 2012 de 394,30, en julio de 2013 de 397,23, y sigue en permanente aumento, mientras, por ejemplo,  los chinos aprovechan el 75% del deshielo que ha sufrido  la Antártida en los últimos 35 años, para abrir  nuevas rutas comerciales y  atender con sus mercancías, entre otras, la demanda de los consumidores europeos, ó sea todos los que vivimos en Europa.  ¿Realmente crees que no tenemos parte de responsabilidad en todo eso con el tipo de consumo que practicamos?

Esta reflexión es importante porque nos ayuda a ser conscientes de dónde deberíamos poner  límites y hacer  cambios en  nuestra vida cotidiana,  para adquirir una forma responsable de vivir, respetuosa con la naturaleza… ¿Cuántas veces utilizamos el coche innecesariamente, antes de hacer un pequeño esfuerzo y aprovechar el transporte urbano? ¿Cuántas veces colocamos  esa orquesta sinfónica de electrodomésticos a funcionar?  Los aparatos conectados, encendidos, las llaves del agua abiertas mientras  nos arreglamos delante del espejo…

Bien, ha llegado la hora de invertir el discurso y transformarlo en acciones positivas y propositivas:

Enséñales virtudes responsables y solidarias a tus hijos,  sobre todo bríndales mucho amor y compañía. Compra responsablemente lo que necesitas y puedas disfrutar. Utiliza el transporte público y la bicicleta. Respeta la vida en todas sus manifestaciones, por favor incluye los animales y las plantas. Contrata empresas que ofrezcan energías renovables. Utiliza tus manos antes que los electrodomésticos. Recicla. Pon tu dinero en la banca ética. Cuida el mar, es una inmensidad de vida. Recicla las pilas, las bombillas, los cartuchos… compra lo menos posible.  Utiliza el papel que se te ha dañado por una cara como borrador por la otra. Mantén contacto con la naturaleza, te recuerda tu origen. Bebe agua para la sed. Apaga las luces cuando no las necesites. Cuida el agua, aprovecha hasta la última gota. Compra local y ecológico. Come  tan natural como puedas. Ten un desarrollo interior. Procura utilizar cosas que no sean de plástico. Compra ropa hecha con fibras naturales, ya  se encuentra hecha con algodón “Bio”. Repara todo lo que puedas antes de tirar a la basura y comprar compulsivamente. La Internet está llena de blogs y webs que explican cómo hacer miles de cambios  para una vida equilibrada y sostenible en el planeta, consúltalos... Son pequeños gestos, pero que sumados  multitudinariamente  aportarán a los grandes cambios. Hemos de parar en la forma como estamos haciendo las cosas ¡ya!, y actuar con consciencia de especie, somos parte de la humanidad y la humanidad es parte de la naturaleza… Y he aquí que vuelven a aparecer las bacterias “enganchosas” o bacterias enamoradas, que a pesar que de que no hayan sido registradas científicamente, doy fe de que existieron,  estas fueron las bacterias encantadas y fascinadas con la fuerza de la vida,  que junto a la cianobacterias, se tejieron a través de los tiempos en un  maravilloso proceso evolutivo. La razón por la cual la ciencia no encontró vestigios de estas bacterias es  porque estas eran, digamos, invisibles, estaban hechas de amor,  se podían sentir, pero no se podían tocar.

Estas pequeñezas, fueron las responsables de que se desarrollaran sentimientos profundos en el ser humano de cara a la vida, como el Amor Universal, que significa el amor por los otros y por todas las cosas maravillosas del Universo. Gracias a este sentimiento, nos podemos sentir uno con toda la maravillosa existencia y podemos  encontrarle sentido a la hermandad entre los seres humanos, vínculo intangible  que nos viene dado a todos los de la especie, porque  somos hijos de la  Madre Tierra. Si te parece demasiado rebuscado, consulta la tabla de los elementos químicos, en ella  encontrarás,  que todos esos elementos que constituyen la materia del planeta, también son los mismos que constituyen nuestro cuerpo humano, porque venimos de las entrañas de la tierra. Y si la Tierra  es nuestra madre y nosotros somos sus hijos, es claro que todos somos hermanos y como tales todos  deberíamos cuidarnos, respetarnos, colaborarnos los unos a los otros. Esto es la práctica de la Fraternidad de la especie humana.

La Revolución Francesa planteó tres principios, libertad, igualdad y fraternidad, sin embargo, de momento,  los sistemas políticos  han apostado  por  la libertad y a la igualdad en diferentes combinaciones pero nunca se ha hecho una apuesta por un estado Fraternal. Ahora ha llegado el momento en que la libertad y la igualdad se vivan dentro de una organización política y económica Fraternal, es decir la economía y la política al servicio de los seres humanos y éstos conscientes de que no son los “Reyes del Mambo” haciendo y deshaciendo irresponsablemente en la cúspide de la pirámide de la vida, sino que son un eslabón más en la cadena de la vida y, por tanto, dando la importancia y el cuidado que requieren los otros seres humanos, las otras expresiones de vida, el entorno y el Planeta Tierra, nuestra hermosa casa azul.

Edición N° 00370 – Semana del 27 de Septiembre al 4 de Octubre de 2013

1 Las cianobacterias son organismos antiguos que se caracterizan por conjugar el proceso de la fotosíntesis oxigénica con una estructura celular típicamente bacteriana. Al ser responsables de la primera acumulación de oxígeno en la atmósfera, las cianobacterias han tenido una enorme relevancia en la evolución de nuestro planeta y de la vida en él.

3 Una Hectárea global (hag) por habitante y año. Es una estimación de la superficie que se necesita para producir los recursos consumidos: la superficie de campos para cultivar los alimentos y la fibra para ropa, la de los pastos para el ganado, la del mar para sostener las capturas de pesca, la de bosque para producir la madera y pulpa, o la utilizada para construir encima ciudades, carreteras o cualquier infraestructura. No tiene en cuenta el uso de agua u otros impactos generados por el consumo (como la contaminación o la pérdida de biodiversidad).

4  Registro del nivel actual de contaminación  http://co2now.org/

 
 
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