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La tercería tiene la palabra

  Héctor Alonso Moreno
  Profesor Asociado – Universidad del Valle
   
 

El 28 de mayo de 2006, los colombianos reeligieron en la primera vuelta a Álvaro Uribe Vélez como presidente con una votación cercana a los 7.300.000 sufragios. Era la primera vez que se implementaba la reelección presidencial. Los extraordinarios resultados en favor de Uribe Vélez, demostraban un amplio respaldo en importantes sectores de la población y afirmaban en las urnas sus altos índices de popularidad y respaldo a su gestión del cuatrienio anterior. Ése día el país giró una especie de cheque en blanco para que el presidente reelegido continuara con su estilo de gobierno por un período más. Durante ese segundo período Uribe, continúo en el poder con muy altos niveles de aceptación, oscilando entre el 60 y el 70%. Producto de su excelente popularidad y aceptación, intentó un tercer período repartiendo entre su clientela, dádivas y canonjías, torciéndole el pescuezo a la norma y si no es por la intervención del control de constitucionalidad, que impidió en su oportunidad que esta ilusión de Uribe y de miles de compatriotas se hiciera realidad, hoy tendríamos de nuevo a Uribe próximo a un cuarto período.

Ante el anuncio de la Corte Constitucional el presidente Uribe no tuvo más remedio que depositar las esperanzas de prolongar su estilo de gobierno en el actual mandatario, Juan Manuel Santos. El presidente Santos es entonces producto del fallido intento de Uribe de hacerse reelegir nuevamente. Como tal, es un heredero de la popularidad y la clientela electoral de Álvaro Uribe Vélez. Fue el designado  continuador de sus políticas de los tres huevitos, pero pronto equivocó su camino;  hoy día,  es señalado por parte del Uribismo como el gran traidor. Santos es también una especie de  eunuco electoral, es decir, es un politico carente de la fuerza viril de un electorado propio que sí lo tenía el expresidente Uribe; huérfano de programa de gobierno como quiera que también sus ideas eran prestadas por Uribe. Lo único que identifica a Santos con Uribe, es que ambos poseen la mala costumbre de otorgar dádivas, canonjías y sinecuras, propias de la política clientelar a fin de conseguir una reelección.

Hoy día, la reelección de Juan Manuel Santos presenta un escenario muy diferente al que tenía en su momento el expresidente Uribe tanto para su reelección en el 2006; como para el fracasado segundo intento de reelección en el 2010. Los índices de popularidad del presidente Santos, han tenido en oportunidades los guarismos más ínfimos que haya tenido gobernante alguno. Registró en septiembre de 2013 un 72% de desfavorabilidad. En ese entonces el gerente de la firma encuestadora Invamer Gallup, Jorge Londoño, anotó que un  estado de opinión tan negativo no se registraba desde el año 1999 con la crisis económica, aunque con otros matices a los de ese año.

Los analistas explican que los problemas sectoriales de los paperos, lecheros, transportadores, entre otros gremios, y el  lento proceso del conversatorio de paz en La Habana, comenzaron a afectar la favorabilidad del Presidente. En el mismo mes de septiembre,  el 60% de los encuestados rechazaban las pretensiones de reelección de Santos; mientras, de otro lado, la popularidad de Uribe se mantiene estable en un 63%.

El Gobierno del presidente Santos, en el marco de esta crisis que reflejan las encuestas y de la urgencia de su reelección, está dando rienda suelta a su dinámica clientelar. Santos, tratará a partir del reparto de recursos, puestos burocráticos y la entrega patrimonial del Estado a su clientela, en cambiar los índices desfavorables de las encuestas. Él, sabe que su gobierno es incapaz de resolver los problemas que hacen que 10 millones de colombianos pasen hambre, pero que es más fácil en cambio dominar la voluntad de los dueños de los votos saciando la voracidad de 260 congresistas con una prima especial que alivie sus deterioradas economías, producto de la rebaja salarial que decretó a los congresistas en días pasados el Consejo de Estado, y con la entrega de cuotas políticas burocráticas a manos llenas al baronato electoral.

En ese sentido, el Presidente a través del decreto 2170 del 2013 firmado el pasado 4 de octubre autorizó a que los miembros del Congreso de la República se les otorgue mensualmente una prima especial de servicios por una bicoca de casi 8 millones de pesos. Esta medida administrativa del presidente Santos, busca aceitar la maquinaria electorera de los parlamentarios con la vana esperanza de que esto compense sus bajos índices de popularidad y su desfavorabilidad frente a la reelección. De paso, espera que esta medida estimule a los honorables congresistas a dejar atrás su plan de paro legislativo para que avancen en la implementación de las reformas que el gobierno tramita en el Congreso.

Sólo algunas horas después que el gobierno aprobara la maravillosa prima especial y anunciara los primeros nombramientos de funcionarios para satisfacer sus clientelas, se vio colmado el Congreso de parlamentarios que llenos de amor patrio se declararon dispuestos a aprobar cuanta reforma proponga el Ejecutivo. Por su puesto, que ninguna de estas pretendidas reformas están orientadas a resolver el problema de los 10 millones de colombianos que pasan hambre, ni mucho menos, a dar futuro a los cerca de otros diez millones de colombianos que viven en condiciones de pobreza y subempleo.

De tal manera que entre las pretensiones de la reelección del fracasado gobierno de Santos y la segunda reelección del ex presidente Uribe en cuerpo ajeno, y hoy a través de uno de los candidatos del Centro Democrático se impone la necesidad de continuar avanzando en la construcción de una tercería a partir de la unidad de todos los sectores que anhelamos un mejor país sin hambre y sin violencia. Esta perspectiva de unidad de todos los sectores de izquierda y democráticos, incluidos sectores provenientes de los diferentes partidos políticos y de los más variados sectores sociales y gremiales, deberán estimular una gran convergencia para la acción política-electoral a fin de proyectar hacia las próximas elecciones de 2014 un candidato presidencial de tercería con posibilidades reales de lograr el triunfo en Colombia. Por primera vez están dadas las condiciones políticas para que en el país, acceda al poder un candidato para un gobierno popular y democrático. Un gobierno que sea capaz de realizar las profundas reformas políticas, sociales y económicas que requiere la consolidación de la democracia colombiana en el marco de una futura sociedad del posconflicto. La tercería tiene la palabra, llegó la hora de una gran oportunidad histórica para el cambio social y político.

Edición N° 00372 – Semana del 11 al 17 de Octubre de 2013
 
 
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