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Conversaciones, acuerdos, votos y botas

  Alejo Vargas Velásquez
  Profesor titular, Universidad Nacional –
Coordinador Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa
   
 

Esta semana se retomaron en La Habana, en el ciclo 16, las conversaciones entre el Gobierno del presidente Santos y las FARC-EP en la búsqueda de un acuerdo final que permita dar por terminado, de manera consensuada, el conflicto interno armado.

Esta ronda tiene una gran importancia, no sólo porque su terminación casi coincide con la fecha que el presidente Santos había planteado como tentativa para construir un acuerdo final, sino con el calendario político en el cual él debe decidir acerca de su candidatura para la reelección; pero adicionalmente en la opinión pública empieza a existir una ‘fatiga’ con las conversaciones y especialmente por la inexistencia de acuerdos y claro, lo adversarios de la salida concertada al conflicto armado arrecian sus criticas y sus mensajes en contra de los mismos a la opinión nacional.

No hay duda que si bien están discutiendo el tema de participación política, como todos conocemos, todo indica que los problemas que están gravitando sobre la Mesa de Conversaciones, son dos, uno, la salida jurídica que le garantice a los miembros de las FARC-EP que no exista cárcel, esto por supuesto conlleva unos acuerdos que finalmente deben ser explicados a los colombianos y la comunidad internacional para que los mismos tengan aceptación y seguramente son posibles porque hay opciones de penas alternativas –justicia no es solamente cárcel-, tales como suspensión de la pena, trabajos sociales, inhabilitarse políticamente por un tiempo determinado, etc. Pero, lo anterior requiere que las dos partes construyan escenarios de confianza. El otro problema es el del mecanismo de refrendación –el debate es Asamblea Nacional Constituyente que propone las FARC-EP y/o referendo constitucional que el Gobierno considera el más adecuado-, pero lo que probablemente está en juego está relacionado con lo anterior, especialmente en el sentido de establecer a futuro la imposibilidad de extradición de las personas que han sido parte de estos procesos de conversaciones, introduciéndolo como norma constitucional.

Lo anterior me lleva a pensar que el tema propiamente de participación política no es el que está frenado un avance en los acuerdos –sobre eso probablemente la posibilidad de llegar acuerdos esté más cerca que lejos-, esto puede ser más el pretexto, pero realmente creo que son los temas de fondo ya mencionados los que afectan la Mesa de Conversaciones. La metodología de funcionamiento de la Mesa de Conversaciones podría mejorarse, pero no creo que eso sea el tema fundamental.

Adicionalmente se ha empezado a esgrimir el argumento que dice, ‘no se puede politizar el proceso de paz’, como si no hubiera algo más político que buscar terminar con una confrontación interna armada de medio siglo que ha dejado una inmensa cantidad de víctimas, dolor y costos para la sociedad; por el contrario pareciera que si es ‘político’ seguir intensificando la confrontación militar. No hay nada más político y sobre lo cual está muy bien que gire el debate electoral, es si los colombianos están de acuerdo en terminar con el conflicto armado y para reforzar eso apoyan los partidos y las opciones políticas que se comprometen a esto, o por el contrario consideran que lo mejor es continuar en lo mismo en que hemos venido viviendo durante los últimos cincuenta años.

Ahora bien, es claro que los sectores que miran estas conversaciones, solo como un tema más de la agenda política, comienzan a preocuparse por si un avance sustancial en los diálogos puede favorecer de manera importante una eventual reelección del presidente Santos –lo cual contradice otras opiniones que dicen que hoy día lo que sería más rentable, electoralmente, serían los discursos guerreristas-. Al respecto se podría decir que si el gobierno del Presidente Santos logra que se dé un avance sustantivo en el camino de un acuerdo final de paz con las FARC-EP y eso conlleva un segundo mandato, pues eso estaría bien justificado. En ese sentido es pertinente recordar lo dicho esta semana por el ex presidente español Felipe González, cuando recordó que lo normal es que un gobierno que avanza en la paz quiera igualmente votos y en el mismo sentido le recuerda a las FARC-EP que es fundamental, una vez llegado a un acuerdo de terminación del conflicto armado, cambiar las botas por los votos.

Por último debemos afirmar que si bien es verdad que la paz como valor debería ser un objetivo nacional, todo indica que los adversarios de la terminación concertada del conflicto armado han colocado sus intereses electorales de corto plazo por encima de ese interés general y por lo tanto se debe acudir al método democrático de mayorías y minorías para consolidar una opinión mayoritaria que apoye esa salida concertada para la superación del conflicto armado interno. Por supuesto, dejando abierta siempre la puerta para que quienes hoy se oponen mañana se puedan sumar a esas mayorías y así podamos construir conjuntamente una patria en la que quepamos todos.

Edición N° 00374 – Semana del 25 al 31 de Octubre de 2013
 
 
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