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La racionalidad económica de la guerra

  Jaime Alberto Rendón Acevedo
  Centro de Estudios en Desarrollo y Territorio – Universidad de La Salle
   
 

El negocio de la guerra tiene unas connotaciones económicas evidentes para todas las personas, menos para aquellos que piensan que sólo en un juego de ganadores y vencedores en el campo de batalla. Las industrias que es capaz de dinamizar una guerra como la colombiana va desde lo más sofisticado en tanto armamento, aviación y tecnologías, pasando por alimentos, vestuarios, manutención, hasta lo impensable en materia de seguridad personal, en un país donde todos, absolutamente todos, somos susceptibles de tener algún evento en ella o ser víctimas de cualquiera otra delincuencia.

En efecto, de las cosas que más llama la atención a los extranjeros es la militarización de nuestra cotidianidad. Es asombroso, al contrastarnos con otros países, como el tema de la seguridad es una obsesión para personas, familias y empresas. Por ello en nuestros edificios o conjuntos cerrados contamos con personal armado, cámaras de vigilancia y control de cada movimiento que se realice en este espacio de hábitat. Paradójicamente cuando hay robos o algún ilícito, es común encontrar la complicidad de los mismos vigilantes en el hecho. Y esto se extiende a empresas, o incluso a los espacios públicos. O incluso, los grupos armados cobran “vacunas” para “proteger” a trasportadores, habitantes, vendedores ambulantes, comerciantes…

Empecemos con las cifras más gruesas. Es difícil que los estudios sobre la guerra en Colombia se pongan de acuerdo a cuanto equivale la guerra, y esto es así porque las variables que se utilizan de unos y otros son diferentes. En todo caso las cifras menos radicales se refieren a un 1.77% del PIB anual1, otros llegan a estimar hasta el 4.5%. De cualquier forma esto es una barbaridad, son unos costos similares al crecimiento promedio de este país, en otras palabras, el esfuerzo por generar riqueza lo destruimos en la guerra. Un efecto desmedido sobre la economía, en la búsqueda de ganancias para muy pocos a costa de la mala vida de todos.

En materia presupuestal el asunto no es menor. Un estudio reciente de Juliana Castellanos del Politécnico Grancolombiano, muestra como la inversión en defensa durante los últimos 10 años fue de 220 billones de pesos, cifra calculada a partir de sueldos, intendencia, logística y armamento. Una cifra de esta magnitud en realidad dice poco se necesita contrastar para saber a qué se refiere.

Como bien se plantea en el Tiempo (domingo 17 de noviembre, 6), con este dinero se construirían 3,14 millones de casas de interés social (de 70 millones). Pero también se podrían construir 114 aeropuertos modernos como el Nuevo Dorado de Bogotá o 45 vías como la Ruta del Sol, que unirá en doble carril a Bogotá con Santa Marta. De todas maneras esto es una exageración. Pensemos que solo la mitad de esto se hubiese ahorrado ya que los gastos militares deben ser financiados y que no necesitaríamos ser el segundo país de América Latina en gasto militar. Es decir, 1.5 millones de casas, 57 aeropuertos, 22 vías… Aun es una locura. ¿Cuándo decidimos como sociedad meternos en esto?

Obviamente, como era de esperarse, los datos muestran el exagerado gasto militar en el período Uribe, en especial en los años 2006-2009. Con este gasto se tendría que haber obtenido una victoria, pero lejos de ello, el hecho de existir hoy la mesa de negociación muestra, por el contrario, a una guerrilla aunque diezmada por los golpes propinados, lejos de considerarse derrotada militarmente.

El presupuesto de todo el sector público para el 2014 será de 203 billones de pesos. Esta es la magnitud, el gasto militar en los últimos 10 años supera el presupuesto actual de la nación. Los gastos de defensa y de la policía tienen la mayor porción del presupuesto de gastos, se llevan el 17.4%, es decir, 27.9 billones de pesos. De allí para abajo por sectores y distribuciones de gasto podemos tener distintos motivos para la indignación.

También se ha hecho público (CMI lo hizo el lunes 18) los gastos en seguridad que demanda el expresidente Uribe: 1.551 millones de pesos mensuales es una cifra significativa que no debería pasarse por alto, sobre todo cuando el expresidente siempre ha llamado a la austeridad: 35 vehículos, 14 blindados, 20 motos, dos cuatrimotos, 177 pistolas, 37 fusiles, 45 chalecos antibalas, 93 radios de comunicación y 58 Avanteles, ¿Es necesario todo esto?

Por las calles de Bogotá pasan a diario carros de escoltas, motos, violentando la ciudadanía que pacientemente padece los trancones. Del tamaño de la caravana se deduce el cargo. ¿De qué y de quién se cuidan? ¿Por qué hay de darles vía? ¿Por qué además de sus onerosos sueldos y primas debemos pagarles carro, conductor y escoltas? Pasan por encima de los y las ciudadanas sin que nadie diga nada, se nos volvió parte del paisaje, uno que además pagamos nosotros mismos, con impuestos.

Ahora, lejos estamos de pretender disminuir esos gastos en el futuro próximo, más aun, a los costos de la guerra (que no terminará con las negociaciones de la Habana) deberemos sumar los gastos necesarios para la reinserción y el postconflicto; que no serán de poca monta, estos van desde el sostenimiento diario de los combatientes desmovilizados, sus familias, atención a niños y niñas de la guerra, formación para el trabajo, ayuda humanitaria, infraestructura para zonas devastadas, reparación de víctimas, entre muchos otros rubros de gasto. Pero ya va siendo hora de dejar los gastos de la guerra para preocuparnos por los gastos que demanda el postconflicto.

De todo esto hay gente, muy poca por cierto, ganando mucho, mucho dinero, esa misma gente que siempre está atizando la guerra, que vive de ella y para la que un proceso de desmovilización de las FARC no sería nada conveniente. Este mismo grupo insurgente participa de este negocio de sangre y muerte al que entraron paramilitares, bacrim, narcos y la propia institucionalidad colombiana. Un gran favor le haría al país con el desmonte de esta cruel maquinaria que a más de vidas, de víctimas y dolor, produce dinero por doquier.

Edición N° 00378 – Semana del 22 al 28 de Noviembre de 2013

1 Santa María, Rojas y Hernández (agosto 2 de 2013). Crecimiento económico y Conflicto Armado en Colombia. Bogotá: Departamento Nacional de Planeación. Documento 400.

 
 
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