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De la lucha de clases a la lucha de egos

  Hernán Suárez
  Asesor Editorial – hsuarez2007@yahoo.es
   
 

Se entiende que ser de izquierda implique pensar con cabeza propia, pero eso no significa que cada uno ande con su lista propia debajo del brazo.

Un acendrado espíritu mesiánico, una dosis de prepotencia política e intelectual, un desprecio por lo colectivo, una incapacidad de ser segundos o colaboradores de una empresa distinta a su propio interés, no es potestativo de la nueva derecha colombiana, la izquierda no escapa a esta lógica. El espectáculo que ofrecen hoy las fuerzas de centro izquierda, dividida en muchos egos individuales y colectivos, pareciera confirmarlo.

La política como ejercicio egocéntrico de predestinados predomina sobre la política como proyecto colectivo. Siempre hay a la mano unos pretendidos principios o unos “códigos morales y éticos” que se argumentan para validar la acción hirsutamente sectaria y grupista.

La izquierda hoy tiene más líderes carismáticos y mediáticos que partidos sólidos, líderes que han demostrado un gran desdén y desprecio por la organización y prefieren seguir siendo figuras de opinión, antes que ocuparse de la conformación de partidos serios y organizados, con reglas y normas democráticas. Se sienten más a placer promoviendo combos electorales al vaivén de las conveniencias parlamentarias o presidenciales.

No es gratuito que los principales líderes carismáticos de centro izquierda, hayan trajinado por diversas organizaciones políticas, que se crean y desaparecen en cada proceso electoral, o luego de una debacle. La larga lista de partidos desparecidos o en proceso transformista así lo confirma: primero fue la Alianza Democrática M – 19, luego Corriente Alterna, más tarde Polo Democrático, después Polo Democrático Independiente, Polo Democrático Alternativo, o primero Visionarios, Alianza Social Indígena, Partido Verde, Alianza Social Independiente.

La obtención del aval político como requisito para respaldar una aspiración electoral se ha convertido en una perversión de la política colombiana. En el país existen partidos de garaje que funcionan como oficinas expendedoras de avales electorales. Poco interesa la ideología o el proyecto político de quien solicita la credencial, lo importante es que queda cubierto por las normas legales. Funcionan al igual que las oficinas tramitadoras de pases de conducción, no importa que el cliente sepa o no conducir, ya sea un vehículo, una ciudad o un país.

La esperanza que representa la propuesta de Claudia López de adelantar un proceso unitario mediante la conformación de una gran lista que unifique las fuerzas democráticas y de izquierda, frente a la polarización Santos versus Uribe, recibió un portazo, un balde agua fría, con la decisión de Antanas Mockus de rechazar la iniciativa y dedicarse a armar su propia lista de personalidades, un nuevo “rancho aparte” que acrecienta la división y el desconcierto, esta vez utilizando la sigla de la Alianza Social Independiente, una suerte de oficina de avales, como lo denunció en su momento el senador Jesús Piñacué, dirigente de la otrora Alianza Social Indígena. http://goo.gl/jtBXjl

A Antanas Mockus el país le abona y reconoce sus esfuerzos por refundar la política, su contribución a la creación de una nueva cultura ciudadana frente al comportamiento social, su vocación y consecuencia contra la corrupción, el respeto a los dineros públicos sagrados, su total rechazo a las prácticas clientelares y a la cultura del favor. Sin duda un renovador. Sin embargo, la gran debilidad del ex alcalde es su apego a la práctica egocéntrica de la política, su reticencia a construir colectivamente. Un cierto mesianismo intelectual y político no le permite trabajar mancomunadamente en favor de un proyecto de otros. Desconfía de todo aquello que no surja de su propia iniciativa y en donde él no sea el centro de atención y de decisión.

Su prédica de reglas del juego ciertas, resultados ciertos, no la aplica siempre. Apelar a la personería política de un movimiento como la Alianza Social Independiente ASI, cuyos objetivos y propósitos son un verdadero misterio para la mayoría de los colombianos, no deja de ser una inconsecuencia, es caer en la cultura del atajo, jurídico y electoral, con tal de tener un nicho para su propio proyecto. Igualmente, resulta inexplicable que Antanas haya hecho las paces con su gran contradictor de ayer, el presidente Santos, pero se niegue acompañar el proceso de redefinición política que adelanta la Alianza Verde o que rechace la invitación que generosamente le hizo Claudia López para sumar esfuerzos para asegurar una presencia significativa en el nuevo Congreso, que tendrá la inmensa responsabilidad de legislar en favor de la paz y el postconflicto.

La opinión ciudadana siempre ha bridado un generoso respaldo a las iniciativas políticas y electorales de Antanas Mockus. No creo que sea mucho pedir que por primera vez tenga la generosidad de acompañar un proceso político de otros. Convertirse en un coequipero de una iniciativa que el país reclama, antes que persistir en una acción política centrada en su personalidad, por más respetable y necesaria que ella sea. Sería una manera consecuente de construir sobre lo construido.

Edición N° 00379 – Semana del 29 de Noviembre al 5 de Diciembre – 2013
 
 
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