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10 años de revaluación – II

  Alfonso Cuéllar Solano
  Ex asesor – ANUC acuellar31@yahoo.com
   
 

Con este escrito continuamos los comentarios de la reciente publicación de Mauricio Cabrera Galvis1 acerca de la revaluación monetaria y sus consecuencias en Colombia. Me propongo llamar la atención de este libro cuyo tema debería estar en el centro de la discusión del debate político en curso. Pero no es así, a unos, les ocupa el debate estéril con Uribe Centro Democrático, sobre quien ha hecho más por la guerra y a otros en la autodenominada izquierda, la polémica es aún más inocua sobre quien ha hecho menos por la paz.

Mientras tanto, asistimos al desbarajuste  económico y social de todos los sectores productivos para los que no alcanza la mermelada del lavado de dinero, que mantiene boyantes a las elites de los negocios financieros y bancarios, de la gran industria y el comercio exterior, situación que se ha visto reflejada en las billonarias superganancias de los pudientes y por otro, en la quiebra de los desvalidos. Estos últimos han hecho sentir su grito de protesta en una oleada de indignación social y política a lo largo y ancho del país.

Cabrera Galvis pone al descubierto con el análisis de las cifras oficiales que llevamos 10 años continuos de revaluación, pues, en “marzo de 2003 el precio del dólar alcanzó un valor máximo de $ 2.962 y en marzo de 2013 se cotizaba alrededor de $ 1.800, es decir que, el peso colombiano se ha revaluado un 64.5 % respecto del dólar”. Pero, al relacionar estas cifras que son nominales, con la inflación y la revaluación de las monedas de nuestros socios comerciales la situación es más calamitosa, pues, calculado con relación al Índice de Precios al Consumidor (IPC) la apreciación del peso colombiano alcanza el 76 % para la década. Como quien dice, que hoy a los “productores colombianos –especialmente a los intensivos en mano de obra- les cuesta producir bienes en el país un 76 % más de lo que costaba hace 10 años.” (Cabrera, 10)

Por lo tanto, no tiene ninguna presentación técnica y mucho menos ética que las autoridades monetarias y en primer lugar el Ministro de Dragacol, Cárdenas, en casi cuatro años ha hecho menos que el anterior Ministro de Hacienda y hoy candidato presidencial de la camarilla de Uribe: Oscar Iván Zuluaga en los 8 años de ese gobierno, lo que constituye una evidencia de que los dos completan más de 10 años de revaluación como política para favorecer los intereses de la pequeña elite oligárquica del poder.

Hoy, en la discusión del salario mínimo, es la oportunidad de hacer conocer lo que nunca se debate en las mesas de negociación, por ignorancia de voceros del lado de los asalariados, o por, el ocultamiento antiético de los técnicos gubernamentales, sobre como la revaluación genera alzas en las mercancías consumidas  que en promedio montan un 7.5 % anual, que no es reconocido para la mercancía fuerza de trabajo, porque, los negociadores del gobierno   esconden el efecto real de la revaluación en los precios, que justifican echando la culpa al “diablo”, cuando dicen que la revaluación es un “fenómeno mundial”, como si se tratara de un hecho físico, como el verano o el invierno, que escapan al control racional del hombre.

Apertura hacia adentro

Si así fuera, Cabrera no lo justifica y demuestra que países como Corea del Sur, México, Perú y Chile han podido controlar la revaluación. La tenacidad con que los Ph. D. de la tecnocracia gubernamental argumentan, raya en la delincuencia moral, al no reconocer su error, puesto en evidencia por numerosos académicos como Cabrera Galvis, quien devela las causas de esta revaluación, primero, en lo que denomina “La apertura hacia adentro” al demostrar como el Comercio Exterior colombiano elevó su peso dentro del PIB en un “impresionante incremento, al pasar, del 31.5 % al 46 %, en razón, a que las importaciones se duplicaron  en los 10 años, que es lo que explica que la Balanza Comercial del país haya pasado de un pequeño saldo positivo, a un déficit del 12 % y a una cifra negativa en la Balanza de Pagos que presenta un déficit en Cuenta Corriente de US$ 11.500 millones a pesar de la bonanza minera y petrolera.

Prosperidad al debe

La paradoja de nuestra economía y política monetaria consiste en que el incremento de las importaciones, por definición, implica una demanda incrementada en dólares y su consiguiente encarecimiento, pero no, en un extraño mundo del subuso, por el contrario hay un exceso de oferta de dólares que presiona a la baja de su precio, convirtiéndose, en el gran misterio de la economía monetaria. ¿De dónde afluye tanto dólar al torrente monetario del país? Del ingreso de capitales lícitos e ilícitos, como muestra Cabrera en su libro: “los ilícitos son el gran misterio de la política cambiaria en Colombia, pues, es evidente que el lavado de dinero tiene gran influencia en la tasa de cambio.” (Cabrera, 23) y creen que con la “política del avestruz”, el gobierno al ignorar la “existencia del lavado de dinero, este va a dejar de influir” en la economía y la política nacional.

El exceso de dólares hay que buscarlo, además, en la cuenta de la Balanza Comercial, o sea, la diferencia entre las exportaciones e importaciones que es positiva en 16.000 millones de dólares, porque, vendemos más de lo que compramos en el exterior. Estas cifras tienen una objeción según Cabrera y es que el sector minero-energético a diferencia de los restantes, es el que aporta el grueso de las exportaciones, pues, los demás sectores presentan un déficit que pasa de los US$ 131.000 millones, lo cual nos sitúa de nuevo como un país mono-exportador, esta vez de energía (carbón y petróleo) en momentos en que los Estados Unidos ha alcanzado el primer puesto mundial en la producción de petróleo, que haría más vulnerable nuestra economía mono exportadora en momentos de caída de los precios de las materias primas.

Según las cuentas del Dane y Banco de la República Cabrera señala que, la Cuenta de la Renta de los Factores, esto es, las remesas al exterior por concepto de intereses y dividendos de la inversión extranjera, arroja un crecido déficit de US$ 86.000 millones, más la cuenta de compra y venta de servicios al exterior tiene una balanza negativa de US$ 26.000 millones, mitigada por las remeses que envían los colombianos desde el exterior que en los 10 años suma más de US$ 44.000 millones. En conjunto estas cuentas elevan el saldo negativo, en el lapso de 2003-2012, a US$ 51.600 millones, que solo por la corrupción y las carencias éticas, no permiten disponer de una explicación adecuada, para decirnos el porqué, ya que esta “cuantiosa demanda de dólares ,por sí misma, debería inducir una devaluación del peso”, por el contrario, genera una revaluación, lo cual conduce a pensar como lo indica la “Cuenta  de Capitales que en el período arrojó un superávit de US$ 73.868 millones producto de los ingresos por concepto de Inversión Extranjera y créditos externos” (Cabrera, 24)

Para nadie es un secreto que todos los ingresos de capital representan una deuda del país con el exterior, que algún día habrá que pagar y que a septiembre de 2012 alcanzaba la suma de US$ 168.000 millones, por lo que dice Cabrera tomando la frase utilizada en los años de 1930, ante un típico caso de “prosperidad al debe”.

Por otra parte, la que denominan la “Inversión de Portafolio” es otra de las fuentes de ingreso de dólares del exterior, para comprar títulos valores, que vienen atraídos al país, porque consiguen una rentabilidad mayor que en Europa o los Estados Unidos. Son inversiones a corto plazo, muy volátiles y sin ninguna dificultad pueden emigrar de nuevo, al momento en que encuentren una inversión más lucrativa: Son los llamados “capitales golondrina”, que por la carencia de controles y regulación, entran salen del país, como Pedro por su casa. Aquí, documenta Cabrera la falacia del mito de la “confianza inversionista” de Uribe con datos que la ponen al descubierto.

Flujos de Inversión Extranjera Directa (IED)
US Dólares/ millones

 

1994-97

1998-02

2003-08

2009-13

IED

11.089

11.449

41.289

39.306

Utilidades

2. 324

2.320

27.408

42.469

Rentabilidad

20.6%

2.5%

12.2%

16.9%

FUENTE: Banco de la República

¿Qué es la revaluación?

Es un término técnico para explicar el cambio en los precios relativos entre bienes o productos nacionales y bienes extranjeros, que por supuesto no es un juego de suma cero, sino que el resultado arroja unos ganadores y otros perdedores. Entre los ganadores están los importadores y comerciantes, que no son precisamente las mayorías nacionales, que llenan, con un dólar a un precio más bajo, las vitrinas de artículos importados y terminan por reducir a la impotencia a los productores nacionales, que tienen precios mayores. Además, como es tal la cantidad de productos, no entra en el costo de ampliarse o construir nuevos locales, sino que, disponen de un verdadero ejército de vendedores ambulantes, que ocupan el espacio público, deteriorando el medio ambiente y el paisaje de nuestras ciudades y dan pie, a la acción de la delincuencia callejera. Esto es lo que explica que el valor de las importaciones “en los últimos 10 años se quintuplicó al pasar de 12.000 a casi 60.000 millones de dólares.” (Cabrera, 26)

Ganadores y perdedores

El conjunto de los productores nacionales industriales, agrícolas y de servicios son los perdedores, a los que se suman los exportadores de todo tipo de bienes, que cada vez reciben menos pesos -al bajar la cotización del dólar- por sus exportaciones. El comercio del café es el mejor ejemplo, pues el productor, o acepta el precio más bajo que los costos de producción y, por lo tanto,  pierde en el negocio, o se mantiene en el precio elevado, no-competitivo, que lo conduce a perder el cliente. Esta es la encrucijada de estos perdedores  por efecto de la revaluación.

El fenómeno de la revaluación castiga a los productores nacionales –intensivos en mano de obra- como por ejemplo, a la caficultura o la floricultura, pues, el salario mínimo se incrementó en los 10 años mencionados en 186%, al pasar, de 115 a 330 dólares. Y no es que, “el ingreso de los trabajadores haya aumentado en esa misma proporción (de hecho, en términos reales, el salario mínimo solo aumentó 12% en los 10 años), sino que,  para el trabajador es una ilusión monetaria producida por la revaluación, mientras que para el productor  que compite en el exterior, si es un aumento real de sus costos” (Cabrera, 26) Dado que el punto de referencia es el dólar.

La revaluación opera como un gran destructor de empleo, por tanto, el ajuste a la baja de la tasa de crecimiento es su efecto con el modelo de crecimiento sin empleo. A base de recortar costos y aumentando la productividad, esto es, producir más, con menos trabajadores, lo cual significa exprimir al máximo la fuerza de trabajo. De otra parte,  la Demanda Agregada (Consumo de Hogares, más Gasto del gobierno, más Gasto público y privado) aumentó en el período en un 65%, pero, el PIB o producción total de la economía creció menos –un 51%- dado que las compras se desvían hacia el exterior. Claro está, que el comercio creció, al aumentar las ventas en un 74% más, que la producción nacional. La productividad también se incrementó al vender más con apenas un aumento del 48% del empleo.

Otro de los ganadores es el Banco de la República y la tarea de controlar la inflación le ha quedado de papaya pues el incremento de la Demanda Interna -que debería haber aumentado los precios-, no se dio, puesto que, buena parte de esa demanda se desvió al exterior para comprar bienes más baratos, por la caída del dólar Al propio tiempo, en la búsqueda de reducir la oferta de dólares, ha realizado compras de dólares de tal magnitud que han engrosado las reservas internacionales del país, han disminuido las utilidades del banco que es una de la alcancías junto con Ecopetrol, utilizada por el gobierno nacional para su inversión y una reducción de la inversión pública, así mismo, deprime la tasa de crecimiento y por tanto atenta contra el empleo. Quiéralo o no, búsquelo o no, el Banco de la República, la política revaluacionista ha sido efectiva para reducir la inflación, toda vez que por ejemplo, el Índice de Precios al Productor (IPP) ha crecido en la década un 30%, mientras los bienes domésticos ha crecido un 44.5% y los de bienes importado han caído en un 12%, e igual, acontece con los precios al consumidor de energía y combustible que aumentaron en el decenio un 97%, pero, la variación del IPC fue solo del 56.6%, similar a los precios de los alimentos, esto porque los precios  transables”, o sea, los influidos por la tasa de cambio, frenaron la inflación al no aumentar sino un 23% (Cabrera, 29)

Nueva política cambiaria

La economía neoclásica –en un país donde reina la ley de la selva- no puede dejar la tasa de cambio al arbitrio del mercado el precio del dólar. Constituye una salvajada por decir lo menos. El Banco de la República no puede limitarse a llevar la estadística del precio del dólar, pues, como actor fundamental junto con el gobierno, disponen de las herramientas legales y cuantitativas para influir y regular el precio del dólar, pero, eso implicaría una nueva política monetaria y por lo tanto un nuevo alineamiento de fuerzas políticas.

Quienes nos encontramos en la “otra orilla”, en la defensa de las mayorías esquilmadas antes por 10 años de inflación, y que ahora padecen otros 10 años esquilmadas por la revaluación, son el país excluido por la elite de la alianza del poder. Los técnicos en la materia como Antonio José Ocampo  y las propuestas que hace Mauricio Cabrera son más que sugestivas, apremiantes , y es, lo que deberíamos estar discutiendo, para plasmarlas en propuestas concretas de ley como la presentada por el senador Avellaneda sobre la salud, pues como concluye el autor que estoy reseñando:

“Lo que está en juego con la revaluación es  un problema social que va mucho más allá de sus efectos económicos de unos cuantos puntos menos en el crecimiento del PIB… Es la supervivencia de buena parte del sector productivo del país, y con ella de los ingresos y la calidad de vida de amplios sectores de la población, que van a tratar de defenderlos con los medios que tengan a su alcance.” (Cabrera, 31)

El deterioro del salario real es de tal magnitud que, 22 de cada 100 pesos es utilizado por los colombianos para pagar sus deudas, de las cuales el 74% son crédito de consumo, o sea, que lo que ganan como ingreso para cubrir sus necesidades del vivir marca un déficit insoportable.

Frente a las protestas que se vienen generalizando, el gobierno responde que “hay que aprender a competir”.  Eso es cierto, pero no proporciona las herramientas y los recursos para poder hacerlo en píe de igualdad. Y la primera herramienta es dotar al país de una política en estos aspectos que nos oriente  y mercachifles donde queremos ir. A ser un país de bodegueros, o privilegiar el trabajo nacional para edificar unos sectores productivos industriales, agrícolas y de servicios, que generen un empleo productivo y de ingresos que correspondan a la creatividad de los millones de jóvenes, que se han preparado no para pescar clientes en la puerta de los almacenes, sino para expresar su talento en la innovación aplicada.

Edición N° 00380 – Semana del 6 al 12 de Diciembre – 2013

1 Cabrera Galvis, Mauricio (2013) 10 Años de revaluación, Bogotá, Editorial La Oveja Negra.

 
 
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