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¿Y la paz de Colombia? de Gramsci a Madiba

  Miguel Ángel Herrera Zgaib1
  Profesor asociado
   
 

“Decir la verdad es revolucionario”.
Ferdinand Lassalle, citado por A. Gramsci (1891-1937)

“Dejad que la libertad reine”.
Nelson R. Mandela (1918-2013)

Antecedentes dolorosos

Si pueden aprender a odiar, también pueden aprender a amar.” Nelson Mandela

En el transcurso de esta semana han coincido dos situaciones, la muerte de Nelson Rolihlaha Mandela, “Madiba”, y la sesión final del VIII Seminario Internacional Gramsci. Este fue un evento realizado en los predios de la Ciudad Blanca, que a lo largo de sus cuatro sesiones que empezaron el 13 de noviembre, se orientó a reflexionar sobre la Paz, la Democracia y la Constituyente Social en Colombia y la región Andino Amazónica.

Recordamos también el legado de cuatro figuras intelectuales relacionadas con la realidad política y social de la humanidad, Nicolás Maquiavelo, Eric Hobsbawn, Marshall Berman y Luis Eduardo Nieto Arteta, en tres escenarios diferentes, Economía, Psicología, y el recinto Margarita González de posgrados de Ciencias Humanas, y el Auditorio Camilo Torres de la Facultad de Derecho.

Este último edifico fue cerrado cuando colapsaron sus cielo rasos del segundo piso del lugar emblemático de la Ciudad Universitaria restaurada en 1938, en los terrenos donados por el patricio liberal Nemesio Camacho, en una zona tachonada por humedales sabaneros, y blasonado hoy por las imágenes del cura Camilo Torres, un exalumno, y el guerrillero heroico e internacionalista, Ernesto Guevara.

Misterios gozosos

“Contrariamente a los análisis del Estado reducido, del aparato gubernativo neutro o clasista (…) descubrió en los años 20 y en la crisis del 29, una nueva fase de la historia del Estado, poniendo fin de manera definitiva, al Estado liberal clásico y a la autonomía anterior de la sociedad civil reducida al mercado y al único burgués privado, el individuo separado de la familia”. Christine Buci-Glucksmann, Gramsci y el Estado, p. 163.

Empleando como leit motiv el legado de Antonio Gramsci y sus cultores en América Latina y el resto del mundo. En la sesión final del Seminario, realizada en el Auditorio que recuerda la obra de la historiadora Margarita González, el 4 de diciembre, con ocasión del lanzamiento del libro Gramsci y la crisis de hegemonía. La refundación de la Ciencia Política, se realizó un conversatorio en el que además de su autor, participaron destacados docentes e investigadores nacionales e internacionales.

El ex rector de la Nacional, Ricardo Mosquera, vinculado en tareas de investigación con la facultad de Economía, Jairo Iván Peña, ex decano de la Facultad de Derecho, Unal; el profesor investigador Peter Ives, U. Winnipeg, autor de Language and Hegemony in Gramsci (2004). Mario Forero, autor de Incidencia del Neopopulismo (2013), profesor investigador de la U. Jorge Tadeo Lozano, politólogo internacionalista y filósofo.

Igualmente, intervinieron, el editor del libro Gramsci y la crisis de Hegemonía (2013), Juan Carlos García Lozano, maestro y estudiante del doctorado en Historia, y Yolanda Rodríguez Rincón, maestra y doctorante en estudios políticos, IEPRI/Ciencia Política, en representación del Grupo presidencialismo y participación, (GP y P), Colciencias/Unijus

En las aproximaciones explicativas y críticas, al calor de los escritos de Gramsci, a propósito de los grupos y clases subalternas, y la guerra de posiciones actual, marcada por la disputa epocal entre democracia y guerra discurrimos por algo más de tres horas, sin pensar que al siguiente día falleciera de quien otro presidente negro, Barack Obama dijera, “Mandela logró más de lo que se puede esperar de cualquier hombre”.

La educación pública y la paz de Colombia

En la sesión del miércoles hubo una ponderación de las negociaciones de paz entre el gobierno de Colombia y las Farc-Ep, que ya cerraron el segundo punto de la agenda, la participación política, de una parte. Y de otra, el esfuerzo necesario y urgente de articular las negociaciones con el proyecto de Constituyente Social, que impulsa, entre otros, el Grupo de investigación Presidencialismo y Participación, organizador del VIII Seminario, 2013, con la verdad y realidad de la educación pública en el país.

En la misma semana la gente, la ciudadanía y las familias del país, conocíamos el pobrísimo desempeño en la prueba PISA, en matemáticas, lectura y ciencias, de nuestros estudiantes de secundaria, donde ocupó la juventud colombiana que nos representó, -algo más de 9.000 jóvenes de 15 años-, el puesto 62, entre 65 países. Una parte de ellos estarán aspirando a ingresar a la Universidad Nacional en el año 2014.

Al tiempo el Rector Ignacio Mantilla y su equipo de gobierno universitario celebraban, mientras con “cajas destempladas” el resto de la comunidad universitaria respondía a la aprobación por parte del Congreso de la estampilla que ayudará a financiar con un mezquino porcentaje en la recuperación de la destruida infraestructura de la sede de la Universidad Nacional, Bogotá. Igual se atenderá en menor medida a las demás universidades públicas.

Todas estas instituciones padecen el desangre presupuestal del Sistema Estatal de Educación Superior, durante, al menos, cinco presidencias consecutivas, casi 20 años. Ni la seguridad tampoco la prosperidad de los últimos gobernantes, Uribe y Santos se dieron por notificadas.

Mucho menos propusieron una reforma progresiva de la Ley de la educación superior, existente desde 1992. Para avanzar en el propósito constitucional de conseguir que la igualdad sea real y efectiva en Colombia en el espíritu liberal que dicen ambos compartir: “la igualdad de oportunidad”.

Claro está, estos gobernantes nada avanzan en procurar la igualdad de condiciones para que jóvenes y adultos accedan con provecho, por fin a la educación, para ejercer de manera robusta la democracia que se cacarea sin ton ni son. Lo recordaba Estanislao Zuleta hace 30 años, hablando de democracia en Los Robles, a militantes y simpatizantes del M-19, esperanzados con una propuesta de paz diferente, que degustara el “sancocho nacional” nunca servido.

Eran los tiempos del ex presidente conservador Belisario Betancur (1982 – 1986), y su ministro liberal, Jaime Castro, quienes en su lugar “recalentaron” la guerra que terminó en el irresponsable holocausto de lo que quedaba de la justicia colombiana.

Los gobernantes Uribe y Santos, a la cabeza del bloque dominante, empleando las herramientas analíticas reinventadas por Gramsci, repartieron sus entusiasmos en la idea de “hacer más con lo mismo” en la maltrecha educación pública superior; esto es, aumentar la cobertura de estudiantes, con el mismo número de docentes y sin ampliar tampoco en lo sustancial la planta física, y menos cuidar de la infraestructura existente, construcciones de más de 40 años para que no se derrumben delante de su cínica y complaciente desidia.

Revolución Pasiva y Democracia subterránea

Aquí y ahora, es menester recordar con Gramsci, que Colombia experimenta, en concreto, sus multitudes, los subalternos, un proceso, interrumpido, larvado de revolución democrática, desde los años 1946 – 48. Entonces se abrió una brecha en el establecimiento bipartidista oligárquico, por la obra pedagógica y trágica del caudillo popular, J. E. Gaitán.

Al darse comienzo a una crisis orgánica, de hegemonía, o de autoridad, que no ha sanado desde entonces, se separó, fracturándose a la nación colombiana, para descubrir la brecha real entre el país político y país nacional, marcada por la más grosera desigualdad, exclusión y discriminación, similares al apartheid, contra el cual luchaba en relativo anonimato Nelson Mandela, quien en 1944 ingresaba al Congreso Nacional Africano para luchar contra la segregación racial.

Antes, en 1940, Madiba ya había sufrido expulsión de la Universidad de Fort Hare, donde estudió Derecho. Allí participó de una huelga de estudiantes. Como Gaitán, Mandela estudió derecho, y se doctoró después en la Universidad de Witwatersrand. En 1967, con Oliver Tambo, protagonizaron un ejercicio de desobediencia civil desacatando el toque de queda decretado por el régimen del apartheid.

Lo que ocurrió en paralelo, en Suráfrica y Colombia, después, fue un crudo periodo de violencia respondida por una serie intercalada de secuencias de revolución pasiva, un concepto repotenciado por Gramsci, a partir de lo dicho por Vincenzo Cuoco.2

Ahora nosotros utilizamos la noción de revolución pasiva para entender la historia nacional desde 1948 y el significado político y jurídico actual de la Constitución de 1991. Esta fija el marco para actuar un proyecto de clase que pugna por aclimatar la contra-tendencia neoliberal a rajatabla sobre las espaldas de 40 millones de subalternos, y casi 5 millones de una complaciente clase media que define en últimas, la elección de los presidentes del pos frente nacional.

Todo lo cual ha exasperado la cuestión social. Más aún, le ha fijado su exacto sentido a la guerra actual que padece Colombia, que no es solamente una guerra civil regionalizada, sino una guerra social en expansión que desdibuja la corriente subterránea de la revolución democrática en curso. Esta guerra de posiciones, definida por la ecuación democracia y guerra, tuvo cabal término en Suráfrica con la elección de Mandela como su presidente el 26 de abril de 1994, sellada por un respaldo del 62,6% del voto de 20 millones de compatriotas.

Colombia, en cambio, no logra salir todavía de una coyuntura de degeneración democrática (1999 – 2010), que es manifiesta cuando el presidente Mandela termina su presidencia, y desiste de la tentación de relegirse. Esta degeneración es manifiesta cuando entramos en el tiempo declarado de guerra del gobierno de Pastrana contra las Farc-Ep, con quienes ensayó unas negociaciones de paz, durante tres años.

Colombia vive de nuevo una inflexión relativa, con el actual gobierno de Santos, quien fuera el ministro de la guerra bajo la presidencia de Álvaro Uribe. Santos quiere jugarle por segunda vez, en cincuenta años, a construir la hegemonía burguesa, porque la primera la intentó y reculó en ello el conservador Belisario Betancur (1982 – 1986). Esta terminó en el holocausto de la justicia, y la masacre de la UP, el partido subalterno, que patrocinado por las Farc-Ep, fue diezmado con el bestial “sacrificio” de más de 3.500 de sus militantes, entre ellos, dos de sus candidatos presidenciales, Jaime Pardo Leal, y Bernardo Jaramillo Ossa.

De nuevo se dispone la negociación de la paz con las Farc-Ep, con una agenda previamente acordada. En esta disputa dispar, por la hegemonía del bloque dominante, o la incorporación activa, democrática de los subalternos se fue la vida de uno de sus artífices, el guerrillero Alfonso Cano, forjado en la Universidad Nacional, primero, y luego en cantera intelectual y militar de una guerra de resistencia que orientó en vida Jacobo Arenas.

Este obrero gaitanista, después militante comunista hizo de comisario político en la guerra de resistencia de las Farc al plan Laso, una operación conjunta de contra-guerrilla con la participación directa del gobierno estadounidense. Después de evitar el bombardeo de exterminio, la visión político-militar de Arenas era librar una guerra que recuperaba el legado de Bolívar, y propiciar para ello una alianza entre campesinos y proletarios, antiimperialista. Así quedó plasmado este plan en lo fundamental en la 7a. Conferencia Guerrillera.

Esta estrategia parecía cumplirse por sus jóvenes sucesores, bajo el comando de su compañero de armas, Manuel Marulanda, un campesino liberal que resistió primero la violencia conservadora de los años 46 – 57, organizó las primeras autodefensas campesinas, uniendo a liberales y comunistas. Luego, Tiro Fijo, muerto Arenas (1990), orientó y animó la ofensiva guerrillera, después del bombardeo ordenado contra Casa Verde, sede del secretariado de las Farc-Ep.

El cuarto ciclo de las revoluciones democrático proletarias

La tendencia actual del proceso político colombiano, después de 24 años de guerra de movimientos, primero, y escaramuzas guerrilleras luego, la tensión paz y guerra en Colombia, cabe con relativa holgura conceptual en lo que calificamos como el cuarto ciclo de revoluciones democráticas. Es la cuarta ola democrática proletaria ampliada, porque ahora es global, e involucra el papel activo de los grupos y clases subalternas en todos los continentes, y en los antes llamados países del centro, por las lecturas sistémicas de I. Wallerstein.3

Después de un aplazamiento de algo más de diez años, el establecimiento colombiano, con la conducción de J.M. Santos y la coalición llamada Partido de la U, quieren conseguir la hegemonía a través de una paz con condiciones. Mientras que la reacción, expresado orgánicamente en el partido de la guerra, que se autodenomina Centro Democrático, con la orientación del ex presidente Uribe Vélez, quiere ajustar, por lo menos, un contrapeso congresional a ese propósito, que limite los ejercicios en procura de la igualdad social.

Este activismo democrático, y en procura de la autonomía de los subalternos, que pueda agenciar una tercería, primero electoral, cuando el bloque de poder está dividido. Esta tercería nacida de la emergencia de la sociedad civil de los de abajo, puede afectar la realidad agraria impuesta a sangre y fuego desde la Violencia bipartidista. Quebrando el bloque agrario, que es la clave de bóveda de la actual dominación, se puede desequilibrar el poder que los latifundistas modernos y premodernos tienen en el Congreso desde hace 50 años.

Estos siguieron concentrando la tierra por todos los medios, en los últimos 20 años por vía de despojo legal e ilegal; que durante la década sangrienta, 1999 – 2010, alcanzó la cuenta de 5 millones de Has, que nos permitirá corroborar el nuevo censo agropecuario después de 40 años de no tener ninguno.

Madiba y la paz de Colombia

“El más precioso diamante…la lealtad a su organización y sus compañeros…Fue un hombre que inspiró a otros por su carácter…su capacidad de perdonar…”
Apartes del discurso de Desmond Tutu, a la muerte de Mandela, 6 de diciembre de 2013.

“Lamentamos profundamente la muerte de Nelson Mandela. Su legado se mantiene como nuestra guía para alcanzar la paz.”
Juan Manuel Santos, 6/12/13, ET, p. 4.

La muerte le llegó a Nelson Mandela a los 95 años. La vida le permitió asistir, mientras tanto, al complejo proceso de obtener la paz y el fin del apartheid para Suráfrica. Derrumbar el régimen afrikáner, le significaron a Madiba 27 años de prisiones. Derruir, en un laborioso ejercicio de contra-hegemonía, una extraña y poderosa combinatoria europea, que cruzó, injertó los perversos saberes coloniales de Holanda e Inglaterra.

Poner fin a la explotación indiscriminada a la población, esclavizada y segregada, el apartheid les llevó casi medio siglo, 1948 – 1990. Detener el saqueo de las riquezas naturales del sur de África, sus minas de diamantes, oro y plata, con la consiguiente devastación de la biodiversidad, que deslumbraron a los primeros colonos, e inmiseraron a sus propietarios nativos, desde Transkei a Transvaal, a las tribus Xhosa, Bashoto y los clanes Zulúes del partido Inkhata, es una tarea que no pudo cumplir Mandela y el partido gobernante que Jacobo Zuma preside en estos días, quien encabezará sus funerales.

El ciclo vital de Madiba es ejemplar al respecto de una comparación con la suerte de Colombia. Quizás no hay un caso similar en la historia moderna que en la persona de un individuo pueda resumir las tragedias del siglo XX, el más brutal de todos. Es la conclusión del historiador marxista Eric Hobsbawn, recientemente fallecido, maestro de varios estudiosos colombianos, y quien documentó con originalidad el rumbo del capitalismo desde la experiencia de las revoluciones burguesas y la del siglo XX, en particular. Él mismo dejó unos atisbos ejemplares de la realidad de la guerra campesina y popular en Colombia, a partir de sus ensayos consignados en el libro Bandidos.4

Hobsbawn hizo a grandes y agudas pinceladas, el palpitante fresco de la historia moderna del Capital. Suráfrica es una de sus joyas más preciadas y manchadas por el despojo y el genocidio. Pero a Hobsbawn tampoco le alcanzó la vida para intentar una historia política y social de los grupos y clases subalternas, desde abajo.

Mandela y sus compañeros de lucha han escrito uno de esos capítulos. De modo parcial está consignada en su Autobiografía (1995), pero sobre todo en la acción de liberación interna del más poderoso poder colonial del siglo XIX que se extendió hasta el final del siglo XX, bajo el disfraz del régimen del Apartheid, después del derrumbe colonial de la India, que coronó la lucha pacífica de Gandhi, en la que perdió la vida, y el Partido del Congreso fue su continuador en la consolidación de un proyecto contra-hegemónico de liberación, que sin embargo, no logra hasta hoy darle paso a la democracia subalterna.

¿Quién era Mandela?

“Madiba (como se le llamaba en Sudáfrica) ha muerto en paz, nuestra nación ha perdido al más grande de sus hijos y a un padre.” Jacob Zuma, actual presidente de Sudáfrica.

Mandela, otro animador audaz y visionario de la lucha contra-hegemónica, nació en Mvezo, 18/0771918. Cuando el fin de la primera guerra mundial, una guerra de las potencias europeas contra el resto del mundo, para redefinir los límites de su dominación colonial, entonaba el canto de sirena del capitalismo de la libre competencia. Nacía Nelson, en un entorno tribal, los Xhosa, durante la que Lenin llamara fase superior del capitalismo, sí, pero de la libre competencia, es decir, Imperialismo.

Madiba era el hijo del consejero real de la tribu Thembu, de la etnia Xhosa, y en sus ancestros era el bisnieto del rey Ngubengcuka (1832). En pocas palabras, era un noble africano, afectado desde su nacimiento por el nuevo reparto del mundo. A medida que creció tuvo oportunidad de educarse en los colegios para nativos africanos, y estudiar derecho en la única universidad negra, y graduarse de ella, y coronar, igualmente estudios doctorales.

La resistencia empezó en el ejercicio de la desobediencia civil en 1952. Junto a 150 compañeros, y con Oliver Tambo, a partir de 1952 defendía como abogados la causa de su gente. Crearon el Congreso del Pueblo (1955), y ensayaron las formas de lucha que practicó Gandhi, quien se enfrentó al racismo en Ciudad del Cabo, en defensa de la minoría hindú también discriminada. Esa lucha lo condujo a la cárcel con sus compañeros, y allí estuvo entre 1956 – 61. Fue puesto en libertad y liberado de los cargos que le hiciera la justicia racista.

En el entretanto, se realiza la Conferencia de Kliptown, a la que concurren el SACP, el partido comunista surafricano y sus aliados, y el Congreso Nacional Africano, CNA, y establecen una alianza para luchar contra el poder colonial. En 1959, el CNA perdió la mayoría de su militancia que decide pasarse a un nuevo proyecto, que tiene que ver con la corriente de los No Alineados que colideró el presidente Kwame NKrumah (1960 – 66), de Ghana, cuya sustentación política contribuyó a construir el líder negro estadounidense, W.E. Du Bois, quien después se trasladó a Ghana, y al que había conocido cuando estudió en Estados Unidos.

Sharpeville y la resistencia armada

¿Qué libertad se me ofrece, mientras siga prohibida la organización de la gente? Solo los hombres libres pueden negociar.
Nelson Mandela (1982).

“Hemos tenido éxito hasta el punto de disminuir el elemento de temor en las mentes de la gente negra”.
Steve Biko, líder del Movimiento Consciencia Negra (1977).

Durante la década de los sesenta se forman varios movimientos de resistencia y acción política en Suráfrica. Uno, entre otros, es el PAC, Congreso Pan-Africano, con el apoyo de Ghana y los Bashoto en el Transvaal, dirigidos por Robert Sobukw y Pottlako Seballo. Hay varias divisiones, y producida la masacre de Sharpeville (1960), Mandela se hace líder de un proyecto de resistencia armada clandestina, Umkhonto we Sizwe, La lanza de la Nación, luego de la Conferencia panafricana (1961).

En paralelo, se forma también el Black Consciusness Movement (BCM), cuyo animador inicial fue el arzobispo anglicano, Robert Taylor. Con el lema  “Black man, you are on your own”, que tenía que ver con las reflexiones del estadounidense Du Bois, quien decía que entre los afro-americanos existía una doble conciencia, Steve Biko, un estudiante de medicina, incorporó la necesidad de obtener una liberación psicológica. La movilización llegó a su punto culminante con el levantamiento de Soweto, cuando los jóvenes protestaron contra la imposición del Afrikaans en sus escuelas, y salieron a las calles, donde fueron acribillados alrededor de 200 por las fuerzas de seguridad, el 16 de junio de 1976. Biko fue arrestado y asesinado, en poder de las fuerzas del régimen, el 12 de septiembre de 1977.

Por otra parte, en 1962 Madiba es apresado, y acusado de sabotaje, termina encarcelado. Para el año 1964 se convierte en el preso 466/64. En la organización armada que ha cofundado, La Lanza de la Nación, confluyen, primero, tanto la fuerza sindical negra como el partido comunista surafricano, uno de los más ortodoxos del mundo, ligado estrechamente a Moscú. Pero, la eficacia de su accionar militar sigue siendo precaria, y son apresados varios de sus líderes por las fuerzas del orden.

En 1969 trataron de montar una falsa fuga a Mandela, para liquidarlo en la prisión, pero un agente secreto inglés, Gordon Winter la previno y lo salvó. De ello quedó el relato “Inside Boss”, donde Winter relata el episodio.

Mandela es trasladado en 1982 a la prisión de la isla de Robben, que está al frente de Ciudad del Cabo, donde se junta los principales líderes del Congreso Nacional Africano, CNA, Sisulu, Mlangeni, Kathrada, Mhlaba. Esta reunión posibilita que el principal núcleo político-intelectual negro de Suráfrica piense un cambio de estrategia. Así se lanza la campaña mundial para liberar a Mandela de la prisión, responsabilizado de conspirar contra el Estado, y de la muerte de 6 personas.

De hecho Mandela y el CNA participaron en las listas de grupos terroristas del Departamento de Estado norteamericano hasta el año 2008. La campaña de liberación de Mandela se lanza en todo el mundo, y su segunda esposa, Winnie, es una de las principales animadoras; consigue el apoyo de estrellas de la canción y el espectáculo, entre ellas Bruce Springsteen, Miriam Makeba, U2, y tantos otros. Y en el año 1990 es un hecho su liberación acompañada de condiciones de libertad para el conjunto del movimiento político y social que autoriza el presidente  De Klerk.

Invictus: de la Paz y el fin del Apartheid

“He luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra. He albergado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas convivan en armonía e igualdad de oportunidades”. Mandela, en el juicio de Rivonia (1963).

En 1985, el presidente Botha propone liberarlo, si Mandela le plantea al CNA que abandone la lucha armada, lo cual él rechaza. Sufre una recaída en su salud, y es objeto de una cirugía de la próstata en el hospital Volks, con el ministro Coetzee.

Tal fue el inicio en firme de los preliminares de las negociaciones de paz, que se interrumpen por la muerte repentina de Botha (1989). Lo remplazará De Klerk, quien anuncia la libertad para Mandela en febrero de 1990, que este acepta si se suprime el estado de emergencia en Suráfrica y se da libertad plena a los movimientos y al CAN para la acción política y social.

Ya libre, Mandela visita la ciudad de New York, siendo alcalde el primer afro-americano, David Dinkins (1990 – 93), y tiene un recibimiento apoteósico. Visita la sede de la ONU, donde era considerado terrorista. Luego De Klerk y Mandela ganan el premio Nobel de la Paz (1993), que es el anticipo de su triunfo electoral para la presidencia que gana en 1994 y cumple un único mandato en 1999, y se retira progresivamente de la vida política, para luchar contra el sida en el África, que le quitó también la vida al último de sus hijos varones.

Durante su gobierno, él implementa políticas de corte neo-liberal, y vive la férrea oposición del partido Inkhata que reúne a la etnia Zulú, rival de los Xhosa, su propia etnia preponderante en la antigua provincia de Transkei. Pero, Nelson logra, de otra parte, consolidar la paz entre Afrikaners y los nativos surafricanos, que sufrieron la explotación y la exclusión coloniales.

La última actuación pública de Madiba ocurre en su aparición apoteósica en el Mundial de Fútbol (2010), retirado de toda actividad pública, y afectado por un sinnúmero de enfermedades padecidas durante 27 años de encierro, combinados con trabajo forzado, que no quebrantaron su disposición para la lucha. Esta fue la despedida del gran líder, en la guerra y en la paz, librada por los oprimidos y explotados en Sudáfrica.

En el 2011 sus enfermedades hacen irrupción definitiva. Siguen los problemas respiratorios que se convierten en una infección pulmonar en 2013. Para junio quedó claro que médicamente era poco lo que podría hacerse para que Madiba siquiera regresara a una vida soportable.

Su muerte sobreviene el 5 de diciembre, el mismo día que sus dos hijas asistían al estreno de la última película referida a su vida, El largo camino a la libertad; y porfiaban ante la prensa internacional que Mandela estaba estable, sin riesgos mayores, cuando enfrentaba sus últimos minutos de agonía.

Por estos días, el presidente Juan Manuel Santos tuvo la visita del líder blanco del equipo de rugby de Suráfrica, que le ganó a Nueva Zelanda el mundial jugado en Suráfrica. Este triunfo de 2007, se convirtió en el símbolo de la reconciliación de una nación dividida por la bestialidad del más severo apartheid, y la consolidación de un proceso de paz irreversible, aunque marche todavía bajo los dictados de la globalización capitalista, y claros rasgos neoliberales, que tienen el soporte de 6 millones de surafricanos negros de clase media, en una población de 46 millones, bastante similar a la de Colombia.

Intentos fallidos y pasión democrática

“Voy a pedirles a todos los expresidentes si pueden representar a Colombia en los funerales de Mandela…sería un bonito paso de unión del país”. J.M. Santos, 6/12/13, declaración a la radio W.

“Mandela supo construir una nueva Sudáfrica sobre las bases firmes de la no violencia, la reconciliación y la verdad.” Francisco, Papa católico

“En estos momentos veo nítidamente cómo el espíritu de Simón Bolívar vive en todos ustedes.” Nelson Mandela, visita a Venezuela en 1991.

El episodio político deportivo de la selección de rugby pluriétnica lo plasmó el periodista John Carlin, en El factor humano, que es la línea argumental principal de la película Invictus. Santos se entrevistó Con Carlin en más de una oportunidad, a instancias de Tony Blair, conocedor de su interés desde antes de la negociación del Caguán por un proceso de paz con las guerrillas de Colombia, que le de a la clase dominante del país, por primera vez la hegemonía sobre los grupos y clases subalternas.

Estos la resisten legal e ilegalmente desde el derrumbe parcial del orden oligárquico nacido en 1886, en la trágica semana de abril de 1948 que desencadenó el asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán.

Muerto Mandela Santos lo ha recordado esta semana. Con este acontecimiento, Santos intentó persuadir en vano a todos los ex presidentes de Colombia de que representaran al gobierno en las exequias de Madiba. Él les vendió la idea como un gesto de paz y unidad definitiva. Era una oportunidad para emular lo hecho por Nelson Mandela, quien logró por otra vía, la pasión deportiva, reunir a la nación dividida por dos siglos. Aún le queda a Santos la opción de los posibles triunfos de la selección de fútbol en el campeonato mundial de 2014.

El primero en echarle nones fue su más encarnizado rival en el bloque dominante. Uribe contestó negativamente a la canciller María Ángela Holguín, y arguyó sí que Mandela no había torturado, ni asesinado. Pero rehuyó el tópico del terrorismo que le endilga a la guerrilla de las Farc-Ep; sin embargo, Mandela y el Congreso Nacional Africano vivieron el inri de ser categorizados como terroristas hasta el año 2008, que coincide con la reelección de Álvaro Uribe Vélez, quien ahora quiere hacer parte del Congreso, liderando la bancada del partido de la guerra anti-subversiva.

Dos ex presidentes, Samper y Pastrana han dicho que sí irán. Esta división revela que la reelección de Santos es inminente, y tendrá el mismo tiempo que Uribe tuvo valiéndose de ilegalidades sin darle finiquito a la paz. Es el tiempo de la paz negociada con las Farc-Ep, y darle inicio al proceso con el ELN, cuyo líder Nicolás Rodríguez Bautista ha reiterado que están listos. El periplo vital de Mandela, sin caer en comparaciones ociosas, prueba que lo que hace Colombia no es solo posible sino viable, y practicable.

Con la particularidad que el racismo colombiano está semioculto; la discriminación y la segregación es pluriétnica y multicultural. Abarca a más del 90% de la población, abarcando a un considerable segmento de la clase media también. Por lo que la intervención activa de la sociedad civil en su pluralidad es requisito sine qua non para que la paz triunfe. Y esto requiere de una primera asamblea constituyente, y una constituyente social que la complemente.

Las cuales no tienen precedentes en la historia de Colombia como nación independiente. Le tocó a Madiba como mito, la suerte de hacerse santo patrono laico de la paz para Colombia, en las cercanías de un torneo deportivo mundial, donde los eventuales triunfos del equipo de fútbol darán alicientes a todos los colombianos para reinventarse en una fraternidad que potencie con el flujo creador de las pasiones la alegría de un triunfo pasajero, y no la tristeza improductiva del odio y la retaliación sin fin, que plasmó magistralmente Gabriel García Márquez en “Cien años de soledad”, y la espera inútil y tozuda de “El coronel no tiene quien le escriba”.

Las elecciones de marzo y mayo de 2014 serán los preliminares de lo que pueda ocurrir a partir de junio en las canchas de fútbol en Brasil, nuestro más poderoso vecino suramericano, donde su presidenta Dilma Rousseff, afectada por el inmenso escándalo de corrupción de su propio partido, honra la memoria viva de Mandela, diciendo, “El ejemplo de este gran líder guiará a todos aquellos que luchan por la justicia social y por la paz del mundo”. Que ruede entonces el balón, y el ejemplo de Invictus sea un estímulo más que deportivo, en el calenturiento tiempo de la paz en Colombia.

1 Exdirector de Ciencia Política y Unijus, Unal, Bogotá. Ex rector Universidad Libre de Colombia (2003). Catedrático Maestría Estudios Políticos, Universidad Javeriana, Bogotá. Director Grupo Presidencialismo y Participación, Colciencias/Unijus. Doctorante en Ciencia Política CPolítica/IEPRI (2013).

2 Dice Peter Ives en su libro, que Vicenzo Cuoco utilizó la expresión revolución pasiva para referirse a la corta experiencia de la república de Nápoles, cuando se sacó a Fernando IV y la dinastía de los Hapsburgo de Nápoles y Sicilia. Para él, el fracaso de esta experiencia se debió al error en la conducción de las masas, no preparadas para impulsar los ideales de la Ilustración. La lectura de Gramsci es otra, hay revolución pasiva cuando no se incorpora activamente a la mayoría de la población. Ver op. cit., pp: 102 – 103; y Selection of Prison Notebooks, Hoare and Smith, p. 108.

3 El neoconservador Samuel P. Huntington, conviene recordarle, publicó un libro refiriendo y caracterizando la que llamó Tercera Ola democrática, que arrancaba en los países europeos del sur, España, Portugal y Grecia. Después confundió la Cuarta Ola, con lo que con dejos ideológicos apocalípticos llamó “El Choque de las Civilizaciones”, que, por supuesto, no compartimos. Hoy luego de las llamadas “primaveras árabes” tenemos claro su yerro, y el rechinar de dientes de la reacción israelí ante la posibilidad de hacer las paces asimétricas con Irán, Siria y darle vía libre a una Palestina libre por la primera vez, entre otras razones, para precaver el cada vez mayor peso de China Continental en el ajedrez estratégico global.

4 HOBSBAWN, Eric J. (1976). Bandidos. Edición original en inglés, 1969/74. Editorial Ariel. Barcelona.

Edición N° 00382 – Semana del 20 al 26 de Diciembre – 2013

 
 
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