“Llegó la hora de parar la violencia”

  Alonso Ojeda Awad
  Ex embajador de Colombia, Director Programa Paz U.P.N.
   
 

Con esta emblemática frase su Santidad el Papa Francisco, comunicó al mundo que la tierra debe ser un lugar donde se respete la diversidad y los Derechos Humanos. Sus palabras se han esparcido por el mundo llegando a millones de seres que padecen la violencia inmisericorde, palabras que se convierten en bálsamo de fe y esperanza en la construcción de un mundo lejos de las injusticias y con plena vigencia de los Derechos Humanos.

El modelo económico imperante que es el capitalismo, debe recoger y meditar sobre estas sabias sentencias expresadas nada menos que por el vicario de Cristo en la tierra, pastor y líder de millones de cristianos que se acogen a sus emblemas, enseñanzas y expresan en sus oraciones diarias, la esperanza de construir aquí el reino de Dios donde prime la verdad, la justicia y la paz entre todos los seres que habitan la tierra.

Como lo anotó el diario El Espectador, el jueves 2 de enero del año en curso, “En su primer Ángelus del año 2014, el Papa Francisco pidió que se frene la violencia. Llegó la hora de parar el camino de la violencia. ¿Qué está pasando en los corazones de la gente?, ¿Qué está pasando con la humanidad? Es hora de parar, dijo desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico”, en Roma.

Y este mensaje de su Santidad cae como “anillo al dedo” a la violenta sociedad colombiana que desde hace más de cincuenta años vive en una larvada guerra civil, cuyos efectos desastrosos ha penetrado todas las actividades del hombre y la mujer que también se expresan en forma violenta, convirtiéndose la cotidianidad colombiana en un rosario interminable de agresiones, muertes, masacres, violaciones, que sólo dejan a su paso orfandad y viudez.

Aquí están las palabras taxativas del Santo Padre, para los que andan azuzando la violencia colombiana sin importarles el dolor de los huérfanos y viudas que se extienden a lo largo y ancho de los caminos de la nación. Los enemigos de la paz, de los diálogos de La Habana, no pueden seguir, impunemente, atravesándole palos a la rueda de la conciliación, cuando el Papa, en términos perentorios, clamó a todos los seres del mundo “Parar la violencia”.

Este mensaje debe servir al presidente Juan Manuel Santos y a la dirigencia de las FARC como el soporte fundamental y definitivo para persistir en el honroso camino de buscar, consolidar y proclamar la paz en todo el territorio de nuestra nación. Ellos han sido los elegidos para iniciar el largo proceso del postconflicto. Esa compleja etapa donde los colombianos haremos los mayores esfuerzos para dejar de considerarnos enemigos y comenzar a trabajar por el bien común, con una concepción de contrarios o diferentes que trabajan por objetivos sociales, divergentes, pero unidos en la gran diversidad ideológica que estructura a la nación colombiana.

El Santo Padre también invitó a “No quedar indiferente e inmóvil ante la violencia y las injusticias que reinan en tantas partes del mundo”. Estas palabras deben convertirse en emblemas de trabajo y compromiso por lograr una sociedad más justa, más convivencial, más pacífica, no violenta. Esa es parte fundamental que nos corresponde seguir haciendo. Dentro de los estrechos marcos que deja el capitalismo es urgente trabajar para que más amplios sectores excluidos puedan tener acceso a sus Derechos Humanos en áreas de educación, salud, trabajo, vivienda digna y recreación.

“Se necesita el compromiso de todos para construir una sociedad verdaderamente justa y solidaria. Tenemos todos, la responsabilidad de obrar para que el mundo se convierta en una comunidad de hermanos que se respeten, se acepten en su diversidad y se cuiden unos a otros”. Más claro y contundente no pudo ser el mensaje papal al mundo. Estamos todos notificados, creyentes y ateos de la urgencia manifiesta de construir, más temprano que tarde, un mundo de justicia y de paz, donde puedan vivir y desarrollarse las presentes y futuras generaciones, que cumplen el mandato bíblico de poblar la tierra.

Al terminar estas palabras pensé: cuánta razón tenía nuestro inolvidable maestro y capellán de la Universidad Nacional de Colombia, Camilo Torres Restrepo, cuando propuso, y no lo dejaron, construir una sociedad más justa y equitativa para todos los colombianos y colombianas. Hoy, que importante que sea la Iglesia Católica, con su pastor al frente de las reclamaciones sociales, luchando por un mundo más justo y equitativo.

Edición N° 00383 – Semana del 17 al 23 de Enero – 2014
 
 
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