Rebaños, pastores, escuelas y maestros

  Julio César Carrión Castro
  Universidad del Tolima
   
 

En esta época marcada por el rotundo fracaso de la escuela, (institución que originariamente fue publicitada para la realización de los intereses emancipatorios y la defensa y promoción de los derechos humanos, como lo pretendía la Ilustración); cuando la generalizada decadencia de este modelo de “civilización” pretende ser ocultada tras la metafísica de lo fugaz, de lo evanescente y deleznable, y el valor de las mercancías se impone por sobre el mundo de la vida; cuando el pragmatismo consumista, el cinismo y la cultura del espectáculo sustituyen los quehaceres políticos centrados en las utopías; cuando el progreso técnico e instrumental implica la devaluación de lo humano, como lo predijera Marx. En fin, en esta desafortunada coyuntura nihilista, en el ocaso total del proyecto ilustrado y demoliberal, en esta dialéctica de modernidad y barbarie, en este período de desintegración total, de carencia de brújula y de orientación, siguiendo el texto Normas para el parque humano nos preguntamos con Peter Slotedijk:

¿Qué amansará al ser humano, si fracasa el humanismo como escuela de domesticación del hombre?¿Qué amansará al ser humano, si hasta ahora sus esfuerzos para autodomesticarse a lo único que en realidad y sobre todo le han llevado es a la conquista del poder sobre todo lo existente?¿Qué amansará al ser humano, si, después de todos los experimentos que se han hecho con la educación del género humano, sigue siendo incierto a quién o a qué educa para qué el educador?¿O es que la pregunta por el cuidado y el modelado del hombre ya no se puede plantear de manera competente en el marco de unas simples teorías de la domesticación y de la educación?

Sloterdijk nos enseña cómo muy temprano en Occidente la idea de la domesticidad y el amaestramiento constituyó la base de la propuesta ilustrada, desde la Paideia griega hasta el movimiento intelectual de la Ilustración. Ya Platón en su diálogo El político y luego en La República, propuso establecer una serie de normas de comportamiento humano, una especie de pastoreo urbano. Desde Platón en realidad toda reflexión política es una reflexión acerca de las reglas de manejo de un parque humano. La ciudad es vista así como una especie de granja o de zoológico. La política no cumple función distinta al establecimiento de normas para ese ganado humano. Platón trabaja una metáfora de pastores y rebaños que culmina en el logro de la autorregulación ciudadana del tejido estatal. Se trata de alcanzar una regulación entre la osadía y la sensatez, de alcanzar la concordia, la amistad, el “bienestar”, la hospitalidad. Posteriores biotecnologías, como las escuelas, los liceos y los gimnasios burgueses o, más extremas como el control natal, la eutanasia y la eugenesia, han intentado alcanzar esa concordia, ese “bienestar”. Con igual propósito se han construido gran diversidad de parques temáticos para la normalización  ciudadana: eclesiásticos, escolares, oficiales, privados, urbanos, rurales, regionales, nacionales, hasta llegar a los campos de concentración y de exterminio, incluso autoadministrados, para regular, en todo caso, el comportamiento del animal humano. No hay nada más horroroso, (como lo afirma Pedro García Olivo) que la conversión de cada ciudadano en policía de sí mismo, como se ha logrado ya en la democracia fascista contemporánea, bajo el decisivo influjo de la escuela.

El Estado es el cuidador por excelencia de ese zoológico, con antropotécnicas y reglas para el parque humano; políticas encargadas de dirigir y orientar por el camino de la mansedumbre al rebaño pedestre y los maestros son los rutinarios encargados de alcanzar esa obediencia… El arte del pastoreo consiste en dirigir con una política de cría y mansedumbre la reproducción, de tal manera que la “libre voluntad” no se atropelle, es decir, guardando las apariencias del “derecho” y de la “democracia”, invisibilizando el aparato de coerción y explotación. Se trata de conjugar la fortaleza militar y guerrera con la prudencia filosófica humana, supuestamente sin prelación de una de ellas. Para Platón el pastor por excelencia es Dios, pero a continuación afirma que el mejor criador y custodio es el sabio que pastorea bajo la guía y orientación de Dios.

Cuando ya el intimidante Dios ha muerto, o se ha retirado, y los viejos sabios guardianes y criadores parece que también han dimitido, nos quedan los mercenarios maestros que, simulando sapiencia, operan bajo sus enseñanzas, sus escritos, sus libros canónicos convertidos en objetos de archivo (muertos en los sótanos muertos de la cultura) como lo reafirma Sloterdijk.

El texto Normas para el parque humano, ha generado una amplia controversia en torno al tema del humanismo asumido como paradigma del proyecto civilizatorio en Occidente, porque en realidad éste ha sido reducido a un proyecto de deshumanización y bestialización integral del hombre, bajo la consigna del imperio de “la inteligencia” y con el permanente apoyo de las fuerzas bélicas y mercantiles y de la mano siempre de sacerdotes y maestros…

Las peripecias históricas del concepto “inteligencia” (señaladas por Hans Magnus Enzensberger en el artículo En el laberinto de la inteligencia. Una guía para idiotas) han llevado a fortalecer orgullosamente la distinción frente a los demás animales, “como si la evolución, con excepción de nosotros, sólo hubiera atinado a crear seres deficitarios dignos de compasión”. Esta orgullosa perspectiva condujo, a la fijación de absurdas jerarquías de “inteligencia” entre los seres humanos. Jerarquías que se corresponden con las establecidas por los patrones culturales eurocéntricos, elaborados bajo las diversas convicciones político-religiosas, colonialistas, racistas y clasistas que han impuesto su hegemonía y dominio en diversas regiones y momentos y que lograron una mayor fundamentación teorética gracias a la intervención de aparatos ideológicos puestos a su servicio y, muy especialmente, a partir de la introducción de la escuela y los maestros, como mecanismos centrales para el logro de la obediencia y la subalternidad.

La esencia de lo humano no  puede seguir siendo establecida engañosamente como biología a la que se le agrega un factor espiritual o trascendente; la terca persistencia del ser animal del hombre debe ser refrendada por el pensamiento crítico. Federico Nietzsche, en Así habló Zaratustra, desde un materialismo radical ubica al hombre entre los animales, señalando posibilidades de superación tanto del animal, como del hombre mismo. Freud, en El malestar en la cultura, afirma que “el verdadero problema del destino de la especie humana está… en el hecho de saber si el desarrollo de la cultura logrará dominar el mal funcionamiento de la vida comunitaria entre los hombres, mal funcionamiento que está determinado por el instinto humano de agresión y autodestrucción”. Propone Freud entonces, apostar por la vida y por la dignidad del hombre, frente a la lucha cósmica que se da entre las fuerzas de la destrucción y del mal -Tánatos- y las desordenadas fuerzas de la afirmación de la vida -Eros.

En estos tiempos en que el mero sobrevivir constituye el principal quehacer de las mayorías explotadas o excluidas, cuando la barbarie civilizada se apodera del mundo, siendo notoria la pedagogización de la vida, pero no en torno de los ya desuetos intereses emancipatorios, sino del mero acomodamiento y la docilidad, bien vale la pena el esfuerzo significativo de rescatar esas palabras de los sabios, esos escritos muertos y sepultados en la fosa común de las ideas, en los archivos muertos de la historia y de las utopías. Rescatarlos de manos de la escuela y los maestros… Sloterdijk nos propone, rescatar el inconsciente ético y estético de la humanidad, como un nuevo proyecto esclarecedor del humanismo. Ante la contemporánea crisis de los humanismos es indispensable profundizar -como lo exigía Nietzsche- en el sentimiento dionisiaco de la vida. Fortalecer la cultura impulsando el sueño de la más auténtica realización humana; unas nuevas normas y tecnologías genéticas que orienten el restablecimiento de la dignidad de hombres curados de esa condición de rebaños que promueve la escuela y los demás parques temáticos y campos de concentración, en olvido de la profunda y libre animalidad de los hombres, ocupados, quizás equivocadamente, en asumirse como “humanos, demasiado humanos”…

Edición N° 00383 – Semana del 17 al 23 de Enero – 2014
 
 
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