La encrucijada electoral

  Fredy Aguilera Garavito
  Asesor CEPROD – Sincelejo
   
 

El 2014 es un año electoral que permite la participación de los ciudadanos y ciudadanas, colombianos en la constitución del poder Legislativo con la elección de un nuevo Congreso de la República el 9 de marzo y el poder Ejecutivo con la elección el 25 de mayo del Presidente y el Vicepresidente de Colombia, que en caso de segunda vuelta iríamos hasta el 15 de junio. El proceso eleccionario, que es un elemento importante de la democracia, no el único, se desarrolla en una coyuntura que exige el fortalecimiento del proceso de paz, asegurar la reconciliación entre los colombianos con una política social agresiva que garantice el goce efectivo de los Derechos Humanos fundamentales a las grandes mayorías nacionales para lo cual es imperativo que el país aborde la realización de profundas reformas económicas, sociales y políticas, que re-direccionen el modelo económico y aperturen social y políticamente la institucionalidad como elementos de tránsito en el postconflicto y de construcción de una paz verdadera y sostenible.

La coyuntura eleccionaria destaca una fractura al interior del bloque hegemónico en el poder claramente diferenciado y abanderado en diferentes colectividades políticas, muy a pesar de ello, la conducción mayoritaria del Congreso de la República; por éste no está en cuestión, ni peligra en las elecciones del próximo 9 de marzo, por el contrario, se fortalece y es posible que se reduzcan las curules de los llamados sectores independientes y de izquierda radical, revolucionaria o democrática, la falta de conexión de estos sectores con la realidad, las divisiones, el sectarismo y las pugnas intestinas, los ponen en condiciones de debilidad para afrontar el reto electoral. A esto se agrega el incremento del umbral a un 3% que pone en peligro la permanencia de algunos partidos y movimientos políticos que representa posturas alternativas y de izquierda por pérdida de la personería jurídica. En consecuencia, las elecciones a Congreso del 9 de marzo no es la mejor plataforma para competir de los sectores minoritarios que pueden ver reducidas sus posibilidades para mantener siquiera el número de curules de hoy en el Congreso dela República.

Es una paradoja que sectores históricos luchadores por la paz no puedan capitalizar el actual proceso para fortalecer su participación parlamentaria y consolidarse como oposición política con vocación de poder frente a las élites dominantes. Está claro, el agrietamiento al interior del grupo hegemónico en el poder no obedece a discrepancias sustanciales en el modelo económico, el extractivismo, el medio ambiente, la corrupción o la forma de organización y operación del sistema político, alrededor de estos temas importantes hay unidad en las élites colombianas. El centro de la hecatombe que permite distinguir entre la extrema derecha que encabeza al ex presidente Uribe y el centro- derecha del presidente Juan Manuel Santos es la posición que esgrime cada uno en relación con el tratamiento que debe darse al conflicto armado interno, es esta la piedra angular de la confrontación que permea la actual coyuntura electoral, ya lo dijo Horacio Serpa Uribe al proclamar su candidatura liberal al Senado de la República “El pueblo colombiano tendrá que escoger entre la paz del presidente Santos y la guerra de Uribe”.

La lucha por la Presidencia de la República tiene el condimento especial de una división y polarización de candidatos que expresan los intereses políticos y económicos del establecimiento, lo que objetivamente se convierte en una oportunidad para los sectores alternativos y de izquierda, el problema es si estos están en condiciones de aprovechar esta debilidad en el bloque dominante para transformarse en opción real de poder a través de una candidatura presidencial unitaria con un candidato de reconocidas calidades morales y políticas capaz de promover una nueva alternativa y visión de país con un modelo económico incluyente, sin daños ambientales, una política social garantista del goce efectivo de los Derechos Humanos para los colombianos que profundice la democracia en términos de mejorar la participación de las minorías en todos los sentidos, y sobre todo algo que tiene sensibilizado al país que muestre mecanismos y acciones concretas para erradicar la corrupción que corroe a la institucionalidad pública.

Empero, el Estado del arte a este nivel no es alentador, al interior del sector independiente y de izquierda fiel al viejo formato del canibalismo político, el sectarismo y la prevalencia de los intereses personales sobre los colectivos, se libra una lucha de diversas candidaturas presidenciales que hacen dudar de la posibilidad de estar a la altura de las exigencias de la coyuntura levantando una candidatura presidencial unitaria capaz de movilizar a la opinión ciudadana que se resiste a Santos y al uribismo.

Bajo estas condiciones, es decir sin una candidatura presidencial unitaria de los sectores alternativos de izquierda; la coyuntura, la realidad política objetiva nos pone a decidir entre apoyar el proceso de paz contra el uribismo votando por un segundo período del presidente candidato Juan Manuel Santos o votar por Óscar Iván Zuluaga para el retorno del guerrerismo uribista al poder. No son otras las opciones, la crudeza de la realidad están jodida que aquí no cabe la abstención, ni el voto en blanco, así es, así sucede para medio parafrasear al fallecido canta-autor Vallenato Diomedes Díaz.

Edición N° 00385 – Semana del 31 de Enero al 6 de Febrero– 2014
 
 
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