Los ruidos en las Fuerzas Militares
las conversaciones de La Habana

  Alejo Vargas Velásquez
  Profesor titular Universidad Nacional,
Coordinador Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa
   
 

Es probable que los ruidos mediáticos que se han producido en el entorno de la Fuerza Pública, por las llamadas fachadas de inteligencia –como Andrómeda, pero con seguridad existen muchas más porque es lo propio de los servicios de inteligencia en cualquier Estado- y la posible interceptación de correos o celulares de negociadores del Gobierno en La Habana y del propio Presidente de la República, así como las interceptaciones de llamadas que conllevaron un remezón en la cúpula del Ejército, no sean más eso, ruidos que impactos reales en la Mesa de Conversaciones. Porque es claro, o debería serlo, para las FARC, que están conversando con su adversario y que mientras no lleguen a un acuerdo final de terminación del conflicto interno armado se aplica el reiterado principio de “nada está acordado hasta que todo no esté acordado”. El esclarecimiento de finalmente qué sucedió seguirá el ritmo de  las investigaciones judiciales y no hay que hacerse ilusiones acerca del conocimiento total de lo que realmente se hacía allí.

Probablemente es más importante destacar, como un hecho positivo, la incorporación del jefe guerrillero de las FARC Fabián Ramírez, uno de los más destacados del Bloque Sur de esta guerrilla, por dos razones: 1) reitera la unidad y cohesión de esta organización alzada en armas; 2) se hace en el momento en que se están construyendo acuerdos acerca del punto de solución al problema de las drogas ilícitas y el Bloque Sur ha estado históricamente en el centro de esta problemática.

Sobre la Fuerza Pública y las terminación del conflicto armado

Pero obviamente en las Fuerza Pública parece haber preocupaciones a propósito del resultado de las conversaciones de La Habana. Algunas voces, no propiamente cercanas al Gobierno Santos, han dicho que en las Fuerzas Militares existen estas inquietudes por lo que pueda suceder con ellos en las conversaciones de La Habana –si van a ser objeto de negociación con la guerrilla- y por su futuro como institución. Esto seguramente es real, porque algo similar expresó el saliente comandante de las Fuerzas Militares en sus palabras de despedida. Pero, evidentemente esto lo que reflejaría es que desafortunadamente los responsables políticos no han sido claros y precisos con los militares acerca de las implicaciones que conllevaría el acuerdo de terminación del conflicto interno armado.

Haciendo de ‘abogado del diablo’ debemos decir que claramente no se deberían tocar temas relativos a la Fuerza Pública en las conversaciones de La Habana, ni en unas conversaciones con la insurgencia guerrillera. Pero eso no significa que ellas vayan a continuar igual una vez terminado el conflicto interno armado.

En el caso colombiano las transformaciones que deben vivir las Fuerzas Militares y Policiales no deben ser objeto de las conversaciones con los alzados en armas, sino producto de un análisis del Gobierno con la institución militar y policial acerca de sus nuevos roles y misiones en un escenario de postconflicto armado.

Uno de los resultados fundamentales a corto y mediano plazo es  reafirmar la supremacía del poder civil sobre las instituciones militares y policiales; esto tiene que ver y de manera muy relevante con el control por éstos de la política de seguridad, defensa y en general con la política atinente a los militares. Lo anterior tiene como contrapartida el reconocimiento a la institución militar por parte del conjunto de la sociedad y de los actores sociales y políticos, como aquella que encarna el monopolio legítimo de la coerción.

Al respecto es reiterativa la insistencia de los analistas en el sentido que un verdadero predominio civil en democracia requiere dos condiciones, como lo plantea el especialista chileno Augusto Varas: “1. Que los dirigentes civiles tengan conocimientos adecuados sobre el manejo de la defensa externa –incluyendo conocimientos sobre presupuestos militares y manejo de equipos de guerra-; 2. Que exista un respeto por el rol positivo que pueden jugar las Fuerzas Armadas en el futuro del país. Si los civiles no están dispuestos a reconocer estos dos hechos, la consolidación del camino democrático será bastante difícil.”

Por eso es determinante la participación de las Fuerzas Armadas en el proceso de superación negociada de la confrontación militar. No solamente porque en toda concertación de este tipo se deben resolver asuntos que son estrictamente militares, sino porque ellas deben estar seguras que la terminación del conflicto armado no va a implicar costos excesivos para la institución, más allá de los que un proceso de re-acomodo institucional conlleva y adicionalmente porque ellos son un factor de poder real en la sociedad y pretender hacer una negociación exitosa sin los militares o a espaldas de ellos, no es realista. En el caso de las conversaciones de La Habana los están representando, con lujo de competencia, tanto el General® Mora Rangel como el General® Naranjo, oficiales ambos de la reserva activa con una gran trayectoria y prestigio.

En la mayoría de negociaciones exitosas de conflictos internos armados la participación directa de los militares en las mismas ha sido un factor fundamental de dinamización y concreción. Uno de los objetivos fundamentales de las elites civiles es, por lo tanto, persuadir a las Fuerzas Armadas de lo estratégico que significa su participación directa en un proceso de negociación de esta naturaleza.

Anotaciones sobre los cambios progresivos en la Fuerza Pública en el postconflicto

Ahora bien el tema debemos situarlo en varias temporalidades. Me parece que en el corto y mediano plazo –alrededor de cinco años- la Fuerza Pública no puede vivir ningún tipo de modificación, es más su desafío es muy grande porque se trata de garantizar la seguridad en todo el territorio y especialmente en las zonas donde se desmovilicen las organizaciones insurgentes –no se puede olvidar que siguen habiendo otros factores de violencia a los cuales deben constitucionalmente combatir y llevar a las autoridades judiciales- y allí tanto Fuerzas Militares como Policía Nacional tienen un reto que estoy seguro van a cumplir de manera adecuada.

Es claro que en Colombia se conformó en las últimas décadas unas Fuerzas Militares fundamentalmente contrainsurgentes, de la mayor eficacia y de las mejores de la región, pero que una vez terminado el conflicto armado con la guerrilla van a tener que vivir, de manera progresiva y en el mediano plazo, un proceso de reingeniería para transformarse en unas Fuerzas Militares clásicas centradas en la defensa nacional y en nuevas misiones y roles, pero esto debe hacerse de manera programada y sin que conlleve riesgos ni para la seguridad nacional, ni para la propia institución militar.

Igualmente es probable que debamos incrementar el pie de fuerza de la Policía Nacional y volver a repensar la idea de una Guardia Rural –que podría ser una división de la Policía Nacional o del Ejército-, exclusivamente para los temas de control del territorio,  que ha sido una falencia histórica colombiana –muchos países cuentan con esa fuerza, -España, Estado Unidos, Francia, Argentina, Venezuela, para solo mencionar algunos.

En fin, creo que es de la mayor importancia que la Fuerza Pública tenga certeza que el éxito de las conversaciones para terminar el conflicto armado no debe verse como una amenaza para ella, sino una oportunidad para un salto de modernización tendiente a seguir garantizando la seguridad pública y ciudadana y la defensa nacional.

Edición N° 00389 – Semana del 28 de Febrero al 6 de Marzo – 2014
 
 
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