Afonía en fo renal opus 42 para cosas inútiles

  Sandra Campos
  Abogada, Politóloga. Master en proyectos de ciudad de la Universidad de Barcelona. Directora de la Asociación IMAGO www.imagocatalunya.org y madre12
   
 

Cuenta una historia de la antigua Grecia que Diógenes, el mismo que no quería que le ocultaran el sol, se alegraba mucho de ir al mercado y ver cuántas cosas no necesitaba para ser feliz. ¡Upss! ¿A que todavía estamos lejos de eso? Observemos, por ejemplo, la gran cantidad de ‘objetos’ inútiles con que vamos rodeando a nuestros hijos “para que sean felices”. Vaya mentira que nos estamos vendiendo a nosotros mismos cuando en realidad pretendemos vanamente apaciguar nuestra conciencia y llenar con cosas el vacío afectivo que les produce nuestra ausencia. Los niños no necesitan juguetes para ser felices, les van bien para jugar, imaginar, compartir, pero lo que realmente precisan para construir una emocionalidad saludable es la compañía y el afecto de sus padres.

Llegamos a la edad adulta y seguimos con esta idea de rodearnos de cosas, muchísimo más allá de las que realmente nos son útiles o que podemos disfrutar, en pocas palabras, nos atiborramos de cosas innecesarias. No voy a proponerles que pensemos en la posibilidad de volver a vivir como Diógenes en un tonel vacío, aunque creo que este sentido esencial de la felicidad de Diógenes no ha cambiado desde entonces. Realmente no necesitamos cosas externas para ser felices porque la felicidad o infelicidad no nos vienen dadas por las cosas que tenemos o no, sino más bien por el estado interior en que nos encontremos. Por lo tanto no es cierto que entre más cosas tengamos más felices seremos, de hecho hay personas con grandes fortunas que sufren lo indecible y se consideran infelices.

Los que operan el actual modelo de vida occidental en crisis, nos han hecho creer falsamente desde niños que entre más cosas tengamos más felices seremos, y si estas cosas son de marca –aunque sean hechas en China- la felicidad será todavía mayor. Pero, ahí no termina la espiral de exigencia consumista porque el “grado de felicidad’ siempre se puede elevar, por ejemplo, si además las compramos de última generación, ¡el clímax esta próximo! Sin embargo, está claro que por el camino del consumo irracional y sin fundamento nunca estaremos del todo satisfechos entonces nos empeñamos en poseer cosas que sólo tengan unos pocos… y estas cosas normalmente son costosas, pero justo tener el medio para pagarlas es lo que hace pensar y creer a muchas personas que son “exclusivas”. No obstante, la satisfacción seguirá brillando por su ausencia en este camino porque el camino del consumo es el camino de la insatisfacción permanente, aunque sigamos anhelando “ser”, en éste caso un “ser” confundido con el “tener”.

¿Se ha puesto usted a pensar que realmente los “exclusivos” se llaman así porque excluyen a otros con su consumo irresponsable, innecesario e injustificado? La mayoría, aunque de manera inconsciente, ya están excluyendo a más de cuatro mil millones de los siete mil millones de seres humanos que habitamos el planeta, al tiempo que contribuyen sustancialmente a la crisis ambiental a la cual estamos abocados y que cada día empeora. ¿Realmente usted, quiere excluir a los otros? ¿Realmente quiere contribuir con su inconsciencia a que miles de niños mueran de hambre? ¿A que miles de mujeres sean explotadas en las maquilas? ¿A que miles de seres humanos de todas las edades, sobre todo mujeres y niños, mueran en medio de conflictos bélicos diseñados cuidadosamente en las grandes metrópolis para beneficiar a unos pocos privilegiados? ¿A que cientos de especies de animales y plantas desaparezcan cada año? ¿Realmente tiene sentido humano ser “exclusivo”, es decir excluyente? Todo indica que debemos cambiar el enfoque de nuestra cámara y esforzarnos por ser “inclusivos”, esto sí que nos hace mejores seres humanos y da un sentido más digno a nuestro “ser” y a nuestra existencia.

Este modelo en crisis necesita del consumo para no colapsarse, no necesita personas sino consumidores para lo cual moldean laboriosamente nuestra mentalidad desde niños a través de la educación, la cultura, los medios de comunicación, de los mensajes soterrados de exclusión, la televisión…

Vivimos bombardeados permanentemente por la publicidad y por imágenes que atacan nuestra estima, y nos venden referentes imposibles de alcanzar con el firme propósito de que siempre estemos insatisfechos:

…mira lo gordo que estás, pero si quieres estar como un “top model”, te ofrecemos dietas maravillosas y spas fantásticos mientras tanto sigue comiendo tranquilamente y disfrutando toda la estupenda comida basura que te vendemos…

….uy, te estás quedando calvo, que feo, envidia la melena de este actor tan guapo, pero no te preocupes porque te ofrecemos esta línea de productos para que consigas el pelo que quieras….

… hey pissss! No puedes ser el colgado de tu grupo de amigos que no tienes el coche de última moda, tenemos toda suerte de formas de pago, a qué esperas!!!….
…no es posible que seas el refrito que no vives en el barrio de moda…

…oh, perdona, no te he visto, es que para mí eres invisible si no te pones las camisetas de marca… es que no te veo…

… no pierdas tu tiempo, contrólalo con nuestra última generación de relojes, hechos a prueba de los golpes que te da la vida...

… no te prives de todo eso que atenta contra tu bienestar, no te preocupes porque tenemos miles de pólizas médicas, centros de salud y medicamentos que te permitirán seguir saciando tu insaciable ansiedad…

…cómo que no tienes deudas, por Dios endéudate, no podrás experimentar la adrenalina de estar vivo en estos tiempos!…

Siempre nos van diciendo la poca valía que tenemos, lo mal que estamos, lo feos que somos y lo infelices que vivimos, pero que, por suerte, ellos tienen  solución para todo: tú compra, compra, compra…

Los padres somos los primeros maestros en enseñarles a nuestros hijos a repetir el modelo cuando no podemos estar con ellos porque el trabajo o los compromisos nos desbordan, comenzamos a llenarlos de cosas que al final terminan siendo inútiles.

Ciertamente, este modelo nos hace trabajar y estar ocupados todo el tiempo hasta quedarnos sin energía para dedicarnos a nuestra familia, motivo por el cual los pequeños crecen reproduciendo el esquema, rodeándose de objetos innecesarios que al final no les producen  una verdadera felicidad si no una insatisfacción permanente.

En todo caso, creo que ‘eso’ tiene solución y que podemos cambiarlo porque se trata de ir cambiando de mentalidad y con ello iremos transformando a mejor nuestro mundo y el mundo de todos. Podemos comenzar por cambiar nuestro consumo irresponsable y autómata. Hemos de entender como Diógenes que no necesitamos de las cosas para ser felices, sin negar que nos sirvan, nos prestan un servicio, o las podemos disfrutar, pero en ningún momento remplazan nuestra esencia, ni los afectos que les podemos prodigar a nuestros hijos y a los otros seres vivos, especialmente los más próximos y los que más amamos.

1 De la serie “Cuentos para padres y madres antes de que se duerman” de Sandra Campos.

2 Editor: Orlando Aguilera Martínez.

Edición N° 00389 – Semana del 28 de Febrero al 6 de Marzo – 2014
 
 
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