Robert Dahl y la ciencia política del siglo XX

  Alfonso Cuéllar Solano
  Filósofo político, ex asesor de Anuc. – acuellar31@yahoo.com
   
 

Aunque, conocido en Colombia solo en restringidos medios académicos, el 5 de febrero pasado, a los 98 años de edad murió Robert Dahl, el politólogo estadounidense conocido como el científico político más importante del siglo XX. Dahl fue PhD de la Universidad de Yale y Presidente de la Asociación Americana de Ciencia Política, con él han perdido las ciencias sociales al decano de sus pensadores. Una vez graduado trabajó un corto tiempo con el Presiente F.D. Roosvelt, para luego volver a su cátedra en Yale donde permaneció por 46 años hasta 1986, cuando, se retiró como Profesor Emérito, pero, siguió en los quehaceres académicos e intelectuales por 20 años más.

A Dahl se le debe la creación de la moderna ciencia política, bajo cuyas enseñanzas se educaron centenares de personajes públicos que fueron sus estudiantes y su reconocimiento está consagrado en los cientos de miles de citas de sus trabajos y en los galardones que recibió como el Premio Johan Skytte, una especie de Nobel alternativo para la Ciencia Política. La obra de Dahl esta ceñida al pragmatismo anglosajón, por el uso de la evidencia sistémica y documental para una “evaluación rigurosa de las afirmaciones teóricas” que hacía.

En su juventud el tema que lo apasionó fue el de la libertad y la justicia como equidad le acaparó la madurez. Fueron Rorty y Rawls sus epígonos, para arribar a la conclusión de que no puede haber un régimen democrático, sobre la base de una sociedad inequitativa en extremo, y llegar a afirmar que tal vez, los regímenes escandinavos son lo que más cerca están de la democracia, definiendo lo que él llamó la poliarquía, donde los líderes políticos son controlados por los ciudadanos.

También es considerado fundador de la ciencia política conductista, que destaca en la conducta observada de los trabajos iniciales sobre el poder y comportamiento de las elites urbanas, la que motivó la gran polémica de su vida en los años 1960, al oponerse a los conceptos del eminente sociólogo marxista norteamericano Ch. Wright Mills (La elite del poder, 1956) quien consideraba que elites cerradas eran las tomadoras de decisiones, frente al concepto de Dahl que sostenía que, en los Estados Unidos y otras democracias avanzadas hay una pluralidad de grupos compitiendo entre sí que limitan las acciones de otros y cooperan para beneficio mutuo. Lo que caracterizó sus trabajos fue lo conceptual en temas como el poder y la democracia, en su íntima relación con las instituciones, por lo que, dedicó muchas páginas a analizar la “factibilidad y efectividad de la división de los poderes” y de “si la democracia podría sobrevivir sin una economía de mercado”,  o sí, las “empresas democráticas podrían ser eficientes.”

Muchísimas fueron sus incursiones en inquirir por “cual sistema político de representación sería el mejor” y “si la delegación del poder político a expertos es una buena idea”, o, “que tanta desigualdad es deseable”. Teorías y puntos de vista que desarrolló en el diálogo de toda la vida con James Madison, en quien, expresó su respeto profundo por la “padres fundadores” y basado en los escritos del Federalista tomó el concepto de que “múltiples fracciones podían hacer viable la democracia”, que dio pie, a su “teoría pluralista de la democracia”, en contravía, de los racionalistas como el Premio Nobel Kenneth Arrow, para quien, “la inestabilidad de la regla de las mayorías era un problema.” El enfoque madisoniano de Dahl, es que, la inestabilidad política se constituía en una ventaja, al crear un campo de fluidez en la mayoría, que podría detener el hecho de que, el ganador se convirtiera en una aplanadora de los perdedores, con lo cual estos, “no tuvieran otra opinión, que la de echar mano de sus pistolas.”

Política para sociedades avanzadas

En 2004 en la Clacso (México) disertó sobre, Los sistemas políticos democráticos en los países avanzados: éxitos y desafíos, sintetizó y diferenció sus propuestas sobre la democraciareferidas en lo fundamental a los países políticamente avanzados.

Claro está que, las teorías institucionales de los “padres fundadores” fueron otra cosa. Dahl en su libro analítico más sobresaliente Un prefacio a la teoría democrática (1956) hace una crítica aguda de la separación de poderes, en particular del sistema judicial, que como, lo podemos ver en el caso colombiano, que cada día nos asombra más con ejemplos, en cuanto, a lo perversa que es dicha institución, cuando los jueces y hasta los magistrados de la altas cortes son una rueda suelta o muestran “esprit de corps”, según su conveniencia, siempre negociando mezquinas consideraciones personales, o dando pábulo a la corrupción. En otras aristas, Dahl sostuvo que los “padres fundadores” y millares de sus seguidores estaban equivocados al pensar que la Constitución norteamericana era la responsable de la supervivencia de la democracia estadounidense y no más bien, el “ambicioso carácter pluralista de la sociedad,” lo que “permitió al orden constitucional sobrevivir”, o, la creencia convencional de que la Corte Suprema protegía los derechos de las minorías, los cuales, deben ser parte del ejercicio cuotidiano de la democracia y no el ámbito de las cortes constitucionales. El caso suscitado con el Alcalde Bogotá Gustavo Petro, cae como anillo al dedo en esta situación: Un funcionario escogido a dedo y en componendas detrás de bambalinas, como es el Procurador, se ensaña contra un representante elegido por el voto popular y la querella que se ha desatado, ahora va, camino de resolverse en las altas cortes constitucionales. ¿Entonces, dónde queda, el ejercicio de la democracia para los ciudadanos?

Colombia dispone de otro hecho en que grupos de personas se asocian en el denominado “capitalismo corporativo”, se tomen la vocería y suplanten la representación de la sociedad (ejemplos Fedecafé, Asocaña, Fedepalma, etc.) fue uno de los grandes enojos de Dahl en cuanto a sus críticas sobre la temática de la representación, pues, no es posible que una Junta Directiva, suplante a la sociedad y al estado, lo cual él llamaba críticamente la “consociational democracy”. También valen sus críticas acerca de la sobre-representación de los Estados pequeños -en nuestro caso Departamentos- referido a la población, clarísimo en nuestro caso, en que departamentos como el Vichada, Casanare, Amazonas para no citar más tienen un peso específico mayor que los verdaderamente poblados, además, que cuentan con una actividad productiva y cultural e histórica de importancia mayor.

La crítica de Dahl a los “padres fundadores”, se basa, tal vez, en considerar que su error consistió en querer fundar y expandir la democracia de un solo golpe y no como una larga construcción en progreso y sin pausas ni retrocesos y en tal sentido, ningún ejemplo mejor, que nuestra imperfecta democracia, cuyo tortuoso camino de construcción de nación, no tiene más ejemplos en contra de la democracia, simplemente, porque, no caben en el catálogo y sin embargo, esta democracia republicana se da como un dogma infalible, aunque, para nadie sea un secreto, por ejemplo, que la democracia como tal en el sentido de Dahl, no ha llegado al Municipio, la célula misma de la ciudadanía. Dahl teorizó para sociedades modernas, dinámicas y pluralistas y con ejercicio de la modernidad.

Dahl, tuvo un período de gran antipatía por los partidos políticos y la regla de las mayorías, pero revaloró su tesis echando mano de las declaraciones de Madison en 1833 de que quienes sostenían tal posición rozaban los linderos de la aristocracia, la oligarquía o la monarquía o exhibían un interés, creencias, opiniones y sentimientos, de perfecta homogeneidad que no encontraban fundamento en la comunidad civilizada. El enfoque que tuvo Dahl de la democracia partía de la consideración de que no era posible una democracia perfecta por ser esta una utopía teórica.

La democracia guía para el ciudadano

La democracia sería un barómetro que se mide por el grado de debate público y el nivel de participación que se dé, en cuanto, a las políticas que plantean los ciudadanos y que induzcan a la toma de decisiones colectivas y por tanto obligatorias para todos. Nada de justicia solo para los de ruana. Las características de la arquitectura política en la que pensó toda su vida Robert Dahl, las presto de la conferencia aludida en Clacso:

  • Antes de que una política sea adoptada por la asociación, todos los miembros del demos tendrán iguales y efectivas oportunidades para hacerles saber a los demás sus puntos de vista sobre cuál debería ser la política.
  • Llegado el momento de la toma de decisión, todo miembro tendrá una igual y efectiva oportunidad para votar, y todos los votos serán contados como iguales.
  • Dentro de un tiempo razonable, cada miembro tendrá igual y efectiva oportunidad para aprender sobre las políticas alternativas relevantes y sus probables consecuencias.
  • El demos tendrá la exclusiva oportunidad de decidir cómo, y si sus miembros los eligen, qué asuntos serán puestos en la agenda. De este modo el proceso democrático requerido por las tres características precedentes nunca se cerraría. Las políticas de la asociación estarán siempre abiertas a cambio por el demos, si éste así lo decidiera.
  • Todos los miembros del demos tendrán los derechos completos que están implícitos en los primeros cuatro criterios: un derecho a la efectiva participación; un derecho a la igualdad del voto; un derecho a la oportunidad de acceder a una ilustrada comprensión de los temas; y un derecho a participar, ejerciendo el control final sobre la agenda.
  • Control civil de los militares: No es posible una ciudadanía moderna si no hay un control integro sobre el estamento militar por parte de las instituciones civiles.

El catálogo anterior, su vigencia solo es posible si se cuenta con las instituciones adecuadas, sin lo cual no hay nada y donde los partidos políticos sean agentes del conflicto y a la vez, instrumentos de integración social. El pensamiento medular de Dahl a lo largo de su vida lo transcribo de su obra La democracia y sus críticos (Paidos, 1991, 408): “La concepción de que los pueblos pueden autogobernarse en pie de igualdad, dueños de todos los recursos e instituciones necesarios para ese fin, sigue siendo, una parte imperativa, aunque exigente, en el afán de establecer una sociedad donde las personas convivan en paz, respetando cada una la igualdad intrínseca de los demás y procurando entre todas alcanzar la mejor vida posible”.

Lo que para nuestro caso, constituye un puerto de esperanza de nuestro accionar político.

Edición N° 00390 – Semana del 7 al 13 de Marzo – 2014
 
 
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