Por un enfoque ecológico del problema rural:
No es la vaca, pero tampoco la papa

  Alfonso Cuéllar Solano
  Filósofo político, ex asesor ANUC – acuellar31@yahoo.com
   
 

Un destacado grupo de científicos colombianos entre los cuales se destacan Van der Hammen, Carrizosa, Guhl y Rodríguez el exministro del Medio Ambiente, mucho antes que Al Gore pusieron de presente el manejo irracional de la tierra, los bosques y las aguas, pero, fue este último el que se percató que el eje de la política actual había girado hacia los problemas ambientales como el movilizador de las acciones sociales más expedito. Y esto, en Colombia lo hemos venido experimentando para no mencionar sino dos casos emblemáticos en el caso de Santurbán que logró como en el caso de la mina La Colosa de Cajamarca la acción colectiva de todos los sectores de la sociedad que ven afectados sus intereses y que siguen en estado de alerta en la defensa de sus derechos y del medio ambiente.

¿Qué hay de fondo en la conocida crisis del sector rural del agro? Desde un punto de vista general los factores que aducen los agricultores y ganaderos no son relevantes, lo cual no quiere decir que no sean motivos de protesta en cuanto afectan la vida económica de los habitantes rurales, pero lo que, en realidad puso en estado de coma la producción agrícola fue una merma considerable de la productividad, producida por el mal uso paulatino de la tierra, que produjo una merma progresiva de la producción y entonces, unos más otros menos, vieron reducidas también sus ganancias, lo que generó la protesta por el reparto de la torta. De tal suerte, que caficultores, ganaderos, palmicultores, arroceros, papi cultores, productores de leche, que cobijan principalmente a medianos, pequeños, minifundistas agrícolas de las tierras de ladera típicamente andinas y el gobierno en plena reelección antes de disponer de unas conclusiones para nuevas políticas del Pacto Agrario, la Misión Rural y la Comisión de Estudios Cafeteros, ha tenido que utilizar ingentes recursos en forma de subvenciones a los distintos sectores para calmar el vendaval que afectó de manera grave la credibilidad del gobierno de Santos. Y digo que no son relevantes factores como el costo de los fertilizantes, otros insumos como los fitosanitarios, herramientas, así, se reduzcan sus precios y se incremente su utilización, van a remediar el hecho contundente que es el uso irracional del suelo que nos ha venido presentando preavisos, que indican que tal uso irracional condujo a un deterioro irreversible de millones de hectáreas de todo el país, comenzando por las zonas ganaderas de las llanuras cálidas de todo el país, seguido de la ladera andina y los páramos de nuestras tres cordilleras y por tanto, en estas condiciones el problema político que plantea hoy el agro tiene que enfocarse con una nueva visión que involucre los factores ambientales como ejes ineludibles de la solución.

Ganadería sinónimo de daño ambiental

La ganadería ocupa el lugar privilegiado en el deterioro y destrucción del medio ambiente. La catástrofe del Casanare lo ha opuesto en evidencia. Llevamos más de 500 años derribando la selva, cuyo valor en especies maderables, recursos biológicos animales y vegetales y bio-diversidad útiles al hombre, es millones de veces mayor que todo el hato ganadero junto. Es sabido, que producir un kilo de carne genera 16 kilos de Dióxido de carbono (CO2) y que en Colombia hay unos 24 millones de cabezas de ganado que en promedio incrementan unos 150 kilos en el año, por l que, están generando 60 millones de toneladas de CO2 (25 millones por 150 kg., por 16 kg.), que es equivalente a los generarían unas 6000 industrias, que no las hay en todo el país. Una vaca de unos 400 kilos de peso ha contaminado tanto como 76 barriles de petróleo y con un hato de 24 millones de cabezas pastando en 35 millones de hectáreas el impacto destructivo es demoledor por el “ejercicio irresponsable del uso de la tierra”. El subdirector de Agrología del Instituto Agustín Codazzi el lunes pasado declaró que “la sobreutilización del suelo con el pastoreo genera una compactación de la tierras y por ende la pérdida de nutrientes: el ganando puede cambiar la estructura del suelo” La República, 07/04/2014) , por eso, los ganaderos han visto morir miles de animales que en el solo Casanare la cuantifican en 120.000 millones de pesos, lo cual demuestra su irracionalidad dado que con esta suma podrían introducir inversiones para cambiar el modelo depredador, reducir el espacio y mejorar la productividad que tiene un potencial 10 veces mayor que los remedios que propone Fedegan consistente en volver a sembrar parte de los árboles que antes derribaron, por un sistema silvopastoril que deja intacto el sistema de latifundio ganadero y de paso echarse al bolsillo cinco mil millones de dólares que dice Lafaurie costaría la reconversión y que aspira a que el gobierno se los regale.

Casanare o la cultura del hato: un súper-exceso de ganadería

La sequía en los Llanos Orientales y en particular en el Casanare ha puesto el dedo en la llaga. El Editorial del diario La República ya mencionado puso de presente que “La ganadería nada sostenible, especialmente, la extensiva y la de carne no está en la línea de un modelo productivo eficiente y sigue abriendo potreros en selvas húmedas y ganándole terreno a los páramos cuando son de leche”  Esta declaración pone de manifiesto las falencias de la ganadería tal y como la llevado hasta ahora y la irracionalidad que ha impuesto el modelo de cultura del hato típico del Casanare. Puso también en primer plano un nuevo actor que no ha conmovido: el chigüiro, que desde siempre ha sido considerado por estos ganaderos como su enemigo natural, que le competía a las vacas por la pastura y al hombre por los minúsculos cultivos de maíz y yuca. Entonces, la conclusión absurda fue eliminarlo. Uno de los métodos para hacerlo consiste en las quemas de las sabanas, para sustraerle la comida y obligarlo a alejarse de la manada vacuna y de la chagra; luego, se concertaron para cazarlo y todos los “colonos” se reunieron en una feroz cacería para exterminarlos, aprovechando en forma mínima su carne. Pero con la construcción de carreteras en aquella región, se unieron a los colonos, otros forestaron que montaron la industria de cazar chigüiros para vender su carne en las ciudades del interior y particularmente en Venezuela donde esta es muy apetecida, condiciendo a que la especie este virtualmente en vías de desaparición. Además, la irracionalidad de este modelo de ganadería extensiva consiste en que el Chigüiro es el animal que mayor cantidad de carne al año produce, pues, con sus 20 crías que sobreviven y que alcanzan un peso de 30 kilos en el año suman 600 kilos, esto es, cuatro veces más que los vacunos. También su cuero es uno de los más apetecidos por la industria marroquinera y del calzado. A esto es a lo que llamo la “cultura del hato”, que no está afincada en la productividad, sino en el prejuicio social de la “gran propiedad” o cultura de la “geofagia” que respalda a los casanareños por ser el segundo hato más grande del país, con sus dos millones de cabezas, con un modelo que consuma un atentado ecológico consistente en que en el Casanare , como en la Orinoquía y la Altillanura es costumbre la quema de millones de hectáreas de pastos y paja llanera, para evitar la proliferación de malezas y dejar que el invierno produzca el rebrote del pasto. Es un modelo depredador que no considera que el suelo es un organismo vivo que va siendo destruido paulatinamente hasta convertirse en desierto, a medida en que se suceden las quemas, que van degradando las pasturas, reduciendo la productividad y por tanto también las ganancias del negocio. En estas condiciones el ganadero termina cediendo el terreno al arrocero que cree poder cultivar de manera sostenible y aprovecha las vegas de los ríos, pero continúan su obra depredadora, escarbando con el arado y el rastrillo, provocando el daño irreparable de la estructura de los suelos que los vuelve inservibles. Y finalmente, llega el palmicultor cuyos proyectos, sino no mediara en su gran mayoría ser operaciones de lavado de dinero, no habría capitalista que los desarrollara, por lo menos en el tipo de suelos de los Llanos Orientales.

En el Casanare además, hay otro limitante como son lo rocoso de los suelos, la mayor acidez de los suelos, lo reducida o carente de capa vegetal y por lo tanto su incapacidad para retención de la humedad y una temperatura promedio de 25 grados centígrados y no disponer sino de un solo periodo de lluvias en el año.

El Caturra daño irreparable de los suelos en zonas cafeteras

Desde los años de 1970 la Federación de Cafeteros introdujo la siembra de la variedad caturra en todo el país, que tenía como presupuesto derribar los arboles de sombrío, especie como el guamo que por ser leguminosa aporta nitrógeno natural a los suelos y una agricultura auxiliar como el plátano de sombrío, con lo cual dejaron expuestos a la radiación solar directa los suelos y a la escorrentía de las aguas que terminó en 30 años, lavando dichos suelos y reduciendo su productividad, que condujo a los caficultores del eje cafetero principalmente a erradicar miles de hectáreas en Quindío, Risaralda y Caldas como en otros departamentos del país. La caficultura migró a otras regiones como Huila, Cauca y Nariño, donde con toda seguridad viviremos la misma experiencia. A esto, se le debe sumar  donde se realice las perforaciones profundas de los petroleros con la sísmica inicial que provoca modificaciones estructurales de suelos en muchos casos.

Destrucción de los páramos

Destruir la vegetación nativa de los páramos con la introducción del cultivo de la papa es ser un “mala papa”, esto es, algo que se mira con desprecio y desdén y con la intención de causar daño. Y eso sucede con los páramos que por efectos de la geofagia están siendo copados por los cultivos de papa que por el atáquela de la polilla, aparecida por el cambio climático,  han encontrado los cultivadores que subiendo el techo del cultivo entre 100 y 200 metros mitigan el daño a la papa, pero agravan el causado a la ecología paramuna. Maestros y científicos como e Van der Hammen y Ernesto Gulh previnieron sobre que la destrucción del páramo ponían en riesgo la propia vida humana y animal. La situación del páramo es aún más angustiosa puesto que detrás de la papa va la vaca que completa el cuadro de degradación, al destruir un tipo de vegetación que es imposible de recuperar. También en el campo se desarrolla la piromanía con las quemas de frailejón y de las tuberas (acumulaciones mayúsculas de musgo acuático) La solución al problema de los páramos tiene que ser radical y consiste en cambiar estas fuentes de agua, por subsidios para los habitantes de los mismos y convertirlos en “sembradores de páramo” a los que se les puede pagar por hectárea recuperada.

El arroz no, los arroceros otros depredadores

Amplias zonas del valle alto del rio Magdalena, la meseta de Ibagué, y la zona La Sierra- Ambalema ocuparon con el cultivo del arroz unas 300.000 hectáreas, que por el uso irracional del suelo, el agua, los paquetes tecnológicos de la revolución verde y el abuso del rastrillo, el arado y el subsolador causaron un deterioro en los suelos que los desertificó, lo cual ha reducido la productividad. Aquí la forma de propiedad o mejor de gran propiedad del suelo volvió a los dueños de esta en rentistas  que solo les importaba una alta renta y sin cuidar el suelo, pues si este se daña, pasan a la ganadería para terminar en tacada como dicen los billaristas. Tampoco las condiciones ecológicas interesan al arrendatario pues este solo le interesó una ganancia suficiente para sobrevivir y luego pasaba a otras tierras o se retiraba del negocio. A los llamados arroceros esta situación no les preocupa porque su fuerte es la comercialización de la cadena del grano y ante cualquier escasez apelan a las importaciones que les autoriza el gobierno, que de paso lo utilizan para camuflar el contrabando, que según expertos les esta generando mas ganancias que el grano nacional.

Los subsidios son para los ricos

Colombia agrícola crece al 2.4 % anual, lo cual es el 50% del crecimiento constante de toda la economía, lo cual le ha hecho perder a la agricultura participación en el PIB y entonces ser mirado el sector como insignificante. Y entonces, los agricultores que están en el “colchón de la comodidad” presiona, arman una alharaca y el gobierno corre a promover subsidios por todas partes. Adjudicó a palmeros 280.000 millones de pesos para combatir la pudrición de cogollo. Sábelo dios, si los utilizaran para este fin y llegar a la conclusión final de que la tal erradicación es un imposible. Otro grupo de productores ricos que son los floricultores se echaron al bolsillo unos 50.000 millones de pesos y el sector de productores ricos de leche recibió 85.000 millones de pesos para reconversión productiva. Con Incentivo a la Capitalización Rural (ICR) se hicieron la mayor ricos a 100.000 millones de pesos. Estos son los programas de reactivación del campo a base de mermelada es decir, están orientados a alinear a los compadres del gobierno en la reelección presidencial, que contará con el reciente aumento de venta de TES en 20.000 millones por mes durante un trimestre y 250.000 millones de pesos que se tomó el gobierno de las utilidades del Banco Agrario, reduciéndole al mínimo su capacidad de dar crédito a los agricultores y ganaderos.

A esta crisis y desorden e ineficiencia en las políticas responde uno de los ideólogos de la nueva política rural José Leibovich, Consultor del Instituto de Ciencia Política con la idea de construir mas vías terciarias, redistribuir los subsidios y abrirse a la inversión extranjera. Es decir, medidas como si al suelo en Colombia no le hubiera pasado nada por el uso irresponsable de muchos productores. Pero estos son factores que no se pueden palpar desde el escritorio, pero, que llevó a Junguito a declarar que “no proveemos de manera adecuada los alimentos”, sin percatarse que en estas condiciones ecológicas y económicas enfrentan un nuevo paradigma para la agricultura.

Según el IDEAN el porcentaje de emisiones de gas efecto invernadero por sectores, corresponde la mayor participación a la ganadería con un 20 % del total, seguido por la agricultura con un 18 %. Téngase en cuenta que la ganadería además produce al gas metano, por el sistema complejo de digestión de los bovinos, que es 21 veces mas perjudicial que el dióxido de carbono.

Como conclusión final podemos afirmar que la “culpa no es la vaca”, ni que seamos unos “malapapa”, sin que la voracidad desorbitada de los grandes terratenientes ganaderos que como lo informo el Presidente de Fedegan son apenas unos 8.000 en todo el país, pero, le pueden a 40 millones de habitantes que quieren un medio ambiente sano. Esta pues, abierto un gran campo para la nuevas formas de actividad política.

Edición N° 00395 – Semana del 11 al 17 de Abril – 2014
 
 
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