Encuestas, campañas y terminación del conflicto armado

  Alejo Vargas Velásquez
  Profesor titular Universidad Nacional,
Coordinador Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa
   
 

Toda elección presidencial en cualquier sociedad contemporánea es producto de una mezcla de votantes adscritos a lealtades partidistas, lo que comúnmente llaman de una manera displicente, ‘maquinaria política’ y de votantes sueltos, que son los denominados ‘voto de opinión’, que realmente es un voto disponible y que termina siendo en buena medida influenciado por los medios de comunicación de masas.

Igualmente es necesario recordar que buena parte de la política contemporánea se hace en los espacios mediáticos –redes informáticas, televisión y radio- y una de las herramientas fundamentales de las campañas hoy día son las encuestas o sondeos de opinión, que vinieron para quedarse.

Las encuestas son parte de los desarrollos de las ciencias sociales que pretenden ‘medir’ la opinión ciudadana frente a los candidatos o partidos políticos en una contienda electoral; pero recordemos que también las encuestas se utilizan para tratar de medir las preferencias de los ciudadanos en muchos otros campos, por ejemplo, en el consumo de bienes o servicios, o frente a determinada decisión de los gobernantes, la favorabilidad o no de determinadas actividades, etc. Por ello las encuestas son un mecanismo útil para los candidatos y partidos políticos, para los estrategas de las campañas políticas y para los ciudadanos en general, pero ellas tienen unas limitaciones que debemos siempre tener en cuenta.

Las encuestas como mecanismo de medición y estimación, que se basan en un diseño estadístico de muestra, que se supone debe reflejar las características del universo que pretende medir, pueden tener muchas deficiencias, unas involuntarias y otras deliberadas. Dentro de las involuntarias está la dificultad de seleccionar una muestra representativa de una sociedad tan diversa regionalmente como la nuestra, o la utilización del mecanismo para la recolección de la información –encuesta cara a cara, por teléfono a línea fijas, por teléfono a celulares, vía redes de internet, etc.-, porque cada uno de estos mecanismos tiene sus pros y sus contras.

Las encuestas, en general, tienden a medir mejor a los votantes urbanos, denominados por algunos ‘voto de opinión’, pero tiene más dificultad para ‘medir’ el voto más ligado a lealtades partidistas, que en el caso colombiano tiende a estar más presente en el mundo regional y rural y que casi siempre está de antemano definido por una opción política determinada. Es lo que se conoce como el voto de adscripción partidista.

Adicionalmente tenemos otros errores que pueden ser más deliberados y que tienen que ver con la manera cómo se formula la pregunta al encuestado y qué tanto la misma induce la respuesta o predispone a la persona que va a suministrar la información. También pueden darse errores en una deliberada escogencia equivocada de la muestra estadística.

Por todo lo anterior las encuestas hay que tomarlas como un referente, pero de ninguna manera como el reflejo real de lo que será un resultado electoral futuro. Siempre se ha dicho que la encuesta es una especie de ‘foto’ de la opinión en un momento determinado, pero igualmente es cierto que la opinión siempre puede ser influenciada a posteriori de esa ‘foto’ y llevarla a modificar su opción electoral.

Debemos señalar igualmente, que además de las encuestas que conocemos los ciudadanos, casi todas las campañas contratan para uso interno, encuestas que les ayudan a perfilar o ajustar sus estrategias electorales.

Ahora bien, es muy importante que haya una diversidad de encuestas y de firmas encuestadoras porque eso contribuye al debate democrático. Algunos consideran que eso confunde a los electores. No lo creo. Lo que sí debe ser claro en cada caso es quién financia una determinada encuesta, para quién se hace, qué firma la hace y cuál es la ficha técnica de la misma.

Otra cosa distinta es la manera como se interpretan las encuestas por las distintas campañas electorales, los medios de comunicación, los analistas y los ciudadanos –porque en general el ciudadano común y corriente tiene más capacidad de analizar la realidad de la que a veces algunos ‘expertos’ le atribuyen-. En esta dimensión cada campaña resalta lo que le interesa, por ejemplo, si una candidatura está de tercera y aumenta un par de puntos lo considera un triunfo, pero obviamente eso no significa que tenga opciones reales de triunfar, o si el que encabeza las encuestas baja uno o dos puntos entonces sus adversarios resaltan para decir que ya al ganador se le enredó el triunfo. Eso es la parte ‘normal’ del uso político de las encuestas por los diferentes operadores de la política. Aunque siempre hay que tener presente que unos son los deseos y otras las realidades.

La campaña del Candidato-Presidente Santos está centrada en resaltar las realizaciones de su gobierno en temas como generación y formalización del empleo, resultados en los manejos macroeconómicos, crecimiento de la inversión extranjera, de la economía, la política de vivienda y especialmente en el tema de la terminación del conflicto interno armado, lo que comúnmente se denomina la paz, en lo cual sin duda, nadie puede negar que las conversaciones están en el punto en que se encuentran por el esfuerzo político del gobierno Santos y de las FARC-EP. Al respecto es claro que la opción real de apoyo a la conclusión del proceso de conversaciones de La Habana la representa el candidato que las inició. Por supuesto hay candidaturas como la de Clara López que plantea claramente su apoyo, aunque empieza a colocarle ciertas modificaciones, seguramente para tratar de diferenciarse; igualmente el candidato Enrique Peñaloza dice apoyarla y que mantendría el equipo negociador, pero no es suficiente eso, hay temas complejos de por medio sobre los cuales su posición parece ambigua y cualquiera que tenga alguna familiaridad con el tema sabe que no es tan sencillo cambiar de conducción en la mitad de un proceso. Las otras dos candidaturas, la de Oscar Iván Zuluaga que claramente se opone y en la tradición uribista ofrece más guerra para terminar el conflicto armado y la de Marta Lucía Ramírez que con matices igualmente critica las conversaciones de La Habana y cree que es posible una especie de modelo de sometimiento a la justicia.

Evidentemente se requiere de parte de la campaña del Candidato-Presidente enfatizar en la importancia para el país de la terminación del conflicto interno armado y la construcción de paz y se esperaría que igualmente hubiera una contribución de la Mesa de Conversaciones en términos de avances para cerrar el tercer punto sobre ‘drogas ilícitas’. Pero también los sectores amigos de la paz negociada deberían ser más racionales y menos pasionales en sus posiciones: si están de acuerdo en que terminar el conflicto interno armado es una prioridad nacional y saben que la opción real es la que se ha jugado políticamente para llevar los diálogos con las FARC hasta donde están –de paso debilitando ese proyecto de derecha que parecía haberse empotrado en la sociedad colombiana para rato-, no deberían jugar con candela y permitir que se dispersen los amigos de la paz negociada y se terminen favoreciendo los sectores guerreristas.

Algunos dicen que nadie garantiza que una vez reelecto el presidente Santos si va a seguir con el proceso de conversaciones de La Habana; al respecto se puede decir que si la obsesión hubiera sido la reelección simplemente, nada mejor para Santos que haber seguido con las políticas de Uribe y su apoyo y ello, con el clima de opinión heredado de Uribe, se la garantizaría sin problema. No, aquí hay una apuesta política importante que no se puede desconocer.

Hasta el momento todas las encuestas dan como ganador al Candidato-Presidente Juan Manuel Santos en todos los escenarios de primera vuelta y en todos los escenarios de segunda vuelta; la única excepción es la encuesta de la firma que hace semanalmente para CM& que plantea un hipotético escenario de segunda vuelta en el cual el Candidato Peñalosa podría vencer al Candidato-Presidente Santos, –pero la mayoría de las otras encuestas ni siquiera aseguran que el Candidato Peñaloza pase a segunda vuelta-. Sin embargo, varios medios de comunicación hablan de un supuesto ‘desinfle’ de la opción del Candidato-Presidente Santos, cuando todo indica que hasta el momento lo más probable es que sea el ganador de las próximas elecciones. El candidato Zuluaga ha subido, después de las elecciones de Congreso, reflejando el porcentaje votantes que apoyaron las listas uribistas, pero de ahí no se puede inferir un aumento mayor, sólo que se posiciona como una opción posible para pasar a una eventual segunda vuelta.

A lo anterior debemos adicionar que es la campaña del Candidato-Presidente Santos la que cuenta con el mayor aparato partidista trabajando –es la que está haciendo mayor trabajo en las regiones- y esto sin duda es un factor importante en la movilización de los electores y lo será en el resultado electoral final.
En lo que resta del debate electoral, si bien las distintas campañas buscarán posicionarse ante la opinión y por consiguiente que sus candidaturas logren mejorar su aceptación frente a los votantes, es fundamental que los sectores mayoritarios del país, que estoy seguro quieren una Colombia sin conflicto armado, precisen sus preferencias y especialmente dónde están sus verdaderos adversarios y en esa medida se clarifique mejor el apoyo a la salida política concertada del conflicto interno armado.

Postdata: Invitamos a todos los que quieran participar en la campaña de la Universidad Nacional y el Ministerio de Cultura “Comunica en Paz” a que elaboren videos o audios de hasta un minuto con sus propuestas de cómo comunicar el tema de la paz. Más información en la página comunicaenpaz.unal.edu.co

Edición N° 00397 – Semana del 2 al 8 de Mayo – 2014
 
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
   
 
 
comentarios suministrados por Disqus