Cumbre agraria y visibilización del campesinado

  Alfonso Cuéllar Solano
  Filósofo político y ex Asesor de la ANUC
   
 

La presente ebullición del campesinado obedece a varios factores, entre los cuales, el más sobresaliente es el de la coyuntura de la producción agropecuaria, otro, insoslayable, las consecuencias de los acuerdos del proceso de paz en La Habana y cada uno de estos a su vez, tienen un sinnúmero de circunstancias que no pretendo abarcar en este corto vistazo de la situación. Sea primero, poner de presente que lo que se llama el “movimiento campesino”, se ha hecho de nuevo visible en una acción colectiva, que conjuga la sin salida en que esta el gobierno de seguir ocultando el sol con las manos, que utilizando el cálculo estratégico se dio a la tarea de negar la existencia de conflictos en la zona rural, desde 1990, que lo llevó a refundir las políticas agrarias, el problema rural y a desestimular la organización campesina institucional. La oportunidad de la acción se dio cuando nuevas fuerzas surgidas en el seno de los productores agropecuarios se lanzaron a la protesta durante el paro agrario de 2013 que tomó por sorpresa al gobierno por la amplia simpatía que los de ruana cosecharon a lo largo y ancho del país, situación que fue aprovechada como es natural por diversas fuerzas políticas para engranarse con  la problemática rural. Claro está, que el tema no es nuevo. Ha sido la constante histórica desde el propio evento de la conquista española y el campo, lo rural como escenario de vida en Colombia, ha estado marcado por las mayores coyunturas del conflicto.

La conquista española aniquiló etnias completas a fuego y sangre como autorizaron los Reyes de España; luego, la colonia se morigeró y como dependían del trabajo indígena, los confinaron en los resguardos (especie de zonas de reserva) en una estructura que se asimilaba a su pasado indígena y fueron unos 300 años de relativa calma. Vino la lucha por la Independencia y comenzó la utilización de los habitantes rurales como carne de cañón para las confrontaciones armadas, se disolvieron los resguardos y con estos perdieron la oportunidad de sobrevivir, pero no la de seguir siendo peones y en una travesía de casi 100 años de guerras civiles, los habitantes rurales fueron el grueso de los ejércitos contendientes, que constituyeron junto con las creencias religiosas el campo propicio para consolidar la práctica política como la relación “amigo-enemigo”, ideología que sirvió de base a la retaliación, la venganza que siempre terminaron en el bandidaje o bandolerismo, que servía a intereses políticos y económicos de elites locales, regionales o nacionales. Fue y sigue siendo la enajenación completa, porque los que pudiéramos llamar el campesinado, no defendía sus intereses, sino los de los caciques, caudillos y gamonales locales, que han convertido el campo colombiano en el espacio clásico de la inseguridad. El bandidaje se constituye en la característica de la historia campesina a lo largo del siglo XIX hasta el presente.

Estos grupos fueron asimilados a guerrilleros o asaltantes de caminos, que interrumpían las comunicaciones, abigeato y venganzas políticas y aunque eran grupos reducidos gozaban de la simpatía y apoyo de fuerzas políticas locales y ya, para comienzos del siglo XX, el habitante rural, que era peón, agregado, arrendatario, concertado, gradualmente fue adquiriendo la categoría de campesino, con motivo del ciclo de las colonizaciones descrito por Catherine LeGrand, como una válvula de escape al crecimiento de la población en regiones como Boyacá, Cundinamarca, Antioquia y el Tolima. Las áreas en que trabajaron estos colonos donde fundamentalmente levantaron parcelas cafeteras resultaron ser tierras de baldíos que dieron lugar a tensiones de particular intensidad en la región de Viotá, el Sumapaz, Silvania y Fusagasugá. Que dieron lugar a lo que se llamó Los Agrarios, apoyados de manera decidida por los Liberales y también unidades del Conservatismo, quienes apoyaban cualquier forma de descontento social como táctica de oposición a la hegemonía conservadora. También los “socialistas” y “comunistas” se acercaron a estas acciones logrando sentar reales en varios regiones como el Sumapaz, Tequendama, y Sur del Tolima, hechos muy bien documentados en el libro ¿De quién es la tierra?(2010)de Marco Palacios.

De 1920 en adelante la vida del campesinado ha sido un viacrucis signado por la violencia política de liberales contra conservadores y viceversa  y a partir de 1964 cuando los comunistas se alzaron en armas y del posterior levantamiento armado paramilitar, el campesinado quedó confinado en medio de estas dos fuerzas, víctima de la más atroz carnicería documentadas en el libro Basta Ya (2012)

Visto en perspectiva el asunto de los campesinos no puede seguir siendo tratado como un reino idílico, propio para expresar el romanticismo del pasado. Hay que volver a la realidad. Cualquier intento de considerarlo como una base apoyo para futuras acciones de imaginarios redentores puede malograr lo alcanzado hasta hoy y se dispone de suficientes motivos para emprender acciones colectivas que vayan devolviendo la dignidad al campesinos y no siga siendo visto como un objeto de misericordia. Es necesario tratarlo, como un sujeto político.

La Cumbre agraria y el Acuerdo

El acuerdo alcanzado entre la Cumbre Agraria (CA) y el Gobierno pone de presente que prosigue la hoja de ruta acordada en La Habana de abrir espacios a la acción colectiva de los actores campesinos y dar salida a la carencia de autonomía social y política de que carece el campesinado y que junto al acuciante deterioro de sus condiciones de vida a pesar de la encuesta de la Universidad de los Andes, del deterioro de su economía como productores. El 2013 fue dentro de la hoja de ruta un tiempo de calentamiento con las movilizaciones de la Marcha Patriótica, encabezada por la senadora Liberal Piedad Córdoba, que culmino en la llamada Pre-Cumbre Agraria del mes de diciembre que hizo un análisis de los acuerdos alcanzados en Agosto pasado. La CA alinea su orientación en la declaración de elevar a la categoría de “derecho” el que “se mantenga y de frutos la negociación con la insurgencia de las Farc-EP y se continúe con el proceso de acercamiento con el ELN y el EPL”.

El jueves de la semana pasada el Decreto que “creó la Mesa Única Nacional (MUN)” contó con el espaldarazo del Presidente Santos con lo cual conjuro la posibilidad de que el Paro Agrario se convirtiera en un riesgo para su reelección. Con este decreto se centraliza en este organismo que reúne trece fracciones diferentes, pero no distintas de sectores campesinos y tendrá como mediadora ni más ni menos que la Organización de Naciones Unidas (ONU), se constituyó en un triunfo para el Ministro Aurelio Iragorri al retomar cada uno de los 22 puntos de las peticiones de la CA y darles una salida aceptada por los representantes campesinos, al punto que los 120.000 movilizados según uno de sus líderes el agrónomo César Jerez ”ya están todos en sus veredas” Otro líder el antropólogo Juan Houghton del Congreso de los Pueblos manifestó: “El estado avanzó en el reconocimiento institucional del campesinado. Y que hay una instancia donde se pueden concertar las políticas públicas”. El recién elegido representante del Polo Democrático por el Catatumbo  expresó que “Nos reconoce y esa es la ganancia.”

La CA alcanzó también otras reivindicaciones como son 30 proyectos de infraestructura social y el ofrecimiento de 300.000 millones de presos por parte del gobierno de los 2.5 billones que pedían en su inicio las CA y resolver la situación jurídica de más de 400 presos del Catatumbo enjuiciados como narcotraficantes. Urge en los próximos logros alcanzar el reconocimiento de los campesinos como sujeto político con derechos específicos en un símil de las comunidades afro e indígenas. El gobierno sigue tapando el sol con las manos al negarse a incluir la categoría campesino en el censo agrario en curso, pero prometió que se incluiría en el censo nacional de 2016, a pesar de que según el Cinep en 2013 hubo en el país un total de 1027 protestas sociales. Es muy significativo haber incluido 8 salvaguardas para productos agropecuarios con respecto al TLC.

Mientras tanto el tema del latifundio ganadero está vedado y parece existir un acuerdo de no tratarlo. Este ocupa 35 millones de hectáreas y cada nuevo estudio confirma que constituye el principal uso ineficiente de la tierra en Colombia y la base territorial para la acción paramilitar. Los cultivos comerciales, empresariales de agricultura capitalista están estancados hace más de 10 años y no sobrepasan las 1.600.000 hectáreas y 3.4000.000 hectáreas que corresponde a agricultura de ladera o campesina que son la base de la alimentación de los colombianos de los cuales alrededor de unas 800.000 hectáreas deben ser caficultura.

Visibilización del campesinado y las dignidades

La reaparición del campesinado  con una serie de necesidades que claman por una reorientación de la política  les ha dado a estos una nueva visibilidad y ya no los pueden ocultar perse. Las dignidades agropecuarias se han vuelto campeones de la indignidad, luego de que se han especializado en canjear por dinero su accionar y pare de contar. Esta vez estuvieron en el paro agrario como antídoto contra el contagio que pudieran sufrir sus bases con el Paro agrario y perder así, la iniciativa en sus predios. Su persistencia en el paro no se explica sino por este hecho.

Hay algunas voces que consideran que el acuerdo es un “entierro de tercera” del campesinado Seguramente, decir esto es una exageración que puede estar basada en la creencia poco real de que puede a futuro presentarse un proceso de “acumulación de fuerzas” que cambie la actual correlación política, que en manera alguna depende de la sola relación de los campesinos con la tierra. Hoy se trata es de abrir espacios políticos y de reconocimiento- como el que acaba de articular Petro, para pasar a la ejecución o gobierno y no cometer el error de quedarnos acumulando fuerzas y no comprometernos con la acción de cambio de la realidades agobiantes que padecen los campesinos y delegar la tarea en los que han frenado históricamente una mejorar sistemática de la vida rural. Si de las luchas ya legendarias de los campesinos en Colombia se desprendiera una acumulación de fuerzas, deberíamos estar sobrados. Con solo revisar y hacer un balance de lo que queda de los agrarios de los años treinta en el Tequendama, Sumapaz, Viotá o aún más diciente de los agrarios del sur del Tolima, donde en las recientes elecciones Uribe Vélez saco 24.000 votos en su propio santuario.

Ana María Ibáñez en un reciente estudio puso de presente que los programas agrarios que estimula el gobierno de asistencialismo social muestran un cubrimiento positivo un 63 % de los campesinos tienen acceso a Familias en acción, Sisben, adultos mayores y emergencias, pero esto no es lo crucial, los programas que tienen que ver con la productividad, la producción y el estímulo aerotécnico como Agro Ingreso seguro, titulación de baldíos, alianzas productivas, desarrollo rural con equidad, tan solo acceden un 2. 6 % de los hogares campesinos.

La primera conclusión luego de este renacer campesinos es que abordar el desarrollo rural implica primero y ante todo disponer de una sólida base de ciencia y tecnología para la agricultura de ladera o campesina lo que implica poner en cuestión a Corpoica. Segundo, es necesario partir de la realidad de que tras años de uso irracional de los suelos por todos los actores es necesario parar la depredación. Tercero, hay que poner punto final a la expansión de la frontera agropecuaria o de lo contrario sería persistir en un futuro conflicto armado. Cuarto, hay que alertar sobre la tendencia a hegemonizar el movimiento espontáneo de los campesinos y dejarlos tomar sus propias decisiones y gozar de autonomía política. Quinto, superar la pretendida oposición entre agricultura comercial, empresarial, exportadora o como se le prefiera llamar y la agricultura campesina o de ladera que es una tendencia que alumbra entre todos los asesores oficiales, entre otras cosas responsables del desmonte del política agropecuaria y del concepto de pequeña propiedad o agricultura de ladera y campesina.

CODA. El campesinado necesita un gran consejo consultivo de alto nivel teórico e intelectual que lo asesore en los planteamientos micro de la política que va a proponer, algo así, como un Wolf Ladenjinsky, el famoso asesor de la reformas agrarias más radicales que ha conocido el mundo: las de Japón, Corea del Sur y Taiwán.

Edición N° 00399 – Semana del 16 al 22 de Mayo – 2014
 
 
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