Miseria de la política… banalidad del periodismo

  Francisco Taborda Ocampo
  Abogado y consultor en Derechos Humanos
   
 

Karl Kraus, afirmó en sus famosos aforismos que lo que hace a un periodista es no tener una idea y saber cómo expresarla. Con la mediocre participación de los candidatos presidenciales en el debate transmitido el pasado jueves, podría hacerse una paráfrasis: lo que hace a un político es no tener una idea ni saber cómo expresarla.

El debate refleja las miserias de la política y la banalidad de algunos de nuestros periodistas. El primer segmento del debate se fue en las consabidas acusaciones de Santos a Uribe (perdón, a Zuluaga) y viceversa y constituyó una falta de respeto para candidatas como Clara López que pidieron descentrar la discusión del agarrón entre los dos candidatos. Fue un inicio sin dirección, sin enfoque, sin control de Rodrigo Pardo quien estaba a cargo de la conducción del debate. Hasta ahí el debate no se sabía para dónde iba y muchos temíamos que se agotara en los ataques de los dos candidatos mencionados.

El debate dio indicios de mejora a partir del segundo segmento en el que fueron apareciendo los temas que verdaderamente importan al país: minería y medio ambiente, por ejemplo. Sin embargo nunca alcanzó un punto de interés más allá del esperado morbo que suscitaban las reacciones de Zuluaga a los señalamientos de Santos.

El segmento sobre justicia y educación, dos temas muy distintos, infortunadamente mezclados en esa parte del debate,  permitió a los candidatos (excepto a Peñalosa) mostrar más sus ideas (que no sus propuestas). Peñalosa patinó. Lo único que atinó a decir fue que el país necesitaba cárceles, y ante la insistencia para que diera cuenta del otro tema (educación) repetía que el país necesitaba cárceles: esa fue toda su propuesta de justicia. Al final pudo aventurar unas cuantas ideas sobre educación y no quiero imaginar a su fórmula vicepresidencial frustrada con las respuesta de Peñalosa, quien desperdiciaba así una oportunidad única de mostrar en este tema fortalezas como las que intenta destacar su fórmula vicepresidencial Isabel Segovia.

Y las respuestas de algunos dejaron mucho que desear. La más infortunada sin duda fue la del candidato presidente cuando le preguntaron si había traicionado a Uribe y contestó que a los que había traicionado era a la corrupción, al coqueteo con el paramilitarismo… olvidando los riesgos de una respuesta tan efectista, que lo enredó.

La respuesta de Clara López sobre el tema de justicia transicional también fue por lo menos infortunada. Esa idea de una simetría entre la justicia para los militares y los guerrilleros, es una propuesta insostenible desde varios puntos de vista y a la que algunos militares han terminado resignándose a pesar del histórico rechazo de Plazas Vega a la propuesta que después de la amnistía concedida al M-19 hiciera Navarro Wolf en relación con otorgarles una amnistía igual a los militares que habían participado en la retoma. Y la singular argumentación de Peñalosa  sobre los TLC: la Alianza del Pacífico acaba con el empleo, pero el TLC con EEUU posibilita buenos empleos para los colombianos.

Grandes temas ausentes: propuestas sobre el manejo de las relaciones internacionales (algo en lo que Santos ha ido de tumbo en tumbo si se piensa en la errática respuesta a la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de la Haya en el diferendo con Nicaragua, o en la no aceptación de las medidas cautelares en el caso de Petro, o al traspiés que  sufre ahora tanto la alianza del Pacífico como el TLC con Europa debido a la declaratoria de inexequibilidad por parte de la Corte Constitucional, de los decretos que dieron vida a dichos tratados), el tema de tierras y desarrollo rural, los derechos de las víctimas en el postconflicto, entre otros.

El papel de los periodistas participantes fue lamentable. Se destacó su incapacidad de contrapreguntar, de replicar y de señalar realidades con cifras o datos a la mano. Pero se reafirmó su banalidad: el segmento final, más digno de un reality que de un debate presidencial, nos hizo añorar el estilo de James Lipton cuando con preguntas rápidas aborda a los actores invitados al inside the Actors Studio. En un espacio como ese, con actores y alumnos de cine, esas preguntas son agradables, en un debate presidencial, no añaden nada.

El debate no fue más que una jornada fofa, con reconciliación hipócrita entre Santos y Zuluaga obligada por Vicky Dávila y sin ninguna posibilidad de otorgar a uno o varios de los candidatos, mejores calificaciones. La pobreza de las ideas, la mediocridad en la argumentación y la carencia de propuestas interesantes y soportadas fue su tono característico. Tristemente votaremos tan resignadamente como expresa Ricardo Silva romero en su espléndida columna de El Tiempo, titulada “Elección”, que me permito citar:

“… puesto a elegir entre lo lamentable, prefiero a Santos porque prefiero la mediocridad de las repúblicas a la eficacia de las tiranías, porque sé llevar mejor la decepción que el horror, y desconfío tanto de la izquierda que se esconde en “el pueblo” como de la derecha que se escuda en “la patria”.

Edición N° 00400 – Semana del 23 al 29 de Mayo – 2014
 
 
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