Un voto histórico por la paz

  Héctor Alonso Moreno
  Profesor asociado – Universidad del Valle
   
 

El voto es por excelencia un método por medio del cual se toman decisiones de carácter político. En Ciencia Política se ha definido al sistema electoral como el sistema en el cual los electores expresan su voluntad política en votos que a su vez se convierten en escaños o poder público.

El voto es por lo tanto la máxima expresión del acto de soberanía de un pueblo y en consecuencia expresa la voluntad manifiesta sobre el destino que deban tener los más altos intereses de la patria en manos de sus elegidos; en tal sentido en las próximas elecciones para elegir el Presidente de la República, el voto tiene por las circunstancias especiales que vive el país de injusticia social y conflicto político armado, un doble carácter: ser a la vez, programático y pragmático.

La primera vuelta presidencial es el escenario en el cual los diferentes candidatos expresan de manera programática sus puntos de vista y sus fórmulas de gobierno con el fin de superar los grandes problemas que hoy sufren millones de colombianos víctimas del desempleo, la inseguridad y la falta de posibilidades materiales que les garanticen tener una vida digna. Esta primera vuelta fue concebida de manera multipartidista como un espacio en el cual los ciudadanos de las diversas ideologías podremos escoger la mejor propuesta entre las diferentes políticas públicas que ofrecen los partidos, movimientos políticos y grupos significativos de ciudadanos que través de sus candidatos tienen a fin de superar los grandes problemas nacionales, y de allí, en caso de que ningún candidato alcance el 50% más uno de los votos depositados, seleccionar los dos programas y candidatos mayoritarios para una segunda vuelta presidencial.

Ahora bien, la característica principal en lo que va corrido de este debate electoral, ha sido precisamente la ausencia de propuestas políticas de carácter programático. El candidato del Uribismo y el Presidente Candidato han hecho de esta primera vuelta un escenario en el cual la calumnia, la guerra sucia, el espionaje, las dadivas y las canonjías, se constituyen en el plato fuerte del día en los debates y en las manifestaciones públicas. Estos candidatos han hecho gala de un gran desprecio por los más mínimos valores del decoro y la pulcritud política como quiera que desarrollan una campaña signada por claros antivalores de una ética mafiosa del “todo vale”; no importando para nada el hecho de que sus ofensas y agravios personales son un mal ejemplo para las y los ciudadanos del país, y en particular para las jóvenes generaciones que ven con asombro el espectáculo de lo que es la verdadera anti política.

Hay que destacar en el presente debate electoral, la campaña de dos mujeres con grandes valores democráticos y con una gran propuesta programática que se ha ido perfilando como una real alternativa diferente frente al deprimente espectáculo de mutuas ofensas y de ausencia de programa de los dos candidatos mayoritarios. Clara López y Aida Avella representan no sólo una propuesta programática seria y real de país sino también el más profundo sentimiento de paz del pueblo colombiano. Ellas encarnan la dignidad de un pueblo que lleva años de sufrimiento y dolor a causa de un régimen político bipartidista excluyente y paritario que ha hecho de la patrimonialización de lo público, de la corrupción y el clientelismo, sus más preciados valores políticos.

Es por ello que votar en la primera vuelta por la izquierda democrática que encarnan Clara y Aida es votar por el programa de gobierno por el cual lucharon los campesinos, obreros y sectores intelectuales al lado del líder popular Jorge Eliecer Gaitán. Es votar contra el modelo excluyente y paritario que nos impuso la violencia y el Frente Nacional y que hoy perdura a través de la llamada Unidad Nacional. Es reivindicar la lucha democrática y la memoria de Galán, Pardo Leal, Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro. Es honrar la memoria de las miles de víctimas de este conflicto político armado, incluidas las víctimas de la Unión Patriótica y de toda la izquierda militante. Pero, ante todo, es votar por una posibilidad cierta de paz que hoy se construye en La Habana entre el Gobierno Nacional y la insurgencia armada. El programa que enarbola Clara y Aida es el programa de una paz con justicia social. Votar por Clara no es un acto de fe.

Finalmente, todo parece indicar que ninguno de los dos candidatos que hoy puntean en las encuestas logrará las mayorías, por lo tanto, sin duda alguna, habrá segunda vuelta. En esta segunda vuelta presidencial, el voto deberá ser pragmático. Será un voto por la continuidad de las negociaciones de La Habana y por la defensa de los tres puntos alcanzados en las negociaciones (tierras, participación política y narcotráfico) y será, ante todo, el primer voto que depositemos los colombianos a favor de la refrendación de los acuerdos de paz. Deberá ser un voto histórico por la paz de Colombia.

Edición N° 00400 – Semana del 23 al 29 de Mayo – 2014
 
 
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