Los matices de la segunda vuelta presidencial

  Felipe Pineda
  Publicista Politécnico Grancolombiano,
Activista social e Investigador Fundación Democracia Hoy
   
 

Pocos días después de la primera vuelta presidencial, las candidaturas de la élite tradicional y emergente sortean los restos de sus respectivos proyectos políticos de cara al futuro. Los sectores alternativos, inclinarán con su guiño implícito la balanza por el mal peor en la segunda vuelta. Los énfasis conceptuales de ambos bandos, los apoyos regionales, la política de alianzas y el dilema guerra-paz son los matices de un panorama sombrío regido por un escepticismo moral más que necesario para los electores este 15 de junio.

Los ejes de campaña: Uribe vs FARC

En una coyuntura en donde la guerra sucia ha sido capitalizada ampliamente el pasado 25 de Mayo por el candidato Zuluaga para darse a conocer ante la opinión pública, la contradicción derrotemos a Uribe vs Derrotemos a las FARC sostiene cosméticamente la discusión sobre el proceso de paz.

De un lado se encuentra la élite tradicional, cuyo bastión es el liberalismo ampliado -Unidad Nacional- y su discurso pro paz antiuribista y del otro el Uribismo duro y puro, que mira con recelo el proceso actual con la insurgencia y vende a la ciudadanía la percepción exagerada de un gobierno "Castro-chavista" que negocia la institucionalidad del país con los terroristas de las FARC.

Dicho cruce de acusaciones ha volcado el clima de opinión en contra del desgastado candidato presidente logrando que la campaña de Zuluaga-Uribe alcance sus primeros cometidos: dar a conocer a su postulante, quien aumentó su reconocimiento en la opinión pública en un 50% (del 44 al 67% entre enero y mayo de 2014) y lograr el efecto psicológico de ganar, por cualquier guarismo la primera vuelta http://alturl.com/6n5my.

El pulso en las regiones

Cimentadas en el aparato burocrático estatal y la clase política tradicional -Santos- y en el poder terrateniente hegemónico y emergente, permeado parcialmente por nexos con ciertos sectores con vínculos ilegales -Uribismo- ambas campañas han conseguido hacerse fuertes en regiones específicas. Por los lados del Santismo es notoria su ventaja electoral en la costa pacífica, los antiguos territorios nacionales y el caribe mientras que los réditos del Centro Democrático se han concentrado en la región andina, el centro del país y las principales urbes nacionales.

Es relevante destacar que en los 76 municipios donde la presencia de las FARC es continua, la propuesta reeleccionista triunfó en 58 de estos http://alturl.com/q78aj mientras en los conglomerados urbanos el centro democrático logró sacar una considerable ventaja.

Las alianzas en segunda vuelta

A expensas de cuidar ante la opinión pública de cara al futuro el carácter independiente de sus respectivas colectividades, era predecible que tanto el comité ejecutivo de Alianza Verde como el del Polo Democrático decidieran dejar en libertad a su militancia para que resuelva votar por la mejor opción, no sin antes hacer un guiño indirecto al cuartel reeleccionista en defensa de la Paz y la democracia.

A pesar de que miembros de este par de partidos ya estaban alineados en la causa de la Unidad Nacional (Iván Cepeda, Carlos Gaviria, Luis Carlos Avellaneda, Inti Asprilla, Ángela María Robledo entre otros) no se vislumbraban apoyos tácitos partidistas que pudiesen tener un efecto contrario en el elector, como le sucedió recientemente a Gustavo Petro y su prematura alianza con Santos en primera vuelta que devino en votos inesperados por Clara López. En ambos casos la posición tomada por ambas agrupaciones buscó preservar su discurso ciudadano (verdes) y Anti-stablishment (PDA) para no desdibujarse ante sus electores.

En el bando conservador, ya es un hecho que la adhesión conjunta del partido hacia una de las dos candidaturas no se consumó. La entrada de 40 de los 59 congresistas azules a la causa del candidato presidente marca la división definitiva de cara a la segunda vuelta. Por principios, es notorio que la base conservadora liderada por Martha Lucía Ramírez, ahora jefe de debate de la campaña opositora se incline por inclinarse por Oscar Iván Zuluaga.

Lo que está en juego

Para nadie es un secreto que los avances en el proceso de paz actual son significativos, por lo que la promesa de paz con condiciones, anunciada por Zuluaga después de la victoria en primera vuelta marca el derrotero de lo que realmente se juega en estas elecciones.

De un lado son manifiestos los afanes de Álvaro Uribe por lograr el triunfo y a renglón seguido presionar la promulgación de una nueva constitución, volver a la confrontación armada y expulsar de manera definitiva a la clase política tradicional del ruedo, como también son evidentes las necesidades del gran liberalismo de sellar una paz express, sin reformas de fondo para disfrutar de los réditos económicos del post-conflicto relacionados con la destinación de baldíos, la extranjerización de la tierra, los agronegocios de gran escala, los dineros internacionales del armisticio y la entrega de los recursos naturales nacionales a capital internacional.

La verdadera distinción entre las posiciones de ambos sectores se expresa en la concepción que sobre libertades individuales y democráticas tiene cada uno de ellos, ya que de consumarse la victoria Uribista, es probable que el recrudecimiento del conflicto armado convierta a jueces, magistrados, periodistas y políticos opositores nuevamente en víctimas de una persecución que revivirá indudablemente la fatídica cacería de brujas llevada a cabo desde la administración Uribe Vélez durante sus 8 años de poder.

La afugia con la que el sector tradicional del liberalismo y conservatismo está afrontando esta segunda etapa proselitista demuestra el miedo latente del antiguo bipartidismo de ser borrado del andamiaje burocrático estatal. El cerco jurídico y mediático contra Uribe y su séquito, el visto bueno, con tinte de respaldo pleno del departamento de estado norteamericano al proceso de paz y un clima favorable a nivel de relaciones con el empresariado y amplios sectores de poder son los restos que el establishment nacional deposita en la más definitiva de sus contiendas electorales en décadas.

Los sectores alternativos y la coyuntura

A pesar de no jugar de manera directa del lado de la candidatura santista, tanto Polo como Verdes incrementarán sus apoyos implícitos en pro de endosar votos sin desdibujarse ideológicamente. La adhesión de importantes políticos independientes entre los que se encuentran Antanas Mockus, Piedad Córdoba, Gustavo Petro; partidos como la ASI y movimientos como la Unión y Marcha Patriótica moverán el sufragio alternativo, concentrado principalmente en grandes ciudades en torno a un no rotundo a un tercer mandato de Uribe aportando la credibilidad ciudadana que la Unidad Nacional no posee.

La lectura que esta multiplicidad de sectores no tradicionales hace alude a como el triunfo de Santos generará las condiciones para la consolidación de una paz duradera que permita más oxigeno democrático y participación política plural, condiciones que suponen abrirán paso a un periodo de verdaderas reformas sociales y económicas, no posibles en un eventual triunfo del uribismo.

En términos generales, candidaturas como la de Clara López a la alcaldía de Bogotá en 2015 y de Sergio Fajardo, Gustavo Petro y Jorge Robledo a la presidencia en 2018 correrían suertes muy distintas dependiendo de quien resulte ganador este 15 de Junio. Aún con el recelo e incredulidad de ciertos sectores, no es apocalíptico afirmar que la consolidación y futuro de esa esquiva tercería política tan esperada depende del cruento combate Santos-Zuluaga, y ante la ausencia de la misma en esta recta final, el elector se verá abocado a escoger el mal menos peor haciendo uso de lo que David Hume solía denominar escepticismo moral en el siglo XVIII. Los matices de la segunda vuelta siguen su curso, las cartas no están del todo echadas.

pineda0ruiz / pinedaruiz@hotmail.com

Edición N° 00401 – Semana del 30 de Mayo al 5 de Junio – 2014
 
 
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