Desigualdad versus Democracia

  Mauricio Uribe López
  Profesor universitario
   
 

“El desequilibrio entre ricos y pobres –decía el historiador griego Plutarco- es la más vieja y más dañina enfermedad de toda república”. El libro del economista francés Thomas Piketty, Capital in the Twenty-First Century (El Capital en el Siglo XX)1, publicado en 2013 y traducido al inglés en 2014, hace resonar en la actualidad aquella afirmación del mundo romano del siglo I. En palabras del propio Piketty (2004, Introducción, Párrafo 2):

“Cuando la tasa de crecimiento de la rentabilidad del capital supera la tasa de crecimiento del producto y el ingreso, como sucedió en el siglo XIX, y parece muy probable que suceda de nuevo en el siglo XXI, el capitalismo genera desigualdades arbitrarias e insostenibles que socavan radicalmente los valores meritocráticos en los que se basan las sociedades democráticas.”

El libro se basa en una investigación llevada a cabo durante quince años. Piketty y sus colaboradores se sumergieron en un enorme volumen de información empírica que cubre tres siglos y más de veinte países. Su objetivo: buscar los hechos, patrones y mecanismos que ayudan a explicar las tendencias históricas de la desigualdad. Para ello, Piketty recopiló y usó dos tipos de datos: i) sobre la desigualdad en la distribución del ingreso y ii) sobre la desigualdad en la distribución de la riqueza. Los primeros los obtiene con base en información sobre impuestos sobre la renta y las cuentas nacionales, y los segundos con base en información sobre impuestos a la propiedad.

Aunque la difusión del conocimiento es una fuerza poderosa que comprime las brechas de ingreso (convergencia), otras fuerzas la contrarrestan y promueven la desigualdad (divergencia). Los principales hallazgos de la investigación tienen que ver con las segundas. En primer lugar, encuentra que durante la Edad de Oro del Capitalismo o los Trente Glorieuses (1945-1975), se redujo la participación del decil más rico en el ingreso total, pero que, desde los años ochenta, ésta ha aumentado dramáticamente. En el caso de Estados Unidos, pero también de otros países, ello tiene mucho que ver con el exagerado incremento de los ingresos de los directores ejecutivos de las corporaciones privadas. Al interior del diez por ciento, los ingresos del uno por ciento más rico crecen más rápido. Al respecto señala Piketty (Introducción, Sección 10, Párrafo 5):

“Una posible explicación de esto es que las habilidades y la productividad de esos altos directivos aumentaron súbitamente en relación con las de los demás trabajadores. Otra explicación, que me resulta más plausible y compatible con la evidencia, es que los altos ejecutivos tienen, en general, el poder de fijar su propia remuneración, en algunos casos sin límite, y en muchos casos sin relación clara con su productividad”

Sin embargo, lo que el economista francés identifica como la principal fuerza de divergencia está relacionada con el capital. Usando como indicador de la relación capital / ingreso, el número de años de ingreso nacional que se requieren para adquirir el stock de riqueza privada del país representado por la tierra, las propiedades inmobiliarias y el capital industrial y el financiero, Piketty muestra que en Europa, en 1950, ese stock representaba entre dos y tres años de ingreso nacional. En 2010, entre cuatro y seis años. Ese aumento está relacionado con el declive del crecimiento económico. En otras palabras, lo que el aumento de la relación capital / ingreso expresa es una desigualdad fundamental: que la tasa de crecimiento de la rentabilidad del capital (r)  es mayor que la tasa de crecimiento de la economía (g): r > g.

A pesar de críticas fuertes como la del geógrafo marxista David Harvey quien cuestiona la noción de capital de Piketty, recalcando que el capital no es una cosa o un conjunto de cosas sino un proceso, el planteamiento de Piketty tiene el enorme mérito de sacar la cuestión de la desigualdad de la gaveta en la que la metieron quienes se dedicaron a defender agendas minimalistas como los objetivos de desarrollo del milenio, ignorando las nocivas consecuencias de las exageradas desigualdades y la necesidad de agendas redistributivas.

Amparados en la falsa expectativa creada por la curva de Kuznets, muchos “hacedores de política” han aplazado y embolatado las reformas redistributivas con el argumento de que, a la larga, el crecimiento económico es la marea que levanta todos los botes. Desde hace varias décadas el crecimiento en buena parte del mundo no sólo está en declive sino que es compatible con el exagerado aumento de las grandes fortunas, y el desempleo y la desprotección social.

Piketty, plantea que la mejor forma de contener las fuerzas que promueven la desigualdad es mediante la tributación progresiva. Ese mensaje es muy pertinente para el caso colombiano en el que coinciden una abyecta desigualdad y bajos niveles de tributación efectiva por cuenta de las innumerables e injustificadas exenciones. En la década de los noventa, Jorge Arturo Bernal Medina, notable promotor de la lucha contra la desigualdad y quien fuera director de Viva la Ciudadanía y de la Corporación Región, lideró el planteamiento de una agenda redistributiva para Colombia. Es hora de retomar esas propuestas en lugar de continuar por el camino minimalista de las políticas asistenciales. Una democracia no puede aguantar tanta desigualdad.

Referencia
Piketty, T. (2014). Capital in the Twenty-First Century. Cambridge, London: The Belknap Press of Harvard University Press. [Kindle Version, Amazon.com]

Edición N° 00401 – Semana del 30 de Mayo al 5 de Junio – 2014

1 Este comentario no es una reseña del libro de Piketty. Es apenas una impresión preliminar basada en una revisión de su introducción y en el reconocimiento de la importancia que tiene, para nosotros en Colombia, estudiar con detenimiento esta obra que ya parece haber empezado a convertirse en referencia obligada en los debates contemporáneos sobre la desigualdad.

 
 
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