El proceso de diálogos y negociaciones
con las FARC y la campaña presidencial

  Luis Eduardo Celis
  Analista en temas de conflicto armado y construcción de paz
   
 

Estamos en la recta final del debate presidencial y el tema central es la resolución o continuidad de este conflicto de medio siglo, las posturas están claras aunque las posibilidades de matización son igualmente importantes en un asunto que compete de manera central la viabilidad de Colombia como nación que se proyecte en los temas de desarrollo, la democracia y la convivencia o siga anclada en formas criminales y antidemocráticas de gestionar el ejercicio del poder.

Por supuesto que el presidente Juan Manuel Santos, traicionó los postulados y apuestas del Uribismo que estuvo ocho años a pie juntillas con la derrota de las FARC, que negó y sigue negando que lo que se vive en Colombia sea un conflicto armado, el cual interpreta y valora como un asunto de terrorismo y narcotráfico, que puso a Colombia en pelea con sus vecinos de Venezuela y Ecuador; aislado políticamente de la región que se negó a reconocer los derechos de las víctimas y a formular una Ley que diera piso a una política pública de envergadura, todo esto fue reformulado por el presidente Juan Manuel Santos, que en cada uno de estos aspectos tomó un rumbo diferente: reconoció la existencia de un conflicto armado, recompuso las relaciones con Ecuador y Venezuela y ganó un nuevo espacio en UNASUR, presentó, defendió y proyectó una política para el reconocimiento de los derechos de las víctimas, sustentada en una Ley y para rematar la traición, abrió una negociación con las FARC.

Hoy, cuando se ve cercano un acuerdo con las FARC para poner fin a un alzamiento armado de medio siglo, las fuerzas políticas que se oponen a la modernización del campo, la reorganización del mundo rural, centrado en la ineficiencia del latifundio ganadero y la concentración de la tierra, la ampliación de la democracia con garantías y el reconocimiento de responsabilidades en esta larga barbarie, sacan sus argumentos, evadiendo, decir de manera abierta que no están de acuerdo con nada de lo anterior y “escabulléndose” bajo “cortinas de humo”, sacan a relucir que no quieren una paz con impunidad, tema que no está definido y donde el gobierno Santos, ha sido claro hasta la saciedad: “Esta paz se hará, reconociendo y garantizando los derechos de las víctimas”, tema que se discute actualmente en la mesa de La Habana y sobre el cual no hay determinaciones, dejando éste argumento sin piso en la medida que no hay nada acordado al respecto, por supuesto habrá que encontrar un aceptable equilibrio entre justicia y paz.

El segundo argumento del Uribismo para oponerse a la negociación en curso con las FARC, es que quieren una negociación sin participación política de la dirigencia de las FARC, tema difícil que por supuesto está ligado a las responsabilidades frente a graves crímenes –tema no resuelto-, pero cerrar absolutamente la posibilidad de que miembros de las FARC puedan proyectarse al liderazgo político, sin armas y con garantías, que deben tener todos los ciudadanos, ciudadanas y movimientos políticos es un contrasentido, cuando un proceso de superación de una acción armada tiene como corazón las posibilidades de que quienes hacían política con armas, ahora la desarrollen con argumentos y propuestas, buscando el apoyo popular y ciudadano, de eso se trata.

Luego de cincuenta años, hemos logrado en los últimos dieciocho meses que en una mesa de diálogos y negociaciones entre el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las FARC, se avance en identidades para empujar con muchos otros y otras reformas en los temas que dieron aliento al levantamiento armado: las exclusiones e inequidades en el mundo rural y la estrechez y recurso a la violencia para sacar competidores políticos, estas son las raíces del conflicto armado y sobre las cuales hay acuerdos en La Mesa de La Habana, e igualmente hay acuerdos frente al tema de cultivos ilícitos y narcotráfico que ha sido el combustible para una máquina de guerra, tanto de las guerrillas como justificación estatal para acopiar recursos y apoyo de los Estados Unidos.

Colombia va a decidir entre continuar con una paz negociada y con reformas o continuar en un desangre y un nuevo ciclo de guerra que se va a definir con terrorismo, ése es el reto sobre el cual tenemos que optar.

Por esto, por creer firmemente en una paz negociada, con reformas y ampliación de la democracia, mi voto es por el presidente Juan Manuel Santos.

Posdata: en la Guajira, sigue gobernando una red política que con apoyo ciudadano no puede negar sus vínculos con ilegales, tema a superar que va más allá de la justicia, siendo esta central. Igualmente hay enormes retos para una política civilista y verdaderamente democrática.

Edición N° 00402 – Semana del 6 al 12 de Junio – 2014
 
 
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