La batalla de votos en el Caribe

  Álvaro González Uribe
  Abogado y columnista – @alvarogonzalezu
   
 

¿Qué tanto es mito la forma de hacer política en el Caribe colombiano? En el interior del país se tiene la percepción de que la política en esta región es una actividad en la que históricamente pululan la compra de votos, la mermelada en su máxima expresión, las maquinarias y el clientelismo.

Y sin duda, es una percepción que no es lejana a la realidad, pero es una realidad que, por un lado, no es hoy tan generalizada como se cree, y, por otro lado, tampoco es que sea muy diferente a lo que sucede en otras regiones del país.

Sobre que no es tan generalizada, aunque de una manera más lenta que en el resto de Colombia, en la región Caribe poco a poco y en algunas de sus capitales ha ido entrando el voto de opinión. Y no es nuevo: Barranquilla, por ejemplo, fue la primera ciudad en romper la tradición de ese voto amarrado cuando eligió como su primer alcalde popular al padre Bernardo Hoyos. Haya sucedido lo que haya sucedido con este personaje luego, ese hecho político marcó un inicio en la región: sí era posible romper las maquinarias, sí era posible que alguien llegara al poder sin la compra de votos, sí era posible el voto de opinión.

Luego se han dado otros casos esporádicos, pero cada vez más recurrentes, entre los cuales es de destacar el triunfo en las pasadas elecciones para alcaldes de Marcelo Torres en Magangué, la tierra nada más y nada menos en donde la Gata forjó su imperio. Dadas sus débiles condiciones logísticas frente a sus contrincantes, lo de Torres también se trató de un hito que debe abrir caminos hacia una democracia más transparente y plena en la región. Sin embargo, aunque ello es característico del voto de opinión en todas partes (la llamada franja, veleidosa), el de la región Caribe tiene un más alto contenido de desespero, casi siempre coyuntural y apasionado, y tiende a dormirse en la hamaca de la abstención por décadas o hasta más tiempo.

Sobre la forma mañosa -por decir lo menos- de hacer política en el Caribe, se trata de una práctica que es propia de toda Colombia, sin que suene a mal de muchos consuelo de tontos, porque no es interés de esta columna defender ni menos atacar la región. Nadie puede negar que también históricamente y por desgracia abundan la mermelada, la compra de votos y el clientelismo cachacos. En Colombia el tamal pertenece al menú nacional tanto gastronómico como electoral. Lo que sí es cierto es que en el Caribe son mayores ese tipo de males y, sobre todo, se presentan de una manera más abierta, si se quiere descarada dirán algunos o más franca dirán otros, algo propio de la cultura caribe, donde casi todas las cosas se hacen de forma más desabrochada, con mayor desparpajo. No hay ruana para tapar pecados.

Para estas elecciones presidenciales, todo el mundo sabe que en la región Caribe en la primera vuelta hubo una gran abstención, según varios analistas debida a que los caciques políticos no se movieron. Sin embargo, aunque quizá de gran peso, esta causa no fue la única, es simplista y hasta irrespetuosa con los ciudadanos. Problemas graves en algunas ciudades y municipios han hecho crecer una apatía justificada, tales como varias decepciones electorales de los últimos tiempos y también problemas latentes que tienen a la gente desesperada, como es el caso de la falta de agua en Santa Marta. En la isla de Tierrabomba en Cartagena esa abstención localizada fue una realidad en la primera vuelta que todo el país conoció.

Aunque en menor medida si se compara con fechas anteriores lo cual es también de analizar, en las elecciones parlamentarias de marzo se vio algún movimiento tanto previo a los comicios como el mismo día. Pero la quietud y apatía fue muchísimo más palpable para la primera vuelta presidencial. La Costa no salió a votar dijeron algunos titulares, que, aunque exagerados, no estaban faltos de razón.

Sea porque los caciques no se movieron debido a que no les aceitaron la maquinaria, sea porque la gente no ve cercanos a los candidatos presidenciales, sea por las mencionadas decepciones localizadas, las cifras no mienten sobre la realidad de la abstención presidencial en el Caribe. Por eso, además de Bogotá, las principales expectativas para inclinar la balanza en la segunda y definitiva vuelta están puestas en esta región, donde sin duda todos esperaban más votación en la primera vuelta, en especial el candidato presidente, tanto por tradición liberal, como porque obtuvo mayor fuerza parlamentaria.

Pero hay que tener cuidado en este análisis: esa abstención no fue solo de los posibles votos de Juan Manuel Santos, también hay una no despreciable historia de votos uribistas que no salió a depositar su voto en esa primera vuelta. Tan es así, que en estas tres semanas entre la primera y segunda vuelta ambos candidatos cambiaron sus estrategias en la costa Caribe, y se volcaron de diferentes formas a la conquista del voto abstencionista de la región que suponen suyo pero aperezado, o que es baldío pero con pretensiones de atraerlo.

Recapitulemos cuatro conclusiones. Primera: en la región Caribe gran parte de la política es una empresa; una manera de vivir, pese a que ello ha ido cambiando positivamente. Segunda: eso sucede en todo el país, pero en la región Caribe es un hecho mayor, y, sobre todo, se realiza y acepta de una manera más abierta, menos disfrazada. Tercera: el voto de opinión, a su manera, poco a poco está entrando en la costa Caribe. Cuarta: en los puestos de votación y en general en las calles y vías, en las dos elecciones que se han realizado este año se vio muy poco movimiento sobre todo en la primera vuelta presidencial, teniendo en cuenta que la costumbre han sido ríos de gente, propaganda, vehículos y bullaranga.

El hecho es que durante las tres semanas entre la primera y la segunda vuelta presidencial, al menos en lugares públicos, en la calle, no se vio el movimiento acostumbrado por parte de ninguna de las campañas. No se incrementaron los carros decorados, ni los carteles ni la repartición de volantes y hubo muy pocas camisetas. En pocas palabras: este año 2014 en las elecciones parlamentarias el movimiento y ambiente electoral que se veía en las calles de ciudades y pueblos fue menor, disminuyó aún más en la primera vuelta presidencial, y ha sido casi nulo en las tres semanas entre la primera y segunda vuelta. En la región Caribe cerca de dos meses antes de cualquier elección ha sido costumbre que se note inmediatamente el cambio en el medio, en las conversaciones, en la prensa, que se llene el ambiente de elecciones, lo cual no ha sucedido este año.

Todo esto hace pensar que las campañas -ambas- durante las últimas tres semanas se movieron (porque no hay duda de ello) pero a puerta cerrada. ¿Qué se dijo, se prometió o se pactó en esas reuniones cerradas? Los resultados de las elecciones dirán algo, pero no todo. La parte subterránea de nuestra política sigue siendo inmensa, legal o ilegal pero de grandes proporciones, lo cual es perverso e insano porque democracia y transparencia deben ser gemelas inseparables. Lo que se hace tras las puertas, bajo las mesas o en la oscuridad generalmente no es bueno.

Sin embargo, esas estrategias ocultas o semiocultas (no por ello se puede afirmar que ilegales porque no hay pruebas hasta ahora) fueron desarrolladas por ambas campañas; quietas no se quedaron. De todas maneras, infortunadamente está cantado que quien pierda la batalla en la región Caribe no demorará en acusar a la otra campaña de esas prácticas irregulares de las cuales siempre se ha hablado y que todos conocen son ciertas, aunque hoy en las proporciones y estado que expresé antes. Son casi una cultura perversa que tiene a la región sumida en el atraso. Ganará y perderá un candidato, pero, como siempre, la población costeña será la gran y verdadera perdedora.

Edición N° 00403 – Semana del 13 al 19 de Junio – 2014
 
 
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