Reelección de Juan Manuel Santos:
balance desde el Eje Cafetero

  Óscar Arango Gaviria
  Profesor Universidad Tecnológica de Pereira, Coordinador Proyectos regionales SUEJE
   
 

La elección presidencial en el Eje Cafetero (Caldas, Quindío, Risaralda) confirmó pronósticos, generó un nuevo mapa político y configuró diversos retos y responsabilidades con el proceso de paz y la democracia colombiana.

El antecedente de las elecciones parlamentarias

El punto de partida más reciente para comprender la dinámica de la primera y la segunda vuelta presidencial lo representa el resultado de las elecciones de Congreso realizadas en marzo de 2104.

En su primera aparición con listas propias el Centro Democrático obtuvo el 14%, 9% y 9% en la elección para Cámara de Representantes en Caldas, Quindío y Risaralda respectivamente.

La lista cerrada que a nombre del Centro Democrático encabezó para Senado el expresidente Álvaro Uribe se alzó con el 9%, 18% y 16% de los votos en esos mismos departamentos.

Caldas

El partido Liberal consiguió, en cabeza de Mario Castaño, una de las cinco curules a la Cámara y fragmentó de tal manera su votación al senado que terminó sin curul en esta corporación.

En Caldas la división conservadora corrió por cuenta de los hermanos Omar y Arturo Yepes, presidente del partido el uno, y representante el otro. El primero se había sumado a la coalición de Martha Lucía Ramírez con OIZ. El segundo, actuando en rebeldía, se integró a la campaña de JMS. Adicionalmente, el reelegido senador Luis Emilio Sierra también estuvo al lado de la campaña de JMS.

Por su parte, el reelecto senador por el partido de la U Mauricio Lizcano, no solamente había obtenido su curul con una importante votación, sino que al lado del también reelecto representante (y en esta coyuntura presidente de la corporación) Hernán Penagos cumplieron un rol de primera línea en las dos vueltas de la campaña presidencial de JMS.

En Caldas, el Centro Democrático consiguió la votación necesaria para sumar un senador (el ex diputado Carlos Felipe Mejía, con un aporte de 68 mil votos a la lista cerrada) y un Representante a la Cámara (Hugo González, ex alcalde de Marquetalia, con 52 mil sufragios).

Quindío

En este departamento, de manera sorprendente y con el indiscutido apoyo de la gobernadora, Cambio Radical sumó 40 mil votos y terminó alzándose con dos de las tres representaciones a la Cámara. Obtuvieron curul por primera vez Atilano Giraldo y Jorge Parra. La tercera quedó en manos de Luciano Girsales, del partido Liberal que colocó 23 mil sufragios.

Aunque ningún dirigente de origen quindiano resultó elegido para el Senado, fueron públicos los acuerdos de Cambio Radical, respaldados desde la gobernación, para aportar la votación a las aspiraciones de Germán Varón, quien efectivamente obtuvo su propósito.

Los electores quindianos le aportaron 38 mil votos a la lista de Senado del Centro Democrático y 20 mil a la lista de Cámara.

Risaralda

En Risaralda repitió curul el senador Samy Mehreg quien volvió a inscribirse por el partido Conservador. Al momento de escribir estas notas el actual senador por el partido de la U, Carlos Soto continuaba esperando que el Consejo Nacional Electoral le confirmara si había conseguido su reelección. La senadora por el PDA Gloria Ramírez no inscribió su candidatura.

En las elecciones de Congreso el Centro Democrático tuvo una salida acorde con sus expectativas: le aportó 54 mil sufragios a la lista de Senado y su lista para Cámara consiguió 31 mil votos.

Aunque dividido, o quizás aprovechando con habilidad la división, el partido Conservador en Risaralda eligió dos representantes a la Cámara (Mauricio Salazar, quien adquirió su franquicia o aval a pesar de la oposición del directorio departamental, y Juan Carlos Rivera, dirigente santarrosano. Ambos llegan por primera vez a la Cámara). En este departamento repitieron curul el liberal Diego Patiño y el dirigente de la U, Didier Burgos.

UNIR, el grupo político del gobernador de Risaralda, había suscrito un acuerdo con Cambio Radical para apoyar un candidato a la Cámara y si bien tuvo una importante votación (31 mil sufragios), no fue suficiente para pasar el umbral.

En resumen, la organización política liderada por el expresidente Uribe obtuvo 102 mil votos para sus listas de Cámara en estos tres departamentos y 160 mil para su lista de Senado. Estas dos cifras representaron su punto de partida para apuntalar la campaña presidencial.

En el Eje Cafetero el MIRA tuvo 43 mil votos en la lista de Senado, cifra que muy probablemente permitió incrementar el resultado final de OIZ dado que públicamente hicieron oficial su decisión de participar de dicha campaña.

Las listas del PDA y de la Alianza Verde tuvieron en el Eje Cafetero un precario desempeño. Para Senado la votación del PDA no alcanzó el 4% (el senador Jorge Robledo consiguió la mayoría de sus votos por fuera de estos tres departamentos) y para Cámara apenas bordeó el 3%. Por su parte, la Alianza Verde, con esfuerzo, se acercó al 2% para ambas cámaras.

Resultados en primera y segunda vuelta presidencial

Entre mayo 25 y junio 15 aparecieron 115 mil votos nuevos en el Eje Cafetero. Prácticamente todos estos electores se inclinaron por una de las dos campañas, pues los votos nulos, en blanco y las tarjetas no marcadas no tuvieron cambios significativos.

La abstención electoral osciló en estos tres departamentos entre el 52% para Cámara y el 48% para la segunda vuelta presidencial. No muy lejos de los promedios nacionales.

Al reelecto senador por el PDA Jorge Robledo, formado políticamente en Caldas, no le favorecieron los resultados de su convocatoria a votar en blanco porque, en su opinión, las dos candidaturas presidenciales “representaban lo mismo”. En el Eje Cafetero, en vez de aumentar este grupo de electores disminuyó y pasó de 54 mil a 52 mil ciudadanos entre la primera y la segunda vuelta. Una desobediencia grave políticamente para las futuras aspiraciones del senador.

En la primera vuelta, OIZ sumó el apoyo de 295 mil ciudadanos, mientras que 173 mil respaldaron la aspiración de JMS, es decir, una diferencia de 122 mil votos. El 15 de mayo, en segunda vuelta, los resultados fueron respectivamente 541 mil sufragios por OIZ y 379 mil por JMS. Esto significa que, proporcionalmente, las diferencias disminuyeron pues mientras el 25 de mayo por cada voto depositado por JMS, OIZ consiguió 1.7 votos. Esta proporción bajó a 1.4 en la segunda vuelta.

Desagregando por departamentos la información es claro que, incluso en Caldas, donde OIZ ganó en todos los municipios, las distancias proporcionales pasaron de 2.2 a 2. En el Quindío JMS tuvo el mejor desempeño relativo: allí las cifras fueron 1.2 y 1.1 respectivamente. Por su parte, en Risaralda las diferencias se acortaron de 1.5 a 1.2.

Todo indica que no se presentó un endoso de votantes a ninguna de las dos candidaturas y que, por el contrario, hubo desplazamientos a una y otra campaña por parte de quienes habían respaldado a Martha Lucia Ramírez, Clara López y Enrique Peñalosa.

Debe recordarse que los 113 mil votos que recibió Clara López en el Eje Cafetero están lejos de los 32 ml sufragios que había contabilizado la lista de Senado por el PDA. Es de presumir que el respaldo público que esta dirigente le ofreció a la campaña por la paz haya inclinado buena parte de sus nuevos electores hacia JMA.

En el caso de la Alianza Verde, mientras su lista a Senado sumó 19 mil votos, Enrique Peñalosa recibió 76 mil respaldos. El silencio político de Peñalosa para la segunda vuelta permite argumentar que una cuota importante de los electores independientes que lo acompañaron en su aspiración en la primera vuelta se sintió en libertad para sumarse a la campaña de OIZ.

De cualquier manera, los 190 mil votos conseguidos por Clara López y por Enrique Peñalosa, representan una cifra sin antecedentes en el Eje Cafetero y confirman la existencia de un grupo de electores independientes que deben ser considerados para los proyectos políticos propios del postconflicto.

En el caso de la candidata del partido Conservador, en el Eje Cafetero logró acumular el apoyo de 156 mil ciudadanos. De los cuales 70 mil fueron de Risaralda, 54 mil de Caldas y 32 mil del Quindío. La adhesión de Martha Lucia Ramírez a la campaña de OIZ hace presumir que mayoritariamente sus electores siguieron su orientación. No obstante, en Caldas el representante Arturo Yepes y el senador Luis Emilio Sierra, y en Risaralda el diputado Hugo Armando Arango y algunos concejales se apartaron de esa orientación para permanecer en la campaña de JMS.

Tanto por la composición política de los congresistas del Eje Cafetero, como de la mayoría de los concejos y asambleas, y del control de las gobernaciones y alcaldías cualquier observador presumiría que con esa correlación de fuerzas en el papel la campaña del candidato Presidente tenía todo a su favor para imponerse.

Por no fue así y además de las explicaciones precedentes debe reconocerse que jugaron otros factores. Algunos subrayan la deslealtad partidista de ciertos líderes, en particular del partido de la U. Fue un rumor a voces que varios de ellos no mostraron compromiso alguno y que, por el contrario, buscaron favorecer la aspiración de OIZ. En Risaralda, por ejemplo, la esposa y el hijo del senador Carlos Soto militaron públicamente con la campaña del Centro Democrático. El Espectador (14/06/14) consideró que, discretamente, los alcaldes de Pereira y Manizales estaban en la campaña del Centro Democrático. Se habla de dirigentes que están con Álvaro Uribe de convicción, pero se muestran al lado de JMS por sus intereses particulares de momento.

También se argumenta que entre la dirigencia regional de los partidos de la Unidad Nacional el tema central de la campaña (la defensa de las negociaciones de paz) no se asumió con la certeza necesaria y se actuó como si se tratara de una campaña tradicional. Sólo en la última semana aparecieron tímidas cuñas radiales de los parlamentarios defendiendo la paz como un bien supremo.

Desafíos inmediatos

En diversos escenarios se ha hecho notar que el alto desempeño político-electoral del Centro Democrático está asociado a diferentes factores entre los cuales se destacan dos: el primero, en 2002 y 2006 en su primera y segunda campaña presidencial Álvaro Uribe consiguió mayorías indiscutidas en estos tres departamentos. En 2010, la primera elección de JMS, en nombre del partido de la U, se asumió que, en el fondo, el amplio triunfo sobre Antanas Mockus debía asignarse a Álvaro Uribe.

El segundo factor se relaciona con el candidato Oscar Iván Zuluaga, un dirigente originario de Pensilvania –Caldas. Esta circunstancia, como sucede frecuentemente, fue aprovechada con habilidad para promover la idea de que no votar por él sería traicionar los intereses de la región.

No obstante, en la fase final de la campaña aparecieron actores y dinámicas que contrarrestaron lo que pudo ser un resultado mucho mejor en beneficio de la candidatura de OIZ. El primero de ellos se refiere a la presencia del expresidente César Gaviria –también oriundo de esta región, como líder, con plenos poderes, de la campaña de JMS. Como jefe de debate cumplió con éxito las delicadas tareas de reorientar la estrategia de una campaña que hizo agua en la primera vuelta; mantener agrupadas todas las fuerzas; atraer nuevos y determinantes aliados, y colocar efectivos contrapesos a la oposición del expresidente y senador Álvaro Uribe manteniendo una clara argumentación frente a las negociaciones de paz.

Acuerdos suprapartidistas como los obtenidos con la Asamblea Constituyente en 1991 prueban que en Colombia sí existen alternativas políticas para avanzar por los caminos de la convivencia pacífica. Con lo sucedido en esta campaña presidencial se ha dado un paso adelante en unas elecciones que terminarán abonando el nuevo terreno de la democracia colombiana, pero no todo está dicho y los riesgos están a la vista.

En consecuencia, conviene valorar y proyectar lo sucedido. Nunca como en esta campaña la izquierda, la social democracia y los independientes, sumados a la dirigencia social y las minorías étnicas, fueron determinantes. En una decisión sin antecedentes la Unión Patriótica, el Movimiento Progresista, el movimiento Visionarios, la gran mayoría del Polo Democrático Alternativo y de la Alianza Verde optaron por contribuir al triunfo de JMS. Reconocer que las negociaciones de paz constituían un imperativo moral, como lo sostuvo Clara López, le sirvió de argumento a estas organizaciones para respaldar públicamente dicha candidatura.

Aunque no resultaba fácil para los electores de izquierda e independientes votar la reelección de un gobierno que criticaron a lo largo de cuatro años, los resultados de esta elección sugieren que finalmente optaron por apoyar la campaña de JMS quizás por temor a un regreso de una visión intolerante y unanimista de la política, y el respaldo al proceso de La Habana.

Tal como lo indicó Pedro Santana (Caja de Herramientas 14/06/14), es igualmente razonable defender la importancia que para el cierre exitoso de la campaña de JMS tuvo el reciente anuncio de dos hechos importantes para el futuro de las negociaciones de paz. Por una parte, la noticia de abocar en la mesa el tema de las víctimas para garantizar sus derechos “sin intercambiar impunidades”. Por la otra, el inicio de las negociaciones con el ELN.

Aunque la victoria de JMS despeja muchas dudas y alimenta las esperanzas democráticas del país, no es realista esperar que, concluida la campaña, a partir de hoy llegará la tranquilidad y la armonía. Seguramente el Centro Democrático, con el liderazgo del senador Uribe, buscará generar tanta oposición como le sea posible y el país debe prepararse para la actuación de esta fuerza política, dentro y fuera del Congreso.

Le elección de JMS producirá importantes realineamientos en el mapa político nacional y creará favorables condiciones para el reto que significará, una vez firmado el acuerdo final de La Habana con las FARC –y probablemente con el ELN, de convocar una consulta popular para refrendar lo acordado.

Conseguir que la política de paz y la negociación del conflicto se asuman como una política de Estado, y se blinden contra los intentos de las fuerzas políticas que hacen de la guerra su fortín, implica dar continuidad, pero trascender, los acuerdos electorales abriendo el camino a la propuesta en marcha de un Frente Amplio por la Paz. Este sería un paso importante para la madurez de esa denominada "franja independiente" donde además de fuerzas de izquierda, están sectores del centro de la política nacional, indispensables unos y otros para las complejas tareas del cierre del conflicto armado y el inicio del postconflicto.

Dejar abierta la puerta para que exista representación ministerial en manos de la izquierda, debe ser un primer paso en los nuevos arreglos políticos. Esta sería una importante oportunidad para que, efectivamente, con la firma y el respaldo ciudadano a las negociaciones de paz el país le pruebe a la comunidad internacional que ha iniciado el postconflicto por el camino de la democracia y que, desde la oposición legal, se puede efectivamente acceder al gobierno.

La dirigencia regional de las organizaciones de izquierda y de la Alianza Verde debe respaldar la necesidad de participar del gobierno nacional, que es lo coherente y lo moderno para quienes contribuyeron con la campaña presidencial en pro de la paz. Atrás debe quedar aquella lectura en donde gobernar desde un Ministerio es sinónimo de corrupción o de sacrificio de los principios del partido representado. Que se escuche la voz de las regiones, los desafíos inmediatos son de tal magnitud que ameritan eventos nacionales de cada partido u organización política. Las decisiones no deben ser solo de las cúpulas.

No de otra forma podría entenderse la experiencias de muchos países en donde la Concertación (en Chile) el Frente Amplio (en Uruguay) o casos similares ha enfrentado con relativo éxito las arremetidas de la extrema derecha y han tenido gabinetes ministeriales representativos de diferentes partidos y movimientos.

Los retos del país en esta coyuntura ahora se concentrarán en le refrendación de los acuerdos de paz y en este campo no todo está asegurado. Conformar un equipo de gobierno incluyente evitaría que se dispersen las prioridades políticas y enviaría un importante mensaje a la comunidad internacional de la responsabilidad con la que se está asumiendo la tarea política para cerrar el conflicto interno armado y asumir como es debido los complejos compromisos del post conflicto.

Por el peso específico que en el Eje Cafetero tiene el Centro Democrático y sus aliados, en esta región será necesario redoblar esfuerzo de pedagogía política para llenar de argumentos a la mayoría población –y ya no solo la que votó por JMS, para que respalde en las urnas la consulta popular que refrende, cuando sea el momento, los acuerdos con las FARC y el ELN.

Adicionalmente, más allá de los acuerdos de paz, todas las organizaciones que participaron  en la reelección del Presidente deben tramitar nuevos acuerdos, esta vez dirigidos a conseguir las mayorías políticas necesarias para aprobar las reformas en los campos de la educación, la justicia, la salud, el desarrollo rural y la institucionalidad político electoral.

Agregado

Por lo pronto que la selección nacional de fútbol nos siga dando satisfacciones. No sé cuántos votos podrán explicarse por su triunfo el 14 de junio, pero estoy seguro que fueron muchos.

Edición N° 00404 – Semana del 20 al 26 de Junio – 2014
 
 
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