Los retos económicos en medio de la fragilidad

  Jaime Alberto Rendón Acevedo
  Centro de Estudios en Desarrollo y Territorio, Universidad de La Salle
   
 

“No hay momento más oscuro que justo cuando va a amanecer”. Pasado este fuerte proceso electoral, cuando el país quedó absolutamente dividido y golpeado, lo claro es que los mandatos de los electores fueron primero por una apuesta a la negociación política del conflicto, segundo por la equidad, la justicia y el progreso económico, pero tercero, el país también le traza al proceso unas responsabilidades concretas y un ultimátum. La responsabilidad histórica del Gobierno y de las FARC pueden conducir al país por los senderos de la reconciliación o, esperemos que no, por una guerra frontal.

Y aquí radica precisamente la fragilidad. Este es un proceso que ha quedado bajo el manto de una extrema vulnerabilidad, el 45% del país, paradójicamente, le hizo apuestas a mantener una actitud de fuerza y confrontación, un sector liderado por el Senador Álvaro Uribe que de manera irresponsable con el país mantiene una actitud agresiva, pero que convoca, seduce a buena parte de la población e incluso de la institucionalidad y de las fuerzas armadas. Un sector que está esperando el error en La Habana para marcar la diferencia; que estará esperando un error militar sea del Ejército o de las FARC para responsabilizar al Gobierno, un sector que con su actitud puede incluso provocar a grupos de la extrema derecha o con intereses marcados en la continuidad de la guerra para que atenten ellos mismos contra el proceso.

Pero bueno, a esta fragilidad deberemos responder todos los sectores que pensamos que el camino está marcado y sobre el debemos confluir para diseñar y construir un país distinto. En ese sendero, necesariamente la economía juega un papel fundamental, en una nación signada por la inequidad, la pobreza y la informalidad. Algunas ideas frente a los temas que deben convertirse en prioridades podrían sintetizarse en los siguientes puntos:

1. Resignificar el agro, el mundo rural. Los paros de los campesinos, los embates al campo producto de los malos manejos internos y de la política de comercio exterior, pero también varias décadas de guerra y despojo deberán hacer volcar al país a favor de los campesinos, de las comunidades afros, de los indígenas, en fin de todos aquellos que habitan el mundo de los rural y que es allí donde deben tener una alternativa clara de presente y futuro.

Esto obviamente deberá trascender a una mera política sectorial, se requerirá que se avance en la Ley de tierras, en la Ley para el desarrollo rural; y en estos aspectos las comunidades tienen un papel fundamental, la consulta previa es un potente mecanismo de la democracia y no puede convertirse en artífice del congelamiento de las propuestas. En esto los campesinos han dado ejemplo y se debe de utilizar este mecanismo como una alternativa de búsqueda de los consensos necesarios para la aprobación de normas y obras.

También es necesario que se adelanten proyectos de financiamiento a la actividad productiva, infraestructuras, acompañamiento técnico productivo, incentivos fiscales y protección gubernamental, así como programas concretos de mejoramiento a la calidad de vida de los y las  habitantes del campo.

2. Una apuesta decidida por la política industrial. Será muy importante recuperar la institucionalidad para la industria, de esta manera un nuevo ministerio podría abrir el camino a escenarios interesantes de definición de estrategias para promover la producción industrial. Pero no se trata de un ministerio para la gran industria, este país deberá tomarse en serio las propuestas que hoy se tienen sobre la micro, pequeña y mediana industria, que representan el 99% de las unidades productivas en el país.

Así mismo, la política industrial deberá estar acompañada de estrategias de competitividad, esto es de infraestructura en cuanto a vías, aeropuertos, puertos y ferrocarriles. También de una política cambiaria que abandone la perspectiva de la neutralidad y se convierta en un instrumento clave para la industria.

El país también tendrá que priorizar los tipos de producción que espera realizar tanto para fortalecer los mercados internos como para llegar a los mercados mundiales; es decir, saber cómo las va a potenciar y marcar las características regionales para ellas, posibilitando que las empresas, que la producción industrial impacte en el territorio donde se realiza, contribuyendo al buen vivir de las poblaciones en donde tiene asiento.

3. Redefinir las políticas de comercio exterior y con ella los acuerdos de integración. La sensatez con la que se ha asumido el debate frente al tratado con Corea, las perspectivas que emergen desde la región, las nuevas correlaciones de fuerzas en el panorama mundial producto de la persistente crisis, hacen que la política exterior deba de ir acompañada de decisiones frente a generar relaciones de mayor cooperación entre los países, partiendo de la Región y posibilitando que los procesos políticos hoy existentes (Unasur) confluyan a acuerdos de índole económica. Esto implicará trabajar en procura de la eliminación de asimetrías con los países con los que se han firmado tratados.

4. Políticas virtuosas en educación, ciencia y tecnología. La disminución de la inequidad dependerá de una política educativa que no solo sea incluyente sino que también sea pertinente a las distintas condiciones regionales y territoriales. Las reformas en marcha deberán garantizar cobertura y calidad, pero también coherencia y pertinencia con una nación diversa. Esto implicará, además, una política decisiva de ciencia y tecnología, capaz de disminuir las brechas de innovación de Colombia frente a otros países, pero también, al interior del país, entre las distintas unidades de producción. El Ministerio de Educación y Colciencias tendrán que reformarse para constituirse en los estandartes de procesos de innovación, como ya ha sucedido con otros países de la Región.

5. Sobre minería e hidrocarburos. Es claro que no somos una economía extractivista. Esto es importante en el PIB pero tampoco da para pensar que nuestra acumulación de capital depende de esto. La minería existente deberá conciliarse, como lo han estado presionando las mismas comunidades, con el cuidado del medio ambiente y de los recursos naturales. A la par con esto, la explotación de hidrocarburos deberá pensarse y realizarse a partir de los intereses nacionales y regionales, en zonas que empiezan a experimentar fuertes presiones demográficas, como la Orinoquía, cuando el país aún no tiene claro el papel de esta región en el proyecto de nación. Esto necesariamente eliminando no solo la informalidad sino las mafias existentes que hacen de estas explotaciones negocios muy rentables a costa de la estabilidad de las regiones y sus territorios.

6. Empleo decente como propósito colectivo. El empleo formal deberá mantenerse como una prioridad en el período que comienza. Son innegables los esfuerzos realizados pero de su profundidad y de la formalidad dependerán otros aspectos importantes del Buen Vivir, como lo son los sistemas de seguridad social (salud y pensiones), que necesariamente tendrán que seguir avanzando con calidad hacia la universalidad. En esto vale la pena recordar los compromisos adquiridos en el TLC con los estados Unidos frente a la protección de los derechos laborales y las garantías sindicales.

7. Coherencia tributaria. Los últimos años han sido nefastos en el tema de la inequidad tributaria. Las exenciones al gran capital, sumadas a la evasiones, han presionado la tributación a trabajadores y pequeños empresarios, aspectos que profundizan la injusticia redistributiva existente en el país. La industria manufacturera requiere de tributaciones diferenciadas y el gran capital que disfruta de prebendas deberá, de alguna forma, responderle al país por los esfuerzos que se hacen al socializarles el riesgo de su producción, y esto solo se hace a través de generación de empleos decentes y/o trasferencia tecnológica.

8. Justicia redistributiva. La inequidad es injusticia y para disminuirla no es con políticas de libre mercado que generan más y más marginados producto de la concentración de la riqueza; se tratará de profundizar las políticas de vivienda, accesos a propiedad, salud, pensiones, educación de calidad. Los avances que se han venido realizando en reducción de pobreza tendrán necesariamente que profundizarse para que puedan revertir el proceso de acumulación y concentración.

No se trata en esta columna de ser exhaustivo, si de colocar algunos temas, entre otros posibles, sobre los cuales se deberá trabajar para posibilitar crecimientos virtuosos y un desarrollo tal que le garantice a los territorios y a las personas tener un espacio propio para su dignidad y Buen Vivir. La paz va más allá de La Habana, y pasa necesariamente por la justicia económica, para que todos y todas podamos empezar a ser libres política y económicamente.

Edición N° 00404 – Semana del 20 al 26 de Junio – 2014
 
 
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