Todas las sombras del voto europeo

  Rossana Rossanda
  Miembro del Consejo Editorial de SinPermiso – Tomado de www.sinpermiso.com
   
 

El desplazamiento a la derecha del Parlamento Europeo ha anulado de hecho el espacio político para la candidatura de Tsipras a dirigir la Comisión de la UE. Mientras que en Italia ha fracasado el objetivo de la Lista Tsipras de utilizar la campaña electoral como espacio de trabajo para intentar una reunificación de todos los fragmentos de las izquierdas radicales.

Mi juicio negativo sobre el resultado de las elecciones europeas ha suscitado una serie de corteses contestaciones que me obligan a reflexionar y precisar. Poco generosa ha parecido sobre todo mi crítica a la gestión de la Lista Tsipras, que ha movilizado a muchas fuerzas paralizadas desde hace tiempo o nuevas hasta lograr superar la barrera del 4 %, bien que entre el silencio que le opusieron todos los medios.

Sin embargo, mantengo un juicio borroso. El primer objetivo que se había propuesto la Lista era desarrollar algún papel en la elección del presidente de la Comisión Europea; para esto se precisaba un éxito político bastante amplio, cosechado en diversos países, trabajo que no ha empezado siquiera. Fuera de  Grecia y de Italia, las fuerzas de las izquierdas radicales han seguido presentándose cada una con sus propias siglas, comprometiendo simplemente a que sus representantes elegidos voten por Alexis Tsipras como presidente cuando llegue el momento. Además, la previsión de un cuerpo a cuerpo entre Juncker y Schulz se ha desvanecido por el avance de las fuerzas de centroderecha y de extrema derecha en todo el Parlamento, y estamos ya en una interpretación diferente de los tratados, porque el Parlamento europeo quiere ser no sólo elector (con mayoría cualificada) sino el organismo que proponga a los elegibles, mientras que Alemania exige que sea éste el Consejo de los estados europeos.

Y aquí aparece mi convicción, desarrollada tras las elecciones a las que concurrimos como Manifesto en 1972, sin obtener ningún escaño y desperdiciando cerca de 600.000 votos: resulta útil participar en las elecciones en un sistema representativo sólo después de haber calculado bien las fuerzas en juego. La izquierda partía de la premisa de que el candidato del centroderecha, Juncker, sería superado por el socialista, pero Schultz ha caído por el desplazamiento a la derecha del Parlamento Europeo. El espacio político para la candidatura de Tsipras a dirigir la Comisión Europea ha quedado así anulado. En el frente italiano, el segundo objetivo que se proponía la Lista Tsipras consistía en utilizar la campaña electoral como espacio de trabajo para reconstruir en torno a una Syriza nuestra una unificación de los fragmentos de las izquierdas radicales. Este segundo objetivo habría presupuesto una discusión, responsable pero abierta, de los mayores puntos de consenso y disenso en el archipiélago a la izquierda del PD, pero esto ni siquiera se ha intentado, y se ha juzgado peligrosa toda discusión, con vistas a recoger votos. Con lo cual, concluidas las elecciones el cuadro, italiano permanece igual que antes. Obstaculizado además por el clima difundido por los grillinos, para los que la Lista Tsipras debía estar indemne de cualquier residuo de vieja política, incluidos los muchísimos concejales, también los de municipios minúsculos. Con el resultado de que se ha desperdiciado un gran depósito de experiencias a las que es dífícil acusar de que formen parte de la famosa  “clase política privilegiada y separada de la gente”. Y no hablemos ya de la orientación de los dirigentes más conocidos de substraerse explícitamente a unas elecciónes para las que pedían el voto, una opción debida al escrúpulo de derribar a cualquiera sospechoso de moverse sólo en su beneficio – salvo cambiar después de idea con el voto ya emitido - dando al elector la enésima prueba de que no cuenta nada.

A los “acuerdos amplios” que están al caer en el parlamento di Bruselas se opondrán también los Verdes europeos, pero no se ven todavía intentos de convergencia entre ellos y la izquierda.

Mantengo también el rechazo a considerar a Matteo Renzi un candidato de izquierdas. La izquierda no se mide si no es por los contenidos y en el método.   Nada tienen que ver con la izquierda la propensión del joven secretario del PD a ser el único hombre al mando junto a sus fieles ni el mérito de sus propuestas, siempre perentorias. Así sucede con la relativa a disponer rápidamente de una ley electoral, teniendo dificultades para aprobar el Italicum [proyecto de ley electoral], y enfrentándose también a las indicaciones del Tribunal Constitucional, así pasa con las reformas del mercado de trabajo delineadas en la Jobs Act, que liquidan desde un principio el contrato de duración indefinida en un mar de precariado, repetible más veces, así sucede con la intención de hacer pasar la formación del Senado de la electividad a la designación por parte de las mayorías regionales. “Todo y rápido”, declara Renzi, “yo me la juego”, pero no por casualidad lo que él propone queda sin realizar en los tiempos previstos, puesto que implica de hecho modificaciones del espíritu y la letra de la Constitución. No es poca la confusión, que terminará reforzando la desconfianza hacia la política, no menos que el curioso argumento de “no estoy de acuerdo con Renzi, pero esperemos que no fracase en sus intentos, porque no hay alternativa”.

Así, el “triunfo” pregonado en Italia por fuerzas que se autodefinen de izquierda no ha tenido efecto alguno sobre equilibrios europeos, ha reforzado si acaso la importancia alemana y la de la OTAN. Dejando sin resolver todos los problemas de qué clase de Europa deberíamos haber conseguido: hoy por hoy no se ve de qué modo invertir la opción de la austeridad, por más que no sólo haga sufrir los países de la Europa del Sur. Las únicas voces que moderadamente se le oponen son, precisamente, las de una Syriza fuerte en Grecia, pero aislada, y, no sin ambigüedad, las del gobernador del BCE, Draghi.

Y no hablemos de las irresponsables nostalgias de guerra fría, bajo dirección norteamericana, alemana y polaca, que surgen del nudo ucraniano, precisamente en los días en los que se conmemora el desembarco de Normandía.

Edición N° 00404 – Semana del 20 al 26 de Junio – 2014
 
 
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