¿La hora de las víctimas?

  Antonio Madariaga
  Director Ejecutivo Corporación Viva la Ciudadanía
   
 

Se desarrolló el pasado 10 y 11 de Julio, el Segundo Foro Regional de Víctimas del Conflicto Armado, organizado por el Centro de Pensamiento de la Universidad Nacional y el PNUD, en desarrollo del acuerdo suscrito en La Habana entre el Gobierno Nacional y las FARC. Como se recordará este Foro forma parte de una serie de cuatro, (el primero se desarrolló en Villavicencio, el segundo en Barrancabermeja, en el momento que escribimos este texto se está desarrollando el de Barranquilla y los próximos 3,4 y 5 se desarrollará el Foro de Cali.

En Barrancabermeja, como antes en Villavo y como probablemente sucederá en los otros foros se produce un debate sobre la representatividad que tiene aspectos cualitativos y cuantitativos que si bien no están totalmente separados comportan  elementos distintos. En lo que tiene que ver con lo cuantitativo es inevitable que una participación restringida en número, son aproximadamente 500 asistentes por foro regional y 1.200 en el foro nacional, deje por fuera a una importante cantidad de víctimas. Según la Unidad de Víctimas1 con corte al primero de julio se han registrado efectivamente, 6.657.985 víctimas del conflicto armado, es decir, en el mejor de los casos participarán en el conjunto de los foros cerca de 2.000 víctimas lo que frente al universo de victimas mencionado es una cifra bastante pequeña.

Si tomamos como criterio las víctimas organizadas, sobre lo que solo hay estimativos y no estadísticas confiables, estarían, según quien haga el estimativo, en un rango entre 300.000 y 500.000 víctimas que pueden representar núcleos familiares de 4 personas, lo que nos daría cifras entre 1.2 y 2.0 millones de víctimas que tienen representación. Por lo anterior e independientemente de la buena voluntad y del esfuerzo organizativo del PNUD y de la Nacional habrá grupos de víctimas, sectores de víctimas y víctimas diversas que no podrán estar en los foros y que razonablemente se sienten excluidas de una discusión en las que ellas deben ser protagonistas.

Más crítica aun será la situación de las delegaciones a La Habana, asunto al que nos referiremos al final y que según el comunicado conjunto del 17 de julio, serán grupos de 12 víctimas en los 5 ciclos, lo que comporta un número de 60 personas.

Este hecho y lo cualitativo que reseñaremos más adelante explican parcialmente los distintos descontentos que se han expresado sobre los foros y las presiones de distintos sectores para que se amplíe el número de participantes y que se realicen, como se realizó en Barrancabermeja reuniones paralelas, no necesariamente alternas, de grupos significativos de víctimas, cerca de 200 en el caso de Barrancabermeja, que buscan la forma de visibilizarse ellas, sus necesidades y propuestas. Creemos que esto debe tomarse como un buen indicador de lo que se ha avanzado en la constitución de las víctimas como sujetos sociales y políticos y lo que debe buscarse, como se hizo en Barranca, son mecanismos de confluencia de los distintos esfuerzos.

En lo cualitativo, señalamos dos problemas de naturaleza distinta. El primero de ellos hace referencia a la trayectoria y a la construcción política, social y organizativa de las diversas organizaciones de víctimas. En efecto, en Barrancabermeja esto fue evidente. La diferencia en el desarrollo político y discursivo de las victimas además de lo individual es evidente entre las personas que son o se consideran víctimas de las FARC, (algunos familiares de miembros de la fuerza pública que se hicieron presentes consideran que por definición sus familiares son víctimas del conflicto armado), y las victimas de paramilitares o de agentes del Estado. Quienes se consideran víctimas de las FARC, salvo un grupo relativamente pequeño, perteneciente a estratos altos de la población, no han hecho el recorrido político, social y organizativo que han hecho las otras víctimas, ni en intensidad ni en tiempos, ni son números siquiera parecidos. Para muestra un botón. La Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos - ASFADDES, fue creada a inicios de la década del 80, mientras que una de las más conocidas la Fundación País Libre solo fue creada en los inicios de los años 90. A su vez Fundagan, tal vez una de las organizaciones más activas en su reivindicación de ser víctimas de las FARC y, que agrupa a las víctimas del gremio ganadero tiene en su página web2 el registro de 3.293 víctimas. Es decir, las diferencias cuantitativas y el recorrido social, político y organizativo generan importantes asimetrías entre los grupos de víctimas.

Esa asimetría, sin embargo, no debe ocultar el importante avance que para la causa de las víctimas en primer lugar y para la perspectiva de paz en Colombia, significa el encuentro de las víctimas de diferentes hechos victimizantes y de diferentes victimarios, como se dio en Barranca.

El otro aspecto es la decisión de un sector de la sociedad, agrupado principalmente alrededor del liderazgo del expresidente Uribe que aparte de considerar que el proceso de negociación en La Habana es indeseable, el punto de las víctimas  debe ser la ocasión para realizar un juicio político y social a las FARC, amén de las acciones judiciales y que por lo tanto las víctimas de las FARC deben tener un trato preferente y no se deben juntar con las otras víctimas. Su oposición a las FARC y a la posibilidad de la salida negociada al conflicto, convierten la agenda de la Habana en campo de confrontación.

Estos conflictos se hacen aún mayores cuando se considera la limitadísima posibilidad de participar en las delegaciones que viajarán a La Habana si se tiene en cuenta que como decíamos antes serán cinco delegaciones de 12 personas. Menudo compromiso el que adquirieron los organizadores. Allí todavía habrá que trabajar el sentido de la visita a la mesa de diálogo, pero sobre todo diferenciar entre las políticas públicas que pueden y deben ser discutidas en la lógica de los principios 2 y 3 acordados en La Habana y aquellas que forman parte de una agenda de mayor trascendencia en el tiempo.

Si bien estas asimetrías y posturas políticas distintas resultan legítimas e inevitables en el estado actual de la confrontación, son retos y desafíos que debemos abordar y que en el Estado de Derecho tienen un nombre: políticas públicas que satisfagan adecuadamente los derechos a la verdad, la justicia y la reparación de todas, subrayamos, todas las víctimas.

La otra tarea requerirá, como lo decíamos con respecto a la agenda de la transición, un gran esfuerzo de la sociedad civil hacia la construcción de paz. “Ese paso sólo será posible con una combinación de tiempo y voluntad política. Requiere por parte de la sociedad civil la capacidad de reconocer los obstáculos para el cambio y de trabajo para superarlos, también requiere de la sociedad el aumento de su capacidad reivindicativa, y a la vez de su capacidad de diálogo. Necesariamente deberá incluir la promoción de nuevos valores y reaprendizaje de otros referidos a la tolerancia, el respeto y la participación, la construcción de consensos sin pérdida de autonomía de las organizaciones sociales. Es decir, de lo que se trata es de un profundo cambio cultural, sobre la base de una pedagogía de paz.

Otra de las tareas de la sociedad civil, en esa misma lógica, es combatir las mitologías en favor de la guerra. Esta es una tarea difícil, porque hay un sector de la sociedad, un 30%, cifra muy importante, que todavía considera la guerra y la solución militar a la misma, posible y deseable, en primer lugar, y en segundo lugar porque inclusive quienes tienen la voluntad de construir otra sociedad han interiorizado la guerra y han establecido mecanismos que les permiten sobrevivir en un mundo construido como campo de batalla”3.

Edición N° 00408 – Semana del 18 al 24 de Julio – 2014

1 Consultado julio 18 de 2014 en http://www.unidadvictimas.gov.co/

2 http://www.fundagan.org.co/site/raiz/fundaganseccionprogramaddhh.html

3 Madariaga, Antonio, La paz y las agendas, Bogotá, 2014

 
 
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