El “partido del pueblo” exige dirección y audacia

  Fernando Dorado
  Activista social
   
 

Las fuerzas democráticas fueron determinantes en la elección del presidente Santos. Actuaron como el “Partido del Pueblo”. Es la expresión profunda de una conciencia popular y nacional en desarrollo y construcción. Ese partido, constituido por gentes con actitud independiente, alternativa, progresista y/o de izquierda va más allá de los partidos y movimientos constituidos. Actúa a veces siguiendo las orientaciones de sus principales líderes pero también desconoce sus decisiones cuando estas son erradas o confusas.

Ese “Partido del Pueblo” votó por verdes, progresistas, polistas, liberales demócratas, upecistas, movimientos étnicos y otros, en las elecciones parlamentarias de marzo de 2014. Luego, apoyó decididamente a Clara López y Aída Abella en la 1ª vuelta presidencial y finalmente respaldó la re-elección de Juan Manuel Santos, pensando en la Paz y en el rechazo radical al candidato de Uribe. El “Partido del Pueblo” se expresó con coherencia y continuidad.

Esas fuerzas democráticas han mostrado vocación democrática en los últimos años. Se ha ido acumulando una masa crítica que representa lo más avanzado y consciente de la sociedad colombiana. Dicha población va a ser decisiva para resolver – a favor del pueblo y de la Nación – el desenlace del conflicto armado. Falta que la dirigencia democrática sea capaz de potenciar su fuerza y constituirse en un movimiento unificado y organizado.

Siguiendo ese trasegar, lo más cualificado del movimiento democrático se ha organizado en un Frente Amplio por la Paz y da sus primeros pasos para “configurar una gran fuerza política que acumule los esfuerzos de las organizaciones, movimientos y partidos políticos de izquierda, independientes y progresistas para disputar el poder político y aportar a la construcción de la paz con justicia social”1.

En forma correcta se ha contextualizado el nuevo Frente respecto del momento político. Se caracteriza como la sumatoria de fuerzas alternativas, progresistas y de Izquierda. Se definió su Plataforma de Lucha inmediata y se trazó un plan de acción. De manera precisa se afirma que “El respaldo al presidente Santos en las urnas no se puede confundir con la adhesión a su concepto de Paz. Por el contrario existen diferencias de enfoque y de contenido, lo que obliga a las fuerzas de izquierda a buscar una mejor correlación de fuerzas en vías de lograr una verdadera Paz, estable y duradera, fundamentada en reformas y aperturas democráticas de la vida social, económica, cultural y política”2.

Estos pasos iniciales en la construcción de una organización unificada que le dé concreción al Partido del Pueblo deben acelerarse al máximo. Las fuerzas democráticas se enfrentan a dos bloques oligárquicos que tienen planes contrarios a los intereses populares y nacionales. Esas fuerzas oligárquicas tienen la ventaja de tener el poder económico y político, tienen estructura, saben para donde van y mantienen la iniciativa. Santos, al frente de la burguesía transnacionalizada y Uribe a la cabeza del latifundismo reaccionario.

El “bloque santista” aspira a colocar el proceso de Paz al servicio de la profundización del modelo neoliberal, como ya lo viene haciendo. Pretende cooptar a una parte de las fuerzas democráticas como base fundamental para sustentar falsas y limitadas reformas de la institucionalidad democrática burguesa, de la política agraria y de drogas de uso ilícito, para impulsar planes, programas y proyectos focalizados a zonas de colonización en donde ha persistido el conflicto armado, pero sin tocar para nada la estructura neoliberal del régimen capitalista.

El “bloque uribista” – alentado por los resultados electorales que ni ellos mismos se lo esperaban –, no está a la defensiva. Tiene la enorme ventaja de contar con una dirección fuertemente centralizada y aspira a que el gobierno y la guerrilla continúen cometiendo los mismos errores que le permitieron crecer políticamente al uribismo3. Ahora esos errores los pretenden canalizar hacia dos tareas centrales: fortalecer los grupos paramilitares especialmente en zonas de conflicto como el Cauca, Nariño, Valle, Guajira, Norte de Santander, etc., y derrotar a las fuerzas de la Paz a la hora de refrendar los acuerdos.

Cada bloque oligárquico ya tiene preparados sus proyectos de ley sobre reforma política y electoral, judicial, tributaria, educación y salud. Tanto Santos como Uribe tienen definidas sus estrategias y movimientos tácticos, han identificado sus prioridades y pretenden colocar a las fuerzas democráticas a su servicio. El uribismo ya aprendió a encauzar para sí los esfuerzos de un sector de la oposición de izquierda (MOIR-Dignidades) y el santismo aspira a que quienes lo apoyaron electoralmente se muestren condescendientes con su propuesta neoliberal – sin ir más allá –, por temor al chantaje de la guerra.

El gran reto para el “Partido del Pueblo” es no caer en la sumisión de la “democracia” ante el liberalismo. Ya Santos lanzó su jugada de nombrar a Ernesto Samper como Secretario General de UNASUR. Seguramente nombrará a algún “independiente”, “alternativo”, “progresista” o “de Izquierda” en el gabinete, y lo hará no porque vaya a cambiar su rumbo neoliberal sino para utilizar nuevos “angelinos” o “luchos”. Es su apuesta.

Y eso Santos lo puede hacer porque el Movimiento Democrático o el “Partido del Pueblo” peca todavía de timidez, vacilación, inseguridad y falta de audacia política. Caemos todavía en una serie de confusiones que nos impiden actuar como “bloque democrático” y por ahora, actuamos para nosotros mismos, nos refugiamos en nuestras propias fuerzas y no nos arriesgamos. Entre esas confusiones podríamos señalar las siguientes:

1. Creer que proponer cambios estructurales a Santos y a la Nación, es apoyarlo. 2. Pensar que exigirle participación de alto nivel en su gobierno, es plegársele. 3. Considerar que tratar de concretar nuestras propuestas – así sean parciales – siendo parte de un gobierno neoliberal, nos desfigura como alternativa.

Para poder avanzar el “Partido del Pueblo” – ahora representado por el Frente Amplio por la Paz – debe construir nuevos paradigmas, nuevas miradas, arriesgadas actitudes y visión de Estado, ganas de liderar a la Nación y llegarle al conjunto del pueblo, rompiendo con viejos esquemas y superando tradicionales temores.

Para hacerlo debemos clarificar aspectos como los siguientes:

1. No es lo mismo presentar nuestras propuestas a toda la sociedad que hacerlo retando al contradictor político que nosotros escojamos. La acción política es proponer y obligar al contrario a reaccionar. Desenmascarar a Santos con nuestras propuestas es la tarea central, a la vez que se invisibiliza y se neutraliza al uribismo. Se llama, tomar la iniciativa.

2. Si Santos no acepta es problema de él. Nuestras propuestas quedarán posicionadas como alternativa real en los ojos y en la mente de la Nación y el Pueblo. Significa, ponernos al frente.

Lo anterior parte de entender que hoy se ha impuesto a nivel mundial un régimen neoliberal global por encima de los Estados nacionales. Todos los gobiernos (incluyendo los de Maduro, Correa, Evo, Castro, Ortega, etc.) lo que hacen es desarrollar aspectos parciales de una política social y "nacional" que se juega a diario entre la cooptación neoliberal y la acumulación de fuerzas, lo que implica construir "desde abajo" cambios post-capitalistas: Democracia Directa como expresión de poder popular; "nuevas economías" solidarias que se desconecten del control financiarizado; nuevos desarrollos culturales que ataquen el concepto de “progreso” y logren enfrentar el consumismo fetichista; y otros.

Es por ello que todo depende – no tanto de los gobiernos y de los ejercicios en los parlamentos burgueses – sino que, tanto el proceso de Paz como la democratización del país, se van a lograr por efecto de la acción revolucionaria que se realice desde las bases sociales, lo que exige la más amplia unidad de las fuerzas que hacen parte del Movimiento Democrático y una máxima claridad en nuestra estrategia. Ese es el reto.

Edición N° 00408 – Semana del 18 al 24 de Julio – 2014

1 El Frente Amplio por la Paz, contexto, carácter, plataforma y tareas: http://alainet.org/active/75472&lang=es

2 Ídem., documento citado.

3 Los errores que ha cometido el gobierno y la guerrilla son básicamente los siguientes: El gobierno: generar expectativas de Paz inmediata, colocándole plazos y fechas a los diálogos y acuerdos; mantener un Ministro de Defensa (de guerra) uribista lo que no permite la depuración de las fuerzas armadas y liquidar las Bacrim; banalizar e identificar la terminación del conflicto con la conquista de la Paz. La guerrilla: No asimilar interiormente su derrota política fruto de haberse dejado degradar en medio del conflicto; creerse más víctimas que victimarios; pensar que todavía pueden representar políticamente al conjunto del pueblo; mantener formas de lucha que afectan a la población civil y a la naturaleza; trasladar mecánicamente formas de dirección política vertical y autoritaria propias de la guerra a la dinámica de la organización y movilización social.

 
 
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