Loco Carvalho

  Mauricio Castaño H.
  Historiador – http://colombiakritica.blogspot.com/
   
 

Sus años suman sesenta y siete. Lo apodan Loco Carvalho, un vulgar hombre de campo. Tiene fama de pendenciero en su vecindario. El ocho de marzo del año 2014, al insulto de hijueputas le siguió un disparo de revólver que se incrustó en el rostro de Robinson Álvarez Quemba de 39 años de edad, un funcionario que cumplía labores de gobierno en restitución de tierras. Los dos insuficientes policías no lograron detener lo que cuatros días después fue asesinato. De su captura se dice que justificó su accionar porque temía lo iban a matar. El arma homicida sin salvo conducto, que todo guerrerista sabe llevar, fue aquel revólver marca Smith & Wesson, calibre 38L, con seis cartuchos en el tambor, 14 más calibre 38L y tres calibre 16. También se sabe de su escopeta que cualquier hombre de campo guarda para defenderse de alguna fiera animal que ronda sus campos. (Estas descripciones cobran importancia en los próximos párrafos).

La versión policial se inclina a lo de loco, intolerante y agresivo con sus vecinos. “Es un hecho infortunado, pero en las investigaciones preliminares se ha determinado que este hecho no tuvo nada que ver con la profesión o con la actividad de restitución de tierras…”, asevera el coronel Chavarro. Sabido es que el homicida, atacó desde un matorral a su víctima que hacía labores de topógrafo. En el sigilo y en el revólver con sus varios cartuchos, se devela una premeditación de un ser que calcula sus acciones, propias de hombres duros esculpidos por esa cultura del hacha y del machete, que llevan en su alma para abrir monte y cercarlo con agresivos alambres de púas para diferenciar bien lo mío de lo tuyo. Recordemos que en la historia se le llamaba loco a aquel otro racional que iba en contravía de las lógicas establecidas. Pero en nuestro personaje referido, el apelativo enmascara una sociedad que quiere suavizar un ejercicio de violencia criminal.

Un hombre no es sólo un hombre, el profesa la sociedad que le ha tocado vivir y el territorio que confecciona. La escena del crimen es la vereda Guacas en el Municipio de San Roque, en el Departamento de Antioquia. Allí se asienta la gran empresa Gramalote, filial de Anglo Gold, y éstas a su vez hacen parte de Black Rock, la compañía de inversiones más grande del mundo, es el gran poder del dinero, y la solidaridad y el amor, le son ajenos. Colombia, como en otros territorios del planeta, donde estas empresas operan, reciben la maldición de la muerte, ejecutada por escuadrones que protegen sus intereses. (Este párrafo iba ser el comienzo de este escrito).

Somos la suma de todos los hombres, tejemos la cultura en la que vivimos, y la nuestra está trenzada con los hilos de la muerte del gran capital y del marketing televisivo que manipulan gustos. Un asesinato es una manera de evacuar un malestar. Robinson prosigue en la vida de otros. Con la muerte también se da vida. Persistimos en la familia extendida que somos. Es el milagro de la donación de órganos.

Edición N° 00408 – Semana del 18 al 24 de Julio – 2014
 
 
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