¿Cómo ganar la iniciativa?

  Fernando Dorado
  Activista social
   
 

La clave en política es ganar la iniciativa. No se necesita ser mayoría para tener la iniciativa. Sólo se requiere claridad. Hay que tener un programa, conocer la situación del  contrario o contrarios, y administrar las fuerzas acumuladas con sabiduría. Nada más.

En los últimos 80 años las fuerzas democráticas en Colombia han logrado ganar la iniciativa en dos momentos especiales. La primera fue liderada por Jorge Eliécer Gaitán en los años 30s y 40s del siglo XX. La segunda fue iniciada por Jaime Bateman y continuada por Jaime Pardo Leal y la UP en la década de los años 80s. Ambos procesos fueron ahogados en sangre por parte de la oligarquía pero las fuerzas democráticas también cometieron graves errores. Se trata ahora de superar esas experiencias y triunfar.

En el primer caso se avanzó sobre el auge del movimiento democrático-liberal que derrotó la hegemonía conservadora en 1930. En el segundo momento se aprovechó el movimiento nacionalista que se expresó en 1970 con la elección del general Gustavo Rojas Pinilla como presidente de la República, resultado que fue desconocido por las clases dominantes mediante el fraude electoral. En ambas situaciones surgieron los dirigentes que lograron interpretar el momento pero faltó organización para garantizar la continuidad y el triunfo.

En el primer semestre de 2014 las fuerzas democráticas tenían todo a su favor para tomar la iniciativa. Veníamos de un despertar del movimiento popular que se inició en el año 2008. La lucha estudiantil en 2011, la derrota de la reforma a la justicia en 2012, los paros agrarios y mineros en 2013, la resistencia a los mega-proyectos minero-energéticos y la lucha contra la ley 100 de salud, y el apoyo al gobierno de Gustavo Petro en contra de la arbitrariedad del Procurador Ordoñez, fueron las principales manifestaciones de ese despertar.

A pesar de los errores y graves falencias mostradas por los dirigentes y partidos que representan el “movimiento democrático” que llevaron a la dispersión de fuerzas y a permitir que dos representantes de la oligarquía se disputaran la Presidencia de la República en la 2ª vuelta en junio 15 de 2014, el acumulado logrado en esa etapa consiguió que ese movimiento se expresara con cierta independencia y autonomía votando por Santos contra Uribe. Esas fuerzas democráticas – hay que reiterarlo – fueron determinantes en esa re-elección.

El problema consiste ahora en ser conscientes – absolutamente conscientes – del momento político y de las fuerzas en juego. En términos relativos – contando los resultados electorales – el panorama es el siguiente: La fuerza mayoritaria es el uribismo con 6’900.000 votos, le sigue el santismo con aproximadamente 4’800.000 y el movimiento democrático con 3’000.000. En ese movimiento democrático se deben contar los votos independientes, alternativos, progresistas, liberales demócratas y de izquierda.

La ventaja para el movimiento democrático es que sus votos son los más conscientes y limpios de todo el conjunto del electorado. Además, con una correcta estrategia puede conectarse con cierta facilidad con las fuerzas más avanzadas del voto en blanco y de la abstención, que están allí a la expectativa. Para hacerlo hay que ganar la iniciativa política.

¿Qué fue lo que hicieron Jorge Eliécer Gaitán y Jaime Bateman para ganar la iniciativa? ¿Dónde está el quid del asunto?

Ambos se colocaron al frente de la sociedad y no sólo de sus propias fuerzas. Ellos se dirigían a toda la población y confiaban en ella. Gaitán no temía estar dentro del partido liberal ni ser parte de gobiernos oligárquicos como el de López Pumarejo y Eduardo Santos (en ambos fue ministro, en el primero de educación y en el segundo de trabajo). Bateman no tuvo ningún complejo y planteó el Diálogo Nacional, retando a todo el establecimiento, proponiéndoles trabajar unidos por un mejor país, por su transformación democrática.

Así consiguieron tomar la iniciativa. Lograron ser los referentes principales de sus respectivos momentos políticos. Se conectaron con las mayorías populares y pusieron el ritmo. Fueron capaces de mostrarse como real alternativa a los partidos tradicionales y la Nación estuvo pendiente de sus actuaciones. Mostraron capacidad de ser gobierno y de ofrecer soluciones para los principales problemas de la sociedad colombiana.

Ahora el movimiento democrático tiene tres alternativas: ser parte de la oposición al gobierno de Santos – al lado del uribismo –, ponerse a la cola del gobierno santista o ganar la iniciativa política.

La primera ya está sobre el tapete. En entrevista con María Isabel Rueda en El Tiempo (http://bit.ly/1kLO1hy), el senador del Polo-Moir Jorge Enrique Robledo plantea con toda claridad su posición frente al nuevo gobierno de Santos, que es sólo la ratificación de lo decidido por el Comité Ejecutivo de su partido la semana anterior a la 2ª vuelta: oposición total al gobierno de Santos. El aspecto principal que determina esa actitud es que es un gobierno neoliberal, de derecha, oligárquico y pro-imperial. Para Robledo, y en eso tiene parte de razón, el tema de la Paz es un engaño, una trampa, un juego marcado y macabro para engañar al pueblo.

La segunda posición la expresan las fuerzas y dirigentes del movimiento democrático que aspiran a subirse al carro del gobierno para “gestionar la Paz” pero sin preocuparse por acceder a niveles decisorios (ministerios) ni por llegar en forma unificada y con un programa propio de amplia cobertura. Aspiran a gestionar programas parciales y limitados para la fase del llamado “post-conflicto” llegando a cargos menores o por medio de ONG. Es el camino de la cooptación y la entrega. Algunos lo harán de frente, otros de manera camuflada.

La tercera posición está representada por el Frente Amplio por la Paz en construcción. Sin embargo, para ganar la iniciativa política las fuerzas políticas que lo conforman deberán impulsar Convergencias que vayan más allá de las fuerzas de izquierda. Si el Frente Amplio por la Paz se reduce a actuar sólo en el campo de la izquierda, no podrá tomar la iniciativa.

Se necesita ampliar esa coalición. Hay que involucrar a todos los sectores políticos que dicen “luchar por la Paz”. Hay que meterle pueblo a los procesos de convergencia para generar un gran Movimiento por la Paz y la Democracia. Se debe convocar sin distinción a senadores y representantes, gobernadores y alcaldes, concejales y diputados, movimientos y organizaciones sociales, a todas las fuerzas vivas de las regiones y localidades, para ir construyendo desde ya la Paz que todos necesitamos. Hay que construir Convergencias por la Paz en todos los municipios y departamentos. Preparar con consistencia y mucha apertura las propuestas de las regiones y localidades para el llamado “post-conflicto”.

En esa tarea el movimiento democrático tiene propuestas elaboradas. Hay que abrirle la agalla a la gente. Debemos unificarnos en torno a un Modelo de Desarrollo que tome como base a la gran mayoría de la población que son, por un lado, los pequeños y medianos productores y comerciantes, y por el otro, los trabajadores asalariados. Hay que hacerlo con una visión incluyente y pensando en grande. Incluso a los uribistas de las regiones y localidades debemos abrirles las puertas porque la Paz tenemos que hacerla con todo el mundo. Desde abajo y desde arriba, desde lo social, político, económico, cultural, institucional, étnico, agrario, etc. Todos deben ser convocados a transformar a Colombia. Es ahora o nunca.

Es claro que el movimiento democrático – como un conjunto – no va a ser parte del Gobierno. No se presionó y se dejó a Santos con las manos libres. Sin embargo, el movimiento democrático representado por el Frente Amplio por la Paz puede ser la cabeza de un gran movimiento por la paz y la democracia que jalone a todas las fuerzas democráticas del país. Pero, tendrá que hacerlo convocando a todo el mundo, sin temor a “contaminarse”, derrotando el “purismo” y el síndrome de ser eterna oposición. Ese es el reto.

Para hacerlo necesitamos una nueva actitud dentro de la llamada izquierda. Algunas de sus características se pueden sintetizar así:

  • Ser crítica y realista pero a la vez optimista
  • Tener principios pero ser flexible y pluralista
  • Ser muy aterrizada y práctica pero manteniendo grandes ideales
  • Ser disciplinada pero alentar la iniciativa y la creatividad
  • Ser trabajadora pero llena de alegría
  • Señalar con insistencia los errores y las fallas pero proponer soluciones concretas
  • Impulsar el nacionalismo popular pero ser profundamente internacionalista
  • Valorar y explotar la experiencia pero alimentarse de espíritu juvenil
  • Combinar las reivindicaciones económicas y sociales con trabajo cultural e ideológico
  • Tener visión estratégica pero materializarla en táctica concreta
  • Promover el debate democrático sin caer en el consenso oportunista
  • Luchar contra el caudillismo sin desconocer el papel de los líderes
  • Crear equipos pero delegar responsabilidades individuales
  • No excluir a nadie. Integrar, animar, promover y unificar al movimiento popular
Edición N° 00409 – Semana del 25 al 31 de Julio – 2014
 
 
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